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La Nacióncidio…

por 26 octubre 2010

En nuestro país existe una alianza estratégica entre el capital y los principales grupos privados de medios de comunicación. La Concertación, obsecuente servidora de esos intereses, optó por que a la prensa y a la TV las regulase el poder del dinero abandonando todos los principios ético-políticos de pluralidad.

El cierre de la edición impresa del diario La Nación es la crónica de una muerte anunciada. ¿Deceso natural o provocado? Después de esto, ¿cómo seguir dictando cátedra sobre democracia y pluralismo periodístico en América del Sur?

Para la Alianza y la Concertación la desaparición del pluralismo en la prensa -como la preservación de la Constitución de la dictadura-, ha sido una opción política. Ambas han hecho de Chile la prueba indesmentible del diagnóstico de Julián Assange, el creador de wikileaks: "Los medios de comunicación (…) son un desastre (…) Periódicos y televisiones se han convertido en seleccionadores de contenidos tutelados…".

Antes que Assange, Juan Pablo Cárdenas denunció el crimen: “Hace falta una prensa que tenga más libertad y medios escritos, como la cantidad de periódicos y revistas que nacieron durante la dictadura y que fueron asesinadas en democracia por el gobierno de Patricio Aylwin”. Lo mismo decía Maurice Allais, para evitar que “Aquellos que tienen el poder de decisión nos dejen la elección de escuchar o bien a ignorantes, o bien a embusteros”. En el caso chileno escuchamos a ambos.

En nuestro país existe una alianza estratégica entre el capital y los principales grupos privados de medios de comunicación. La Concertación, obsecuente servidora de esos intereses, optó por que a la prensa y a la TV las regulase el poder del dinero abandonando todos los principios ético-políticos de pluralidad.

En nuestro país existe una alianza estratégica entre el capital y los principales grupos privados de medios de comunicación. La Concertación, obsecuente servidora de esos intereses, optó por que a la prensa y a la TV las regulase el poder del dinero abandonando todos los principios ético-políticos de pluralidad. Eugenio Tironi, Enrique Correa y Belisario Velasco accionaron la guillotina de la restauración oligárquica. Los resultados están a la vista: antes que La Nación desaparecieron La Época, El Metropolitano, Fortín Mapocho, La Huella, Rocinante, Análisis, Hoy, Apsi… ¿Cuántos medios afloraron con la llegada de la democracia?

Sé que pedir justicia o ecuanimidad en Chile es pecar de iluso. Sobre todo si se lo pides los políticos y a los medios que hay. ¿A quién le llama la atención la diferencia del trato que le dieron al cierre de La Nación en Chile y a la no renovación de la frecuencia de transmisión de Radio Caracas Televisión en Venezuela?

La muerte de La Nación no conmovió a nadie. El caso de Radio Caracas Televisión dio pie a campañas en las cuales el odio le disputaba la primera plana a la mentira. En ambos casos se trató de una decisión tomada en los altos niveles de dirección del Estado. Solo que RCTV se sumó activamente al golpe de Estado del año 2002 contra el presidente Chávez. Al no renovar su concesión de frecuencia, el gobierno venezolano no hizo nada fuera de la ley. Es más, RCTV sigue difundiendo por el cable. En el caso de La Nación tampoco se ha hecho nada fuera de la ley. Pero son casos distintos. El patrimonio de RCTV sigue allí, y los medios financieros, abiertos u ocultos, no le faltan. Los medios que lucharon contra la dictadura en Chile, en cambio, no tuvieron la misma suerte: hoy ninguno de ellos existe.

En Venezuela hay unos veinte diarios de circulación nacional provenientes de Caracas, Maracaibo, Valencia y Barquisimeto. De ellos, sólo cuatro apoyan al gobierno de Chávez (VEA, Panorama, Correo del Orinoco y Diario de Caracas) y otros son relativamente neutrales como Últimas Noticias. El resto son abiertamente antichavistas.

En Chile tenemos apenas cuatro diarios de circulación diaria y nacional y dos publicaciones económicas. Los seis apoyan al gobierno de Piñera. Bella unanimidad. Kim Jong Il no lo hace mejor en Corea del Norte.

¿Nadie más piensa que después del asesinato programado de La Nación hará falta mucho descaro para dar cátedra sobre democracia y pluralismo al resto de los países de América del Sur?

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