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La nueva derecha

por 22 noviembre 2010

Un fantasma recorre Chile, es el fantasma de la Nueva Derecha (Perdóname Karl). Contra este fantasma se han quejado, como babeante jauría, todos los desplazados de la vieja izquierda, los de centro-izquierda, centro-centro y otras fuerzas del progresismo flatulento, calcificado y recocido.

No hay un solo partido de oposición que no moteje a los gobernantes de ser de derecha espeluznante, retorcida y momificante. Pero los mandamases, erguidos y briosos cual verga de semental, les contestan desde sus airosos y petulantes poderíos, que ellos no son de derecha-derecha, que son la nueva derecha, que vendría siendo como la mezcla  de las libertades empresariales privadas y personales  con elementos  de talibanismo cristiano y de un socialismo primitivo, mucho más primitivo que socialismo y que llegaron para quedarse porque son el único futuro que se merece esta nación.

La novedad del año para los regalones de esta nueva derecha conceptual, es que es la misma, pero distinta en su maquillaje nocturno, cuando todos los gatos son negros y la borrachera  de la palabrería populárica hace que la fiesta parezca de verdad, hace parecer que los que aplaudían las estrellas en los hombros y barras en los brazos, hoy, son democráticos de tomo y lomo de toro, aunque gallardamente dejen podrirse en solitario en la Punta del Peuco o del Paico a los enamorados de la guerra, sus amigos y aliados de antaño.

El fantasma es poderoso, seductor, envolvente y mágico. Tiene los artilugios de un año nuevo en el Puerto, los movimientos de mano de un prestidigitador de circo trashumante y la cadencia de una mulata enamorando a la luna. Que belleza, lo tiene todo para embelezar a la audiencia y dejarla prendada de ella.

El drama es que la trashumancia, la magia y los fuegos de artificio duran un rato, no son para siempre y son entretenidos mientras están en el aire, pero una vez que se acaban muestran su verdadera cara, los gatos no son todos negros, la mulata está endemoniada y el mago padece de insomnio.

Como decía Serrat, después de la fiesta cada uno a su covacha y la nueva derecha, si no tiene más pasteles ni sorpresas que ofrecer, perderá irremediablemente a su público, porque los chilenos somos medios inocentones al principio y nos dejamos seducir por cantos de sirenas, pero, tal como pasa con ellas, uno se cabrea de darles y darles besos, ya que cuando busca la prueba de amor, no hay cómo ni por donde hacerla.

El fantasma de la nueva derecha  no es más que eso, una pobre alma en pena, tratando que le crean que alguna vez fue humano aunque su rigor mortis lo tenía tieso y perdido de antemano.

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