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El más reciente zarpazo contra la memoria

por 29 noviembre 2010

Durante más de veinte años se ha abusado de la mala memoria de los chilenos, desfigurando la realidad sobre el Gobierno Militar y, particularmente, ocultando por completo el hecho de que la Unidad Popular, con pleno conocimiento de sus hombres de gobierno, tenía veinte mil o más hombres en armas, un verdadero ejército clandestino, al cual las fuerzas armadas y carabineros debieron derrotar.

El periodista Ascanio Cavallo, en "La Tercera" de hoy, bajo el título de "El Último Zarpazo", lanza precisamente un último zarpazo lleno de suposiciones injuriosas contra el Gobierno Militar a raíz de haberse presentado por el Ministerio del Interior una querella por el supuesto homicidio de José Tohá, que hace 36 años se suicidara en dependencias del Hospital Militar, donde estaba detenido en precaria condición de salud física y mental.

El artículo de Cavallo está lleno de dicterios que delatan sus prejuicios y habla de "torturas inclementes y sostenidas" (no probadas) contra Tohá, sin otra base que la repetición del infundio durante decenas de años, califica de "psicótico" el actuar del gobierno que salvó a Chile del golpe totalitario, al cual atribuye haber "lanzado a Tohá a ese túnel sin fondo, oscuro, inexplicable de los primeros años de la dictadura" y, para coronar su esfuerzo por inculpar sin pruebas a alguien del supuesto homicidio --que no pudo ser probado durante 36 años, pese a que en veinte de ellos gobernaron regímenes de la Concertación que fueron estructurando una justicia de izquierda implacable con los uniformados-- termina deslizando sin ninguna base que "entran en la habitación de un Tohá casi ciego y en 45 kilos, los desconocidos de siempre..." entre los cuales sitúa, como es costumbre entre los de su línea, al entonces joven teniente Miguel Krassnoff Martchenko, tal vez el hombre más injustamente vilipendiado de Chile y condenado ilegalmente a presidio perpetuo de hecho, siendo una persona honorable.

Falso lo que afirma Cavallo, porque hace año la periodista Gisela Silva Encina escribió la biografía de Krassnoff, "Prisionero por Servir a Chile" (Editorial Maye, 2007), donde se refiere la verdad.

De ella consta que Krassnoff, siendo joven teniente, estuvo en la Escuela Militar en los tiempos siguientes al pronunciamiento del 11 de septiembre de 1973 y desde allí fue enviado en comisión de servicio, en diciembre de ese año, como oficial a cargo de la seguridad del Presidente de la Junta, y no volvió a ver a Tohá.

Su único contacto con él lo tuvo en la Escuela Militar, antes de ser enviado a Dawson, pues el teniente tenía la misión de visitar a los personajes de la UP allí detenidos.

La biografía relata así los hechos:

"De esa experiencia, el hoy brigadier Krassnoff recuerda algunos hechos que por distintas causas lo impresionaron.

"Uno de ellos fue una conversación con el ex ministro del Interior, José Tohá. Una mañana, al hacer su visita diaria a todos los detenidos, el teniente Krassnoff encontró al ex ministro mirando por una ventana hacia la cordillera de los Andes. Había en su rostro una expresión tal de tristeza, que el oficial le preguntó si le sucedía algo.

"No. Nada en especial --le contestó éste--. Y en seguida, sin despegar la vista de las montañas, prosiguió como absorto en un soliloquio:
--¿Qué bello es nuestro país!... y pensar que nosotros fuimos responsables de este desastre.

"El teniente Krassnoff no le contestó, pero se sentó silenciosamente a su lado.

"Créame, teniente --le dijo Tohá--, que nosotros sabíamos que la única solución para Chile era una intervención militar como la de ustedes. No había otra alternativa para resolver la gravísima situación a que habíamos llegado y ésta fue culpa nuestra. Yo espero, por el bien de mi patria, que ustedes logren resolver lo antes posible los graves problemas que hay. Pero no les va a ser fácil. Hay mucha anarquía y nosotros permitimos que se desatara el odio entre hermanos. ¿Sabe usted lo que esto significa?

Usted es muy joven todavía para alcanzar a medir lo que costará pacificar a este país... En todo caso, a usted le deseo mucho éxito y mucha suerte... Desconozco cuál será mi destino, pero estoy dispuesto a afrontar todas mis responsabilidades. No crea que para mí es fácil decir todo esto, pero es la verdad. Siento una profunda tristeza y una enorme decepción por todo lo sucedido" (p. 108).

Ese fue el encuentro entre Krassnoff y Tohá. Véase cuán diferente a la torva suposición que hace Cavallo en su artículo lleno de suposiciones infundadas, que sólo puede publicarse en un país de cerebros lavados, en que el último lugar en las prioridades históricas y éticas lo ocupa la verdad.

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