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La mujer del César

por 14 octubre 2010

¿Tiene que ver esta medida de entregar a los Casinos todo el lucro de las tragamonedas, con la amistad de algún dignatario del actual Gobierno con los grandes empresarios del juego?

Leo con estupor la propuesta del Gobierno de eliminar las máquinas tragamonedas de los pequeños almacenes y asignar por ley todos los beneficios económicos de esta industria sólo a los casinos de juego.

Aducen problemas de seguridad ciudadana, de ilegalidad, de ludopatía. Como si estas alteraciones sociales fuesen únicas de los tragamonedas.

¿Qué pasa con los almacenes de barrio? ¿por qué permanentemente los asaltan y son víctimas de delincuentes, el Gobierno va a proponer una ley que los prohíba y que entregue todo el negocio sólo a los grandes supermercados? ¿por qué hay violencia en el fútbol vamos a prohibirlo, cerrar los estadios y entregarle esos valiosos terrenos a las grandes inmobiliarias para que construyan edificios?

Parece una exageración. Pero, como en todo, cuando se hacen insensateces se sabe donde se comienza, pero no donde se termina.

¿Tiene que ver esta medida de entregar a los Casinos todo el lucro de las tragamonedas, con la amistad de algún dignatario del actual Gobierno con los grandes empresarios del juego?

Luego, hay todo un asunto de inconsecuencia. Se habla de ayudar a las pymes, de alentar el microemprendimiento, de generar puestos de trabajo, de mejorar la calidad de vida de las personas, en fin, de todo lo que pueda “hacer progresar al pueblo de Chile”.

Sin embargo, de una sentada, con una sola ley que favorece a los poderosos grupos económicos del juego, se eliminan decenas de pymes, cientos de emprendimientos y miles de puestos de trabajo. Se le niega el ingreso de dineros a miles de comerciantes y se les perjudica directamente en su progreso y calidad de vida.

Surge entonces la pregunta: ¿cuáles son los ulteriores motivos de esta propuesta de ley?

¿Eliminar o disminuir la delincuencia o la ludopatía? La respuesta no aguanta análisis. Es como matar al mensajero o vender el sofá porque la mujer lo usa para engañar al marido. El problema de la seguridad ciudadana no pasa por la entretención para las personas de escasos recursos ni por las tragamonedas, cuya relación con la delincuencia y la violencia es meramente tangencial y antojadiza (no existe en Chile ninguna medición ni estudio serio al respecto).

¿Proteger a las señoras y a los de menos recursos para que no se gasten en tragamonedas la poca plata que ganan? No sólo un insulto a los sectores modestos; un paternalismo añejo e inadmisible; y una falta de respeto y de confianza en el ser humano; sino además una forma ridícula de querer resolver el problema de la pobreza y una violación fragrante  a los derechos y libertades constitucionales. Esto sin contar el carácter autoritario de la medida.

Queda entonces el problema de la transparencia de esta iniciativa legal.

¿Tiene que ver esta medida de entregar a los Casinos todo el lucro de las tragamonedas, con la amistad de algún dignatario del actual Gobierno con los grandes empresarios del juego? Aventurado pensarlo, casi ofensivo. Pero la mujer del César no sólo tiene que ser honrada, también debe parecerlo.

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