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Chile: ¿país modelo?

por 2 noviembre 2010

En el también muy comentado libro “Superclass” de David Rothkopf, en las páginas dedicadas a Chile, le sorprenden los niveles de “endogamia” existentes, concluyendo que nuestro país no es “a country but a country club”.

Nos hemos acostumbrado en estos años de democracia, a escuchar como la prensa internacional describe a Chile como un “país modelo” entre las naciones en desarrollo, destacando a nuestro país como un caso de éxito en un mundo donde abundan las crisis institucionales, la pobreza crónica y corrupción generalizadas. El rescate “de los 33” por cierto reforzó esta percepción.
 
Sin embargo, pretender que habrá un “antes y un después” en la imagen internacional de nuestro país, o que a partir de este evento podremos “dar lecciones” a otros sobre el “chilean way” de hacer las cosas, es no sólo pretencioso y desproporcionado, sino que además volvería a activar una percepción de arrogancia que ya hubo que modificar en los años 90, cuando sectores empresariales llegaban a países vecinos a “enseñar” como se hacían las cosas. Esta actitud, dañó mucho nuestra credibilidad en la región, pero además no se condice con las agudas contradicciones y rezagos que aún persisten en nuestra sociedad, y que sectores informados de otros países conocen bien, más allá de la euforia del momento con motivo del rescate.

En el también muy comentado libro “Superclass” de David  Rothkopf, en las páginas dedicadas a Chile, le sorprenden los niveles de “endogamia” existentes, concluyendo que nuestro país no es “a country but a country club”. 

 Los países creíbles internacionalmente, no necesitan andar en una promoción permanente de lo que son (más bien son naciones con grandes dificultades las que necesitan de estos recursos publicitarios), y siempre es mejor que sean otros, los que hagan un reconocimiento a nuestros logros. Por otra parte, es importante recordar que comienzan a instalarse con fuerza, nuevas dimensiones y parámetros a partir de los cuáles los países serán evaluados, y que afectarán de manera importante nuestra credibilidad en los próximos años.

El trato a los pueblos originarios, los derechos laborales, la calidad de la educación, materias de seguridad pública, tener una buena política de vecindad regional, o la llamada “huella de carbono”, es decir, cuanto contaminamos al elaborar nuestros productos de exportación, son algunos de los factores que incidirán cada vez más fuerte en la percepción internacional que habrá sobre nuestro país. Otra aspecto esencial, es cuán sustentable será nuestro proceso de desarrollo con los altos grados de desigualdad y exclusión sociales que existen en el Chile de hoy. El reciente informe global del PNUD nos pone como una de las naciones más desiguales en el mundo, con una escandalosa concentración de la riqueza.

Persiste así, una “brecha social” que no sólo es éticamente inaceptable para un país que pretende llegar a la condición de economía desarrollada, sino que además, pone en jaque la necesaria estabilidad social que un país requiere en el largo plazo para alcanzar ese estadio de desarrollo.

Como ya lo señaló hace un tiempo muy lúcidamente el empresario Felipe Lamarca, en las raíces del descontento chileno “está la sensación de vivir en un país que tiene mucho de club…..un pequeño grupo que pareciera operar con las cartas marcadas”.  En el también muy comentado libro “Superclass” de David  Rothkopf, en las páginas dedicadas a Chile, le sorprenden los niveles de “endogamia” existentes, concluyendo que nuestro país no es “a country but a country club”.  Esta visión de un autor muy prestigiado en el exterior, demuestra que existe una opinión “informada” a nivel internacional (que por lo demás, es la que nos debe interesar más en términos de impacto mediático) que aún reconociendo los méritos del reciente rescate, conoce bien también los marcados desajustes y rezagos que persisten en la sociedad chilena actual.

 Y es que en el mundo de hoy, no es posible  disociar lo que se hace en el plano doméstico, y la imagen que se busca presentar hacia el exterior, y esto, ninguna campaña publicitaria, por buena que sea, podrá cambiarlo (hoy nos favoreció el rescate, pero mañana podríamos aparecer en la prensa internacional por aspectos más polémicos, como podría haber sido el caso mapuches, si no hubiese habido una solución temporal de última hora). Por eso es que el rescate sólo será útil a largo plazo, en términos de imagen externa, si nos hacemos cargo también de una vez por todas, de aquellas otras dimensiones que nos sitúan todavía más como un país del “tercer mundo” (como dijo el diputado Jorge Burgos en una entrevista, si el rescate fue del primer mundo, las condiciones laborales y de seguridad de los trabajadores son del tercer mundo)  que como uno que aspira a entrar a la liga de las naciones desarrolladas. Un Chile acercándose a los mejores estándares internacionales en todas aquellas áreas que afectan la calidad de vida en el mundo de hoy, es lo que consagrará en definitiva un reconocimiento global más permanente y definitivo de algo que hasta ahora tiene luces, pero también muchas sombras.

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