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El recreo de la élite

por 26 octubre 2010

El recreo de la élite
De la rabia pasamos a la decepción de nuestras élites, pasamos a descubrir la incompetencia de nuestras clases dirigentes: Waissbluth entrega tal cantidad de evidencia que desvela una urgencia de primerísimo nivel.

En el mundo académico de la educación, Mario Waissbluth, genera muchas desconfianzas. No es profesor ni pedagogo. No viene de las ciencias de la educación. No hizo ningún doctorado sobre curriculum, evaluación, teorías del aprendizaje, del desarrollo, o teorías sobre el bullying, y menos, se ha desempeñado como decano de alguna facultad de educación en algún reducto universitario chileno. Es un ingeniero civil de la Universidad de Chile y es un doctor en ingeniería por la Universidad de Wisconsin.

Es una especie de outsider, un aparecido –queda por ver si eso es un simple show o una verdadera epifanía; es, qué duda cabe, un invitado de piedra para el gremio de los profesores, para el gremio de los investigadores expertos, para el gremio de los políticos (de la Concertación y de la Alianza), y para todo el gran gremio de funcionarios públicos –de todo nivel desde la década de Frei Montalva en adelante- que han hecho de nuestro sistema educativo una gran industria de zapatos mal fabricados.

Viene de publicar un libro -“Se acabó el recreo”- que después de leerlo, uno no sabe si llorar o enrabiarse, pero sí sabe por qué este ingeniero se ha ganado la mala fama que tiene (seguro debe de coleccionar epítetos de grueso calibre). Como se sabe, generó una iniciativa –Educación 2020- desde la conciencia civil y ciudadana (de jóvenes principalmente) que ya quisieran muchos –no voy a nombrar a ningún decano en particular para evitarme persecuciones- pues crece y crece por el sentido precisamente de sus denuncias y sobre todo de sus propuestas.

No estamos hablando de un gran pensador ni de un gran libro.  Comienza con una larga perorata y tesis respecto a las raíces de la desigualdad en Occidente –mélange ingenua- donde demuestra que lo suyo no son las Humanidades sino los números y la evidencia empírico analítica. Es, en realidad, un comienzo para “descargarse” de la rabia por lo mal que lo hemos hecho sobre todo en materia educativa desde tiempos inmemoriales: por ello se le perdona, y más aún por lo que viene. Porque de la rabia pasamos a la decepción de nuestras élites, pasamos a descubrir la incompetencia de nuestras clases dirigentes: Waissbluth entrega tal cantidad de evidencia que desvela una urgencia de primerísimo nivel.

Concluye: “En realidad, mientras más lo pienso, más me convenzo. Siempre se dice que reformar la educación toma mucho tiempo, supuestamente porque son muchos profesores, muchos alumnos y muchas escuelas. No es tan cierto. Lo que ha tomado y está tomando mucho tiempo es reformar las políticas sobre la educación, por los complejos procesos de negociación y fricción entre coaliciones.

La mala noticia para Waissbluth y sus seguidores es que el recreo continúa y continuará.

Después de terminar de leer el libro, podemos concluir que de fondo estamos ante un problema socio-político, ideológico, “moral” está diciendo hoy Waissbluth. Más que un problema, es una muralla de fundamentalismo que tiene notas religiosas, pseudo-científicas, atávicas. Ni los que pertenecen al “Zurdistán” o “Derechistán” –como les llama este ingeniero- se dan cuenta del verdadero ethos bio-psíquico en el que están orbitando, pues por no hacer caer sus convicciones fundamentalistas están haciendo caer al sistema educativo una vez más, o como dice en una entrevista publicada la semana pasada en El Mercurio de Valparaíso “castigar a los alumnos de una escuela vulnerable quitándole recursos porque se portó mal con el SIMCE o porque perdió alumnos, o porque tiene problemas de bullying, o premiar a una escuela del barrio alto porque se portó bien con el SIMCE es ir exactamente en el sentido contrario  a la equidad educativa. No sólo eso, sino que además destruye el tejido social, mercantiliza las relaciones en el sistema educativo, elimina la imprescindible cooperación entre profesores, entre escuelas, entre municipios, y entre el sector público y el sector privado.”

La mala noticia para Waissbluth y sus seguidores es que el recreo continúa y continuará.

Los que tenían las esperanzas de que un gobierno de derecha -es decir, un gobierno de aquellos que en el ámbito privado son tremendamente ambiciosos- pueden desesperanzarse, pues en el ámbito público han demostrado ser tremendamente conservadores. Queda claro como el agua, como lo demuestra el actual  presupuesto en educación que se discutió ayer lunes en el Congreso. La derecha que hoy nos gobierna –que no necesariamente tiene que ser toda la Derecha- demuestra un especial encanto con el gasto para las cámaras y un patológico ahorro para el gasto en reformas estructurales en educación.

¿Cómo es posible que en el ámbito público sean tan conservadores y en el ámbito privado sean tan ambiciosos? ¿Qué ethos los mueve si cuando gobiernan no son capaces –no tienen el coraje ni la valentía- para hacer las transformaciones que anunciaron en campaña?

Lo que hizo el Diputado Montes –de restar en el aparente incremento del presupuesto en educación los ítems por el terremoto- está perfecto: descubrimos que es primera vez que el presupuesto en educación, en los últimos 20 años, aumenta tan poco para lo que verdaderamente importa y es primera vez que aumenta tanto para el pago de remuneraciones, a saber un 500%; más –sí, más- un 187% para el pago de las remuneraciones de funcionarios más conspicuos. Es decir, seguimos igual y me atrevo a decir que peor que donde nos dejó la Concertación.

Por mucho que afinen el oído, Waissbluth y compañía no escucharán la campaña que nos impele a terminar el recreo para volver a clases.

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