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Bachelet 2014 y el liderazgo presidencial

por 29 octubre 2010

Dentro de un gabinete gerencial marcado por una fuerte relación de jefe a subordinados y con total omnipresencia del Presidente, los nuevos liderazgos no parecen que vayan a surgir de manera muy obvia.

Las últimas encuestas, y especialmente la de la semana pasada de la Universidad Diego Portales, muestran que Michel Bachelet es la ‘candidata natural’ de la Concertación ante los ojos de los ciudadanos. Más aún, es la única figura dentro del país que es percibida de manera espontánea como presidenciable, lo que continúa ratificando que se trata de un fenómeno único de liderazgo y popularidad que no se repetirá fácilmente. Ello no sólo por el porcentaje que obtiene, sino que por la distancia con sus posibles competidores.

En dicha encuesta, y con un 33% de personas que no han tomado una decisión, Bachelet alcanza un 43% que quieren que ella sea la futura Presidenta. La distancia con su más cercano competidor dentro de la Derecha es de más de 40 puntos, lo mismo que ocurre con su más cercano competidor dentro de la Concertación.

Para una coalición en la Oposición, a meses de la primera derrota electoral en dos décadas, con grandes limitaciones organizacionales, programáticas y de liderazgo, y ‘desconcertada’ (como la acaba de describir la Senadora Rincón), el tener una candidata presidencial con ese nivel de posicionamiento, representa una notable ventaja sobre sus adversarios políticos y si se quiere, una verdadera 'tabla de salvación', que de otra manera hubiese sido difícil de tener. Esto también representa la oportunidad de una recomposición anímica en los seguidores de la Concertación tanto dentro de los partidos como en el electorado.

Dentro de un gabinete gerencial marcado por una fuerte relación de jefe a subordinados y con total omnipresencia del Presidente, los nuevos liderazgos no parecen que vayan a surgir de manera muy obvia.

Es cierto que estas evaluaciones se dan dentro de un ambiente artificial y fuera de una verdadera contienda electoral que se irá configurando en los meses y quizá años venideros y, por lo tanto, se puede pensar razonablemente que existe mucho espacio para las sorpresas y cambios. Sin embargo, los datos muestran algo un poco distinto. Desde Aylwin en adelante, dichas sorpresas nunca han ocurrido en el mundo de la Concertación.

Hasta ahora ha sido la norma que los liderazgos que la Concertación ha establecido tempranamente antes de toda contienda electoral, incluso dentro del primer año de Gobierno, se han consolidado rápidamente y se han trasformado en los liderazgos definitivos También ha sido la norma que cada vez que la Concertación ha logrado resolver tempranamente y de manera ‘natural’ el tema del liderazgo presidencial, ha asegurado el triunfo electoral y la continuidad. Por natural me refiero a que es un liderazgo que mantiene una clara correspondencia con las inclinaciones ciudadanas y no principalmente producto de una operación política.

Ello ocurrió en todos los Gobierno de la Concertación con la excepción del de Bachelet, donde existió la nominación de un liderazgo de manera tardía y poco convincente dentro de la coalición gobernante, lo que, a juicio del muchos, se transformó en la principal causa de la derrota, hecho que también es ratificado por los ciudadanos en la última encuesta de la UDP.

La Derecha sigue teniendo un problema en materia de liderazgo presidencial. Desde la Dictadura, la Derecha emergió sin un liderazgo, fuera del que tenía el propio Dictador. Le costó varios años hasta bien entrado el Gobierno de Frei, y luego de su elección como alcalde de Santiago, para encontrar en Joaquín Lavín, por primera vez, un liderazgo presidencial competitivo.

De ahí en adelante, la historia tampoco ha sido muy favorable. El escenario ha estado marcado sólo por dos figuras: Joaquín Lavín y Sebastián Piñera. El primero con un liderazgo ya en retroceso el 2005 y el segundo con un liderazgo más forzado que obvio.

Piñera nunca representó un liderazgo muy atractivo ni querido, ni siquiera dentro del propio electorado de Derecha. Su condición de ultramillonario y sus conocidas prácticas políticas siempre levantaron grandes desconfianzas en distintos sectores. Sin embargo, era lo que había. Se impuso más que por atributos de liderazgo, por persistencia, perseverancia y dinero (que sí se encuentran dentro uno de sus grandes virtudes) y, por supuesto, con la complicidad de los inmensos déficits que mostraba la Concertación en distintas áreas y especialmente en cuanto a la determinación del candidato presidencial.

Hoy día, incluso en el Gobierno, el tema del liderazgo presidencial le sigue siendo esquivo a la Derecha.

Siendo un tema tan central y obvio en las elecciones modernas, que dependen cada vez más de las figuras y sus características que de los partidos y  programas, es algo muy difícil de resolver. Es una combinación de factores, incluso muchas veces fortuitos, que determinan quién liderará. Se trata muchas veces de estar en el lugar y momento correcto que de la construcción deliberada de una carrera presidencial.

Pero no se trata sólo de la rueda de la fortuna política, sino que también de contar con los atributos para consolidar lo que puede comenzar como popularidad en un verdadero liderazgo presidencial, que es lo que logró Bachelet. También se trata de querer transformar dicha popularidad en poder político y electoral. Golborne, por ejemplo, goza actualmente de un alto grado de aprobación y popularidad sin embargo él ha manifestado que no tiene interés en candidaturas. De hecho Golborne, a pesar de su más de 80% de aprobación, casi no tiene menciones presidenciales en la encuesta de la UDP.

Sigue siendo una gran incógnita como la Derecha logrará resolver el tema del liderazgo presidencial. Lo que queda claro es que, a medida que pase el tiempo, este imperativo se le irá poniendo cuesta arriba. Dentro de un gabinete gerencial marcado por una fuerte relación de jefe a subordinados y con total omnipresencia del Presidente, los nuevos liderazgos no parecen que vayan a surgir de manera muy obvia. Además, como se trata de un gabinete de técnicos y empresarios sin pretensiones políticas y de políticos inexpertos, la única figura que ha emergido es la de Lavín aunque, hasta ahora, una aventura de un tercer intento no parece contar con una importante adhesión ciudadana.

Por otro lado, la constante descapitalización de la Alianza por parte del Presidente, hecho que ha sido reiteradamente criticado por Longuera y Allamand, tampoco contribuye a generar otras áreas de soporte electoral. De hecho, en la última encuesta la Alianza muestra una baja en la identificación de los ciudadanos.

Todo esto debe ser una gran preocupación para la Derecha, porque si bien el Presidente y el Gobierno pueden mantener niveles de aprobación importantes, ello no es suficiente para garantizar continuidad como ya se mostró en el caso de Bachelet-Frei el 2009.

Con todo, el tema del liderazgo presidencial es más fácil de resolver estando en el Gobierno que en la Oposición. No por casualidad, los principales candidatos y precandidatos de la Concertación surgieron mayoritariamente dentro de los ministros más que de los parlamentarios o las dirigencias partidistas. En ello, la Derecha tiene una ventaja que quizá le servirá para acortar esa distancia inmensa que hasta ahora tiene en relación a la ‘candidata natural’ de la Concertación.

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