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Reformas a la Salud: ¡Por vocover no!

por 19 noviembre 2010

¿Será posible que alguna de nuestras autoridades sea capaz de una buena vez de plantear soluciones co-he-ren-tes con nuestra realidad y medianamente técnicas? No imagino un país que tenga tantos médicos parlamentarios como el nuestro y sin embargo, lamentablemente, de la pirotecnia no salen.

Para un amante del deporte como yo nada puede ser más triste que perder por “vocover” (del inglés walk-over), es decir que por no presentación de un equipo, se da por ganador al equipo rival. Esa fue la sensación que me quedó cuando me enteré de la decisión del Fonasa de entregar un “voucher” a los pacientes del sector público que tengan sus garantías AUGE vencidas, para que estos puedan salir en una suerte de “shopping sanitario” a las diferentes clínicas y centros médicos privados para dar solución a sus garantías de salud vencidas, sin dejar a los hospitales “hacer la pega”.

Triste fue también el leer nuevamente opiniones, repetidas como slogan,  tanto de parlamentarios de gobierno como de oposición, (obviamente contrapuestas) que no hacen sino reflejar la ignorancia supina de nuestros legisladores acerca de las complejidades del sistema público de salud. La guinda de la torta la coloca el presidente del Colegio Médico con la frase “es una buena solución transitoria, pero hay que fortalecer el sector público”. Convengamos que decir “hay que fortalecer el sector público” es equivalente a decir “hay que darle leche a los niños” o  “hay que proteger a nuestras embarazadas”. Nadie, después de los Juicios de Nüremberg, sería capaz hoy en día de afirmar lo contrario…, al menos en público. ¿Será posible que alguna de nuestras autoridades sea capaz de una buena vez de plantear soluciones co-he-ren-tes con nuestra realidad y medianamente técnicas? No imagino un país que tenga tantos médicos parlamentarios como el nuestro y sin embargo, lamentablemente, de la pirotecnia no salen.

¿Será posible que alguna de nuestras autoridades sea capaz de una buena vez de plantear soluciones co-he-ren-tes con nuestra realidad y medianamente técnicas? No imagino un país que tenga tantos médicos parlamentarios como el nuestro y sin embargo, lamentablemente, de la pirotecnia no salen.

Analicemos pues el problema de las listas de espera y la participación de privados. Desde los albores del AUGE se vislumbró que un tema tan potente como el otorgar garantías explícitas de salud por ley, era sinónimo de tener que recurrir a la ayuda de los privados, puesto que la red hospitalaria de nuestro país, era francamente deficitaria en cuanto al tamaño requerido para semejante empresa. A esto habría que sumar que el último gobierno de la Concertación, se farreó la posibilidad de  construir los  hospitales requeridos (los concesionados de Lagos) sólo por un tema ideológico, pero que al igual que el perro del hortelano, tampoco los terminó construyendo. Y no me refiero a hospitales como el de Curepto, sino a los mega hospitales que requiere con urgencia nuestro país, como son: La Florida, Maipú, El Salvador y Quilicura, entre otros (sin considerar las camas perdidas por el terremoto).

El acudir a la red privada de prestadores cuando la pública no puede dar abasto no es ni remotamente destruir la salud pública. De hecho cada campaña de invierno y  desde su implementación en los noventa, se derivan no pocos pacientes desde los hospitales públicos a las clínicas, fundamentalmente a camas críticas, cuyo déficit público es al igual que su nombre; CRÍTICO.

Hoy una proporción importante de la deuda hospitalaria corresponde a estos traslados de emergencia, que terminan adeudando injustamente los hospitales cuyo origen es fundamentalmente estructural.  De hecho la gestión de estos traslados se realiza desde el propio Ministerio de Salud y alcanza a ubicar en la red pública hospitalaria a cerca del 60 %  de aquellos pacientes que no pueden ser ubicados en las unidades de pacientes críticos de sus hospitales de origen, por estar éstas a plena capacidad.  Esto representa uno de los mejores ejemplos de eficiencia en red de nuestro país. Sin embargo el 40 % restante da cuenta de nuestra brecha pública. Para que se hagan una idea de esto, un hospital tipo I puede endeudarse fácil en un par de miles de millones de pesos al año sólo por concepto de traslados a clínicas privadas.

