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Paisaje después de la batalla

por 12 noviembre 2010

Paisaje después de la batalla
Lo que realmente no entiendo es por qué Harold Mayne-Nicholls se ha dejado birlar el cargo de esta manera. Por qué ha preferido un buen fusilamiento al estilo de Diego Portales antes que negociar con los dirigentes del fútbol que era lo más lógico. Aunque el fútbol mueva a las masas, aquí no estaba en juego el régimen constitucional ni la tarea de doblegar a los espadones.

Hay muchas cosas que no entiendo de la elección de Jorge Segovia como presidente de la ANFP. La principal no es la deslealtad de Segovia que un día promete una cosa y al siguiente hace otra. Tampoco es la avaricia de los dirigentes del fútbol chileno, la cual presupongo porque son humanos y no ángeles.

Pero lo que realmente no entiendo es por qué Harold Mayne-Nicholls se ha dejado birlar el cargo de esta manera. Por qué ha preferido un buen fusilamiento al estilo de Diego Portales antes que negociar con los dirigentes del fútbol que era lo más lógico. Aunque el fútbol mueva a las masas, aquí no estaba en juego el régimen constitucional ni la tarea de doblegar a los espadones.

Porque Harold es recto y honrado, me dirán. Es verdad, eso me consta. Pero trabaja hace mucho para la FIFA y está acostumbrado a  tratar con dirigentes a los que yo no les compraría un auto usado.

De hecho, en la FIFA hay personajes infinitamente menos dotados, como el español Ángel María Villar, presidente de la Real Federación Española de Fútbol, un hombre que ni siquiera habla tantos idiomas como Harold y cuya mayor aportación al castellano ha sido la palabra “fúrgol”, pero que ha conseguido atornillarse al puesto con éxito desde 1988 hasta hoy.

La inflexibilidad ha sido un rasgo de inmadurez que nos va a pesar a todos, porque sobre todo creo que cuatro años más de Mayne-Nicholls habrían sido excepcionales para cambiarle la cara al fútbol de Chile y esta vez no ganó el mejor.

Es antipático ser crítico con quien ha sido investido como héroe popular. Por eso se multiplican las explicaciones conspirativas. Hermógenes Pérez de Arce insiste que La Moneda ha estado metida a fondo en el asunto, basándose en una conversación de centro de padres y apoderados. ¿Qué mejor explicación en un país como Chile que achacarle al jefe de Estado la intervención electoral en la ANFP? Piensa mal y acertarás, dice el refrán.

Pero esta vez no acabo de creerlo. Seguro que hay gente en La Moneda que ha disfrutado con la caída de Harold, pero me parece una respuesta fácil. Entre otras cosas, porque sospecho que Harold  ha sido víctima de sus propios errores y de querer más a su proyecto que a sí mismo.

Mayne-Nicholls citó a Pancho Mouat en su despedida para evocar a los “poderosos” que causaron su derrota. Podía haber citado el mito de Ícaro, que por admirar tanto sus alas voló muy cerca del sol y se le derritieron.

Ha tenido tan escaso reflejo en los medios chilenos la postura crítica hacia la inflexibilidad del Presidente saliente que no me extraña que Mayne-Nicholls no se diera cuenta, como me dice un buen amigo, de que “una votación de 32 personas no es una elección popular, sino una negociación”.

Es posible que el proyecto de Harold fuera muy eficaz a la hora de exorcizar los errores que el fútbol chileno cometió hasta 2007, pero también es cierto que las legítimas pretensiones de los dirigentes para influir en el reparto de los fondos del Canal del Fútbol (CDF) estaban ahí y él no las atendió. Es simplista pensar que unos eran los buenos y los otros malos. Nadie le pedía que se aviniera a una componenda secreta. Podía haber negociado desde la transparencia.

Pero Harold se sintió legitimado por sus resultados, respaldado por la opinión pública (que no votaba) y por la prensa (que tampoco lo hacía). La guinda del apoyo mediático la proporcionó la generosa muestra de lealtad de Marcelo Bielsa (que tampoco votaba) que unió su destino al suyo.

Harold, además, ha sentido las espaldas bien cubiertas porque todo el mundo sabe que Joseph Blatter, el presidente de FIFA, siente predilección por él. Le dio voz en la influyente comisión que decide las sedes de las futuras copas del mundo que ahora está en el disparadero por las recientes denuncias de The Times sobre corrupción en su seno.

Yo lamento que Harold haya perdido. Sobre todo porque los que le han vencido no le llegan ni a la suela de los zapatos en honradez, preparación, calidad humana y conocimiento del fútbol.

Lo lamento porque Mayne-Nicholls, que fue mi compañero de curso en la Escuela de Periodismo de la U. Católica, es el primer líder no político de mi generación al que la sociedad civil le dejó algo importante en sus manos y él correspondió a esa confianza de una manera que me llena de orgullo.

Hasta donde recuerdo, Harold amaba la fotografía y, por alguna razón, esta vez la foto le salió desenfocada y demasiado contrastada. Se perdieron los grises y los tonos medios que son tan valiosos en la vida.

Creo que la inflexibilidad ha sido un rasgo de inmadurez que nos va a pesar a todos, porque sobre todo creo que cuatro años más de Mayne-Nicholls habrían sido excepcionales para cambiarle la cara al fútbol de Chile y esta vez no ganó el mejor.

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