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Machismo y ninguneo político en Chile

por 17 noviembre 2010

Mucho nos han hablado desde los medios de comunicación sobre la relación política que existió entre Cristina Fernández y Néstor Kirchner.

Esta pareja contrajo matrimonio en 1975, ambos abogados titulados en la misma universidad, justicialistas, activos militantes políticos desde muy temprano, defensores permanentes de los derechos humanos, sobre todo en los tiempos difíciles.

Desde que la Sra. Fernández es Presidenta de Argentina, hemos escuchado hablar de la “Señora K”, “la Kirchner”, “Cristina Fernández de Kirchner”, etcétera. Además, nos han tratado de convencer de que sólo tenía iniciativa e inteligencia para vestirse, arrancarse de los encuentros políticos internacionales para ir de compras, vitrinear o hacer turismo.

Después del fallecimiento del ex mandatario, nos plantearon majaderamente los siguientes cuestionamientos:

¿Quién conducirá el gobierno ahora que murió el que verdaderamente mandaba

¿Cuánto durará la estabilidad política argentina?

¿Qué tipo de políticas públicas y leyes impulsará la Presidenta sin su marido que la sustentaba, guiaba y orientaba políticamente?

¡Por favor!

No cabe duda de que el ex Presidente Néstor Kirchner, fallecido recientemente, era un referente político en la República Argentina. Su carrera y figuración política pública antes de ejercer la presidencia se resume en tres cargos: intendente de Río Gallegos (1987 – 1991), gobernador de la provincia de Santa Cruz (1991 – 2003) y diputado por la provincia de Buenos Aires (2009 – 2010). Al momento de su muerte ejercía como Secretario General de Unasur.

Luego de la crisis política y económica provocada por la renuncia de Fernando de la Rúa, primero, y de Eduardo Duhalde, después, Kirchner se presenta como candidato a presidente. En la primera votación de las elecciones realizadas el 27 de abril de 2003, obtiene el segundo lugar con el 22,2% detrás de Carlos Menen, que obtiene el 24,5%.

El sistema electoral argentino indica que para ser electo presidente en primera votación se debe obtener más del 45% de los votos válidamente emitidos o, en su defecto, obtener el 40% de los votos válidamente emitidos y superar en más de 10 puntos porcentuales al candidato que obtenga el segundo lugar. Ninguna de las dos condiciones legales se cumplió y Carlos Menen y Néstor Kirchner debían medirse en una segunda instancia electoral. Como la sensación ambiente, las declaraciones de líderes políticos y las encuestas indicaban una intención de voto superior al 60% a favor del gobernador de Santa Cruz, Menen decide no participar en el balotaje, lo que permite a Kirchner convertirse automáticamente en Presidente de Argentina.

Por su parte, Cristina Fernández, antes de ser presidenta, fue diputada por la provincia de Santa Cruz (1997 – 2001), senadora por la misma provincia (2001 – 2005) y senadora por la Provincia de Buenos Aires (2005 – 2007). Es elegida Presidenta de Argentina el año 2007 en la primera votación, al obtener el 45% de las preferencias, aventajando a Elisa Carrió (23%) y a Roberto Lavagna (17%).

A diferencia de lo que ocurre en Chile, los argentinos y argentinas se refieren a la Presidenta como Cristina y, además, saben que realmente era ella la que sugería, orientaba y proponía derroteros políticos a su esposo. Es más: relatan que era ella la “puntuda” respecto a las formas de hacer política y a la manera de implementar y llevar a cabo sus convicciones políticas e ideológicas.

Entonces, ¿por qué tratarla así? ¿Por qué el menoscabo, el chaqueteo, el desprestigio, el ninguneo?

Todo indica que el machismo en Chile permanece y que los medios de comunicación lo exacerban. A veces también nuestra clase política cae en el vicio.

Recordemos que cuando Michelle Bachelet era candidata a la presidencia y luego Presidenta de Chile, la campaña de desprestigio era orquestada por los medios de comunicación, prestándole cámaras, micrófonos y planas a hombres y mujeres de la derecha en su conjunto, a varios empresarios y a uno que otro miembro de la coalición con la que gobernó. Aberraciones e insolencias relacionadas con su contextura física, con prendas de vestir como los pantalones, cuestionamientos respecto a sus capacidades de conducción y liderazgo, al don de mando, eran pan de cada día en los noticieros de la TV y los medios escritos.

No querían convencernos de que Michelle Bachelet era incapaz, sino de que las mujeres no servían para la política, que era un asunto de hombres.

Qué equivocados estaban. Chile y Argentina son países distintos, mejores, más sensibles, más humanos y más avanzados, sobre todo socialmente.

Y a los machistas que lo ignoran, les informo que en Nicaragua gobernó exitosamente Violeta Barrios (1990 – 1997, periodista, disidente del sandinismo), en Panamá, Mireya Moscoso (1999 – 2004, decoradora de interiores, orientación política de centro derecha). Actualmente gobierna Costa Rica la Sra. Laura Chinchilla (2010 – 2014, politóloga, conservadora de derecha) y, a partir del año 2011, Dilma Rousseff gobernará la República Federal de Brasil (2011 – 2015, economista, orientación política de izquierda).

Las mujeres no son mejores ni peores que los hombres en política; sólo son distintas. Lideran en forma distinta, hacen énfasis en materias distintas. Sería bueno que las respetemos, que admiremos sus estilos y que aprendamos de ellas.

(*) Artículo publicado en el Quinto Poder.cl

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