¿Que propongo entonces? Simple, una mixtura.  Hoy día con la brecha pública de camas y pabellones quirúrgicos es imposible dar cuenta de todas las obligaciones sanitarias. En el caso de camas críticas no hay opción; éstas solo pueden ser conseguidas en el sector privado. Pero en las soluciones quirúrgicas la situación es diferente.

Hay que considerar que los hospitales, por el sistema de contratos y por la falta de dotación de personal de salud, funcionan a media máquina con pabellones quirúrgicos operando en el mejor de los casos hasta las 15:00 hrs. La enorme mayoría de médicos está contratado por media o incluso un cuarto de jornada y el personal a tiempo completo sólo trabaja hasta las 17:00. De esta  forma se inicia el éxodo de profesionales hacia las clínicas privadas a operar  en las tardes y quedan los pabellones de los hospitales desocupados hasta las 8:00 am del día siguiente. Es decir, salvo por las cirugías de urgencia y privadas, durante 17 horas no se realizan cirugías en los hospitales públicos, habiendo hoy miles de pacientes en listas de espera en la “grilla de largada” a la espera de  ser derivados a centros privados.

¿Por qué razón entonces no es posible contratar equipos para que sigan operando en horario vespertino en los hospitales a un valor de mercado y en forma permanente? Experiencias como ésta se han practicado de manera exitosa en muchos hospitales de la red pública de manera eficiente y claramente de manera más barata que en las clínicas privadas, pero lamentablemente siempre se terminan por la misma razón: Financiamiento. A pesar de ser un sistema más económico, la falta de liquidez de los hospitales determina la suspensión de estos programas y la necesidad de derivar más caro y “cargarlo” a la deuda. Es como aquel funcionario que gana 300 mil pesos al mes y que termina pagando un televisor al doble de su valor en una casa comercial solo por no contar con el dinero disponible para comprarlo al contado, con la consiguiente ganancia, claro está de la casa comercial.

Por otra parte este tipo de programas generaría un incentivo virtuoso tanto para la contratación cómo para la permanencia de especialistas en el sistema público. Incluso aquellos hospitales más eficientes o con menos demanda podrían resolver de igual forma las listas de espera de los hospitales más aproblemados.

Existen, sin embargo, algunas condiciones básicas que, propongo deberían existir para poder implementar un programa de cirugías vespertina por hospital.

1.- Debe controlarse que la producción de cirugías en las mañanas no decaiga, en especial aquellas equivalentes en complejidad a las que se realizarían en las tardes.

2.- Debe transparentarse el horario de  trabajo del personal médico, velando por el cumplimiento cabal de la jornada contratada.

3.- Debe generarse un programa anual de cirugías con un presupuesto entregado mensualmente por Fonasa para así garantizar su continuidad.

Entregarle la responsabilidad al propio paciente de que busque él, en su “shopping sanitario” la solución a su problema puede generar más complicaciones que soluciones; ¿quién paga la diferencia entre el valor de su bono Auge y su prestación, que muchas veces es más cara en las clínicas que lo valorizado por FONASA ?; ¿Qué sucede con la asimetría de información con que cuentan los pacientes que elegirán un centro privado sólo por su valor o por su hotelería sin tomar en cuenta las competencias del centro? (aún está pendiente el sistema de acreditación en salud en la mayoría de los centros públicos y privados ); ¿Quién resuelve las complicaciones que se presenten fuera del plazo estipulado en la ley para las diferentes patologías?   Son solo algunas de las preguntas que se deben responder con transparencia antes de implementar una medida de esta magnitud.

Es un hecho que la asociación público-privada llegó para quedarse y si es en beneficio de los pacientes, en buena hora. Pero hagámoslo bien, no  dejemos a los hospitales fuera, apelo al “fair-play” de nuestras autoridades de salud.

No hay nada más triste que perder por “vocover”.

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