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Algunas Cosas Olvidadas

por 18 octubre 2010

Algunos publicistas han calculado que si Chile hubiera contratado una campaña de promoción publicitaria favorable para el país, habría necesitado unos dos mil millones de dólares para igualar el efecto que tuvo el rescate de los 33 mineros. El éxito ha sido muy bueno para la imagen de Chile en el exterior y muy bueno para la imagen del Presidente en el interior. Pero mejor aún ha sido para la imagen de Laurence Golborne, Ministro de Minería, que con su sencillez, su nulo afán de figuración y su capacidad de decir honestamente lo que piensa, y todo eso en un contexto de entrega generosa a la causa que tenía entre manos, lo ha convertido, aunque él no quiera serlo, en una figura política de primera magnitud, con una aprobación inédita, pues es casi unánime (97% según una encuesta publicada hoy).

Ese hecho puede representar un cambio fundamental en el futuro político del país y no hay que olvidarlo.

Tampoco hay que olvidar a un artífice fundamental del éxito en el rescate de los mineros, cuyo nombre ha sido tan poco mencionado que hasta debo confesar que lo olvidé: el operador norteamericano de la máquina perforadora que logró contacto con los mineros, traído desde Afganistán, donde estaba desarrollando su especialidad. Fue un acierto recurrir al auxilio internacional, fue un acierto traer al mejor hombre en la especialidad, pero no sería un acierto olvidar su nombre, como lo estamos haciendo. Ël llevó la perforación de salida hasta donde estaban los mineros y se fue ya con el ducto terminado, sin recibir ningún homenaje, salvo los agradecimientos de los familiares de los mineros.

Tampoco se debe olvidar el concurso de la empresa privada, que ha tendido a ser denostada en estos días. La máquina que llegó hasta los mineros pertenecía a una compañía minera particular, que ha necesitado publicar avisos en la prensa para que su nombre no resulte igual de olvidado que el del perforista norteamericano, a la hora de los homenajes.

Tampoco se debe olvidar un solo dato, característico de la burocracia chilena: el servicio estatal encargado de inspeccionar el cumplimiento de las normas de seguridad minera tiene 260 funcionarios, pero de ellos menos de la cuarta parte inspeccionan, que es la función esencial del servicio, pues el resto se dedica a mover papeles en los escritorios y seguramente a demorar las autorizaciones a los emprendedores, cobrando cómodamente sus sueldos a fin de mes. No se necesita tener nuevas leyes más rigurosas (y costosas para la producción) sino sólo hacer cumplir las existentes, teniendo 240 inspectores de Sernageomin en terreno y sólo 20 burócratas de escritorio en las oficinas.

Tampoco se debe olvidar un paralelo importante: los rescatistas arriesgaron sus vidas para sacar a los mineros y descendieron hasta donde ellos estaban, quedándose hasta después que el último abandonó el lugar. Los que son funcionarios de la Armada desplegaron un cartel, fabricado por ellos mismos, que decía: "Misión Cumplida CHILE". En Chile hubo otro rescate, si bien menos publicitado y menos aprobado unánimemente, mucho más importante, perdurable e incluso más difícil que éste. Fue el rescate de todo un país y su transformación en otro irreconociblemente mejor, proceso que terminó también con el lema "Misión Cumplida". Un reportero de la BBC fue el único al que vi recordarlo, aunque en términos negativos y sesgados, como es propio de casi todo extranjero en lo atinente a la verdad histórica chilena. Pero fue bueno que el lema "Misión Cumplida" fuera reeditado, porque tras 33 (!) meses en que el país estuvo siendo sistemáticamente destruido por la Unidad Popular y conducido a un destino totalitario, fue rescatado y modernizado, en términos que justificaron el lema "Misión Cumplida".

Otra coincidencia, si bien trivial, pero no por ello menos curiosa, fue que hoy día un delantero del Bayern Munich, que se llama igual que uno de los mineros rescatados, Mario Gómez, anotó tres goles, vistiendo la casaca número 33.

Nadie sabe si estas cosas significan algo o son meras coincidencias, pero no está demás recordarlas. Y, en el caso del perforador norteamericano traído de Afganistán y de la empresa propietaria de la máquina, parece, además, de elemental justicia reconocer lo que les entregaron al gobierno y al país, que no han tenido sus nombres siquiera presentes al momento de las loas y los homenajes.

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