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Monseñor Valech, testigo de los Derechos Humanos

por 25 noviembre 2010

Lejos de la imagen que se hace de Mons. Valech, él no siempre estuvo comprometido con la defensa de los derechos humanos e incluso durante años fue un firme contradictor de la Iglesia de los pobres.

Sin duda que el nombre de Monseñor Valech quedará grabado en la historia reciente de nuestro país, principalmente por su actuación en la defensa de los derechos humanos, conculcados bajo el Régimen Militar.

En efecto, Mons. Sergio Valech es uno de aquellos pastores de la Iglesia Católica que encarnaron en sus vidas un claro testimonio evangélico en defensa de la dignidad de las personas.  Signo de una Iglesia que luego de la renovación conciliar, en los años 60 del siglo pasado, se comprometió en su servicio al mundo con los derechos humanos y su causa dejando atrás períodos históricos, como el decimonónico, en que se mantuvo en la defensa del orden establecido y rechazando las libertades individuales.

En América Latina luego de las Conferencias Episcopales de Medellín (1968), Puebla (1979) y Santo Domingo (1992) el compromiso  profético se evidenció tanto en la defensa de los derechos humanos, como en la opción preferencial por los pobres y las comunidades eclesiales de base en el marco de la redefinición de la misión evangelizadora.

Lejos de la imagen que se hace de Mons. Valech, él no siempre estuvo comprometido  con la defensa de los derechos humanos e incluso durante años fue un firme contradictor de la Iglesia de los pobres.

Pero lejos de la imagen que se hace de Mons. Valech, él no siempre estuvo comprometido  con la defensa de los derechos humanos e incluso durante años fue un firme contradictor de la Iglesia de los pobres.

Precisamente lo que interesa destacar aquí es que en la figura notable de este pastor, se da un proceso muy admirable de conversión a lo que la realidad y el Evangelio le solicitaban en una determinada coyuntura.

No cabe duda que Monseñor Valech pasó de tener distancia con las posturas del Cardenal Silva Henríquez y la Vicaría de la Solidaridad en los años 70, a una postura cada vez más próxima e incluso comprometida con la defensa de los derechos humanos en los años 80.  El momento clave, sin duda, fue la confrontación con el entonces Fiscal Militar Fernando Torres,  cuando le negó en 1989 el acceso a las fichas médicas de quienes se atendían en la Vicaría de la Solidaridad.

Monseñor Valech será recordado por su labor en la Vicaría de la Solidaridad desde 1987; por su participación en la mesa de Diálogo sobre Derechos Humanos en el año 2000 y por su presidencia de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, precisamente conocida como Comisión Valech.

Quizás no sea reconocida su generosidad, su bonomía, su capacidad de gestión, en fin, su vida austera y su renuncia al dinero, dado que éstas eran facetas menos conocidas para el grueso del público.

Monseñor Valech ha sido un pastor que, buscando ser fiel a su compromiso con el Evangelio del amor y de la justicia, se encontró en su vida con graves desafíos y  empeñó su vida con valores trascendentes. Como afirmó en una ocasión reciente: “He cumplido con un deber de justicia”.

La sociedad chilena se lo agradece. Esta sociedad que ha sufrido experiencias históricas tan dramáticas, como las violaciones a los derechos humanos, debe saber agradecer el testimonio de vida de personas, que como Don Sergio, nos marcan una senda ejemplar en la construcción de una convivencia más justa y humana.

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