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¿Puede Chile prescindir de sus bibliotecas públicas?

por 11 noviembre 2010

¿Podrías imaginar tu comuna sin escuelas o liceos? ¿Sería posible pensar que no existieran en ella consultorios de atención primaria de salud? ¿Es imaginable tu comuna sin una municipalidad?

Estas preguntas parecen no tener sentido, porque –en realidad- no lo tienen. No es posible imaginar nuestra ciudad o pueblo sin esas instituciones (y otras) que están en la base de cómo nos organizamos como sociedad.

Pero, ¿qué pasa con las bibliotecas públicas? ¿Son instituciones importantes para tu comunidad? ¿Podríamos prescindir de ellas? Si así fuera, ¿cómo garantizaríamos el acceso equitativo a la información, el conocimiento y la cultura para nuestros compatriotas de menores recursos?

Estas últimas preguntas tampoco tienen sentido y a mi juicio forman parte del primer grupo de interrogantes. Sin embargo, todavía en Chile es posible escucharlas, pese a que las bibliotecas públicas son hoy en nuestro país la red pública de acceso a la cultura que mayor cantidad de personas atiende y la que tiene la mayor cobertura territorial. Todos los días son, aproximadamente, 20.000 las personas atendidas en alguna biblioteca pública entre Visviri y Puerto Williams, la inmensa mayoría de escasos recursos.

Las bibliotecas públicas de Chile han protagonizado durante la últimas dos décadas un cambio de gran envergadura, con un poderoso impacto en la redistribución de la información, el conocimiento y el acceso a la lectura entre los compatriotas de menores recursos. De 200 bibliotecas se pasó a casi 450, cubriendo todo el territorio nacional. Se multiplicó por seis el número de prestaciones (mayoritariamente préstamos de libros para lectura en sala), llegándose a más de 12 millones de prestaciones, con un porcentaje importante de lectura a domicilio. Las carreteras del país se llenaron de los más diversos servicios móviles, que llevan hasta el día de hoy la lectura a los lugares más apartados. Además, todas las bibliotecas se conectaron a Internet, y a través del programa BiblioRedes se convirtieron en líderes en la inclusión digital de la comunidad nacional.

Junto a esto, gracias a la visión y compromiso de las más altas autoridades, en especial el Presidente Lagos y la Presidenta Bachelet, surgieron nuevas bibliotecas, algunas de ellas como la Biblioteca de Santiago, la Biblioteca Regional de Coyhaique o las construidas bajo el Programa Presidencial de Construcción de Bibliotecas Públicas, destinadas a ser modelos de infraestructura y servicios.

En todo esto, las autoridades locales y el personal de las bibliotecas públicas han sido fundamentales. Así ocurre en el caso de mi comuna, Pudahuel, en la que con el compromiso alcaldicio, se logró unificar y coordinar la labor de las bibliotecas públicas y escolares, redundando en una mayor capacidad de atención de las necesidades de nuestros vecinos y de paso visibilizando el aporte que las bibliotecas realizan al desarrollo local.

Sin embargo, todo este desarrollo pende de un delgado hilo: la voluntad de quienes dirigen los municipios. Que ello sea posible es porque carecemos de un marco legal que norme y oriente el desarrollo de las bibliotecas públicas en nuestro país. Las bibliotecas públicas dependen de la voluntad de las autoridades locales, y si bien es cierto que la inmensa mayoría valora y apoya a sus bibliotecas, no menos cierto es que esa voluntad es frágil. El terremoto y posterior maremoto de febrero pasado, destruyó o dejó con serios daños estructurales, un gran número de bibliotecas públicas. El trabajo de este año, ha sido, en muchos casos, convencer a esas autoridades que no dejen de lado a las bibliotecas. Nada las obliga tenerlas presentes y son muchas las necesidades, aún no resueltas, que deben priorizar.

Una ley de biblioteca pública es lo que Chile necesita para consolidar y proyectar este desarrollo. Una ley que entregue recursos a los municipios y permita definir los estándares mínimos (en infraestructura, dependencia administrativa, personal y servicios) que toda biblioteca debe tener. Son miles de trabajadores de bibliotecas públicas que, sobre esa base más firme, podrán aumentar aún más el aporte que realizan cotidianamente para que Chile sea una sociedad lectora, un desafío del que no se puede restar ninguna persona ni organización, mucho menos la mayor red de acceso a la lectura que hoy tiene el país.

Las bibliotecas públicas están  destinadas a jugar un rol destacado en la promesa del Presidente Piñera de duplicar los niveles de lectura, siendo reconocidas como intermediarias idóneas entre las personas y las lecturas en momentos que las mediciones reconocen un retroceso en Chile del hábito lector.

Entonces, cabe abrir la conversación con una sencilla pregunta: ¿Puede Chile prescindir de sus bibliotecas públicas? Si estás de acuerdo conmigo y crees que es un lujo que no nos podemos dar como país, te invito a adherir y difundir esta acción, destinada a promover que se debata y apruebe una ley de biblioteca pública. ¡Tu apoyo es fundamental!

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