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Oposición con proposición

por 26 octubre 2010

La semana que termina estuvo marcada por el post rescate de los mineros y el viaje del Presidente Piñera a Europa, lo que ha implicado pocas novedades pero mucho análisis estratégico, ya que se considera unánimemente que el rescate marca un punto de inflexión para el Gobierno, en que éste por fin logra instalarse con pleno dominio de la situación y consistencia discursiva. A tal punto llegó la confianza del Gobierno que se ha instalado el tema de la sucesión. De hecho el único peligro que asoma es el derivado de los excesos del propio Presidente que amenaza con saturar comunicacionalmente sus logros.

El mar de fondo es la instalación de una nueva derecha que encarnan la dupla Piñera –Hinzpeter: una derecha que combina un movimiento dual: por un lado, busca mostrar que es eficiente, técnica, que hace las cosas bien, que a diferencia de los políticos no pierde el tiempo. Por otro lado,  que es pragmática y no teme abordar temas que no son los clásicos de la derecha (mapuches, laboral, reformas políticas, impuestos, cultura).

Tal es el despliegue y la fuerza que adquiere a partir del rescate de los 33, abre espacios de conflictividad con la otra derecha: en primer lugar la UDI, que se ha resistido a las reformas que no consideran propias del sector (ley antiterrorista, royalty, negativa al indulto a militares), que reclaman por la ausencia de una agenda propia relevante (ver por ejemplo artículo de Hernán Buchi “la derecha avergonzada”) y que no encuentran su mejor espacio de desarrollo en el gobierno (caso Nazer). También es posible que políticos con un perfil más tradicional de la derecha como Andrés Allamand,  Joaquín Lavín o Pablo Longueira, aunque compartan la inspiración de la necesidad de una nueva derecha,  resientan este impulso refundacional porque los deja en la vereda. De ahí que propuestas audaces, tipo plebiscito para dar salida al mar a Bolivia, surjan para buscar posicionarse en este escenario. Pero, es un hecho que un proyecto como éste tendría otros líderes naturales como el propio Hinzpeter o Golborne.

La Concertación también vive un momento complejo en que estará crecientemente sometida a las consecuencias que en las políticas de alianzas podría tener el éxito de Piñera. En este sentido, la manera en que la Concertación ejerce su rol opositor pasa a ser central. Hasta aquí se trataba de una discusión un poco abstracta: una oposición intransigente y defensora de las conquistas, o una oposición colaboradora y dialogante. Una oposición que se juega testimonialmente conservando la propiedad de sus banderas despreocupándose de la gobernabilidad o una oposición que construye acuerdos posibles junto al Gobierno (caso royalty).

La cuestión es que frente a una agenda como la que se viene; es decir, presumiblemente de reformas laborales, reformas políticas, plan de reconstrucción financiado, reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas, seguridad ciudadana, no le cabe a la Concertación otra posibilidad que la de entrar en ese terreno apostando a mostrar que tiene mejores propuestas. El gobierno abordará estos temas buscando acotarlos y la oposición deberá buscar ampliarlos: Agenda de seguridad laboral, si, pero también de empleo decente. Agenda de reformas políticas, si, pero con voto para los chilenos en el exterior y cambio al sistema binominal. Reconocimiento constitucional para los indígenas, si, pero para otorgar derechos políticos. Plan de reconstrucción si, pero con participación de los afectados y los poderes locales.

Un programa como este es bueno para mejorar la democracia en Chile, abordando las reformas que quedaron pendientes. La nueva derecha, en su obsesión por penetrar el electorado de centro izquierda renuncia a su agenda propia que incluiría privatizaciones, flexibilización laboral y orden público en la Araucanía. Si esta va a ser la agenda, la Concertación tendrá que pasar de la oposición a la proposición. Los liderazgos del futuro se van a jugar allí, en la capacidad de levantar contrapartes, de sumar energía social a las propuestas, de imponer políticamente puntos de vista diferentes frente a los problemas concretos que los chilenos esperan ver resueltos.

Asumir este camino con confianza por parte de la Concertación agudizará las contradicciones de la derecha de siempre. No está dicho que el proyecto refundacional de la nueva derecha vaya a ser exitoso. Por el contrario, tiene poderosos contradictores. “No ganamos el gobierno para hacerle la pega a la Concertación” dirán en la UDI.

(*) Publicación aparecida en El Quinto Poder

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