Sábado, 10 de diciembre de 2016Actualizado a las 01:14

Hechos y no palabras

por Carlos Livacic, doctor en Sociología y académico de la U. Central 29 octubre 2010

Señor Director:

Con el correr del tiempo, he podido aprender que las palabras son valederas como expresión de una acción, siempre y cuando haya relación entre lo que se dice y, luego, lo que se hace. Esto, que algunos pedirían como garantía en tiempos pretéritos, hoy está muy lejos de darse en la actualidad. No pretendo señalar que todo tiempo pasado fue mejor y desde ahí suponer que lo nuevo es banal y efímero. Lo que pretendo plantear es que el valor de la palabra hoy no tiene el mismo escrutinio social, como lo fue en otras épocas, lo cual ha determinado las relaciones, agrietado la institucionalidad de las diferentes organizaciones y, lo que es peor, alejado a las buenas personas de la vida en comunidad.

 Respecto a lo anterior, podemos ver ejemplos en toda la capacidad de reacción y declaraciones del gobierno en el rescate de los mineros, con discursos de eficiencia y efectividad y, luego, la diferencia del mismo énfasis con los afectados del terremoto.

 Es extraño, que a ocho meses del problema, haya habido gente que pasó el invierno en condiciones de abandono y ninguna autoridad del gobierno central se hay referido públicamente a ese problema. Además, en los 70 días en que la única preocupación y agenda comunicacional fueron los 33 mineros, parte de la clase política que reclamó contra la Ley de royalty, la aprobó después sin ningún contratiempo, ampliando el plazo de beneficios para las grandes transnacionales, sin señalar cuáles son los beneficios para nuestro país.

 En otro caso, una alcaldesa reprochó duramente la negligencia de una parvularia que causó la muerte de un menor de edad. El tema, es que  la autoridad realizó todo tipo de acusaciones hacía la mujer en diversos medios de comunicación, pero esas críticas se basaban, en esos momentos, en rumores, suposiciones y conjeturas. Una persona que ejerce un cargo público debiera ser más cauta y responsable a la hora de emitir opiniones en un caso como éste. No hay sólo que ser, sino también parecer.

 Quizás por ello ya a nadie le importa que una empresa sanitaria invite a parlamentarios y ediles con todos los gastos pagados a China.

 Ejemplos como estos no sólo nos demuestran inconsecuencias entre lo dicho y lo hecho, además nos revela la indiferencia y la apatía de la ciudadanía y su falta de crítica de cada uno de nosotros. Hoy, todo aquel que va más allá del análisis de los hechos, queda rotulado como conflictivo, complicado o amargado.

 Como ciudadanía, hemos perdido la capacidad de asombro, nos hemos olvidado del decoro, de la exigencia y de que tenemos voz y voto para recordarles a nuestras autoridades que las palabras se las lleva el viento y que lo que requerimos son obras, hechos y no palabras.

 

Carlos Livacic
Doctor en Sociología y académico de la U. Central

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