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Por qué Chile debe seguir en Haití

por 1 diciembre 2010

Por qué Chile debe seguir en Haití
La noción de que Chile, citado como ejemplo de un país del Sur que ha logrado prosperar en la globalización, pueda decidir beneficiarse de este nuevo orden sin cumplir con sus deberes para el mismo no corresponde. La política exterior chilena desde los albores del siglo XX hasta el presente ha estado comprometida con el derecho internacional y con los organismos multilaterales.

La participación de Chile en MINUSTAH, la misión de la ONU en Haití, está de nuevo sobre el tapete. Desde que, en marzo de 2004, Chile, respondiendo a una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, en notable demostración de capacidad de respuesta a una crisis, despachó 300 efectivos a Haití en 72 horas, hasta ahora, cada cierto tiempo ello ocurre. Los argumentos varían, aunque su lógica no siempre es obvia.

Los llamados de ahora a retirarnos de Haití fueron gatillados por la participación de cascos azules chilenos en enfrentamientos a raíz de la epidemia de cólera. Esto indicaría una preocupación por la seguridad de nuestras tropas. Antes, se dijo lo contrario. Haití ya estaría pacificado, y por ello la presencia del destacamento chileno (como el de toda MINUSTAH) estaría demás. Otros han dicho que Haití está lejos de Chile y que no tiene relevancia para nuestra seguridad nacional (pero, curiosamente, Bosnia sí la tendría). Ello ignora que las operaciones de paz (OOPP) no responden a criterios de cercanía geográfica.

Los porfiados hechos son sencillos:

1) Haití era y sigue siendo el país más pobre del continente. Sus indicadores corresponden a países de África Central. A su pobreza, suma inestabilidad política y fragilidad institucional, algo subrayado por las dificultades de las elecciones presidenciales del 28 de noviembre.

2) Para muchos, Haití corre el peligro de caer entre los “Estados fallidos”, esto es, de espacios no gobernados en el Tercer Mundo, desde los cuales grupos terroristas, de traficantes de drogas o del crimen organizado pueden hacer su agosto. La presencia de MINUSTAH ha evitado esto.

3) Haití es víctima frecuente de desastres naturales. En 2008 lo fue de cuatro huracanes, que dejaron 800 muertos y varias ciudades (como Gonaives) sumergidas. El 12 de enero pasado lo fue de un terremoto que destruyó Puerto Príncipe y dejó 230 mil muertos, el mayor desastre en las Américas desde que se tiene memoria. La reciente epidemia de cólera ha causado 1.500 víctimas fatales.

Con 600 efectivos, Chile tiene una participación de peso, que corresponde al tamaño y a la política exterior de nuestro país. Participar en las OOPP es un deber cívico internacional.

En estos años, Haití ha avanzado (por ejemplo, con altas tasas de crecimiento en varios años), pero aún no está listo para enfrentar sus desafíos sin la colaboración de la comunidad internacional. Si el gobierno de Haití lo pidiese, la ONU retiraría su misión. Por buenas razones, el Presidente René Préval no lo ha hecho, y quienquiera que sea su sucesor tampoco lo hará, al menos no en el futuro inmediato.

MINUSTAH, con 12 mil efectivos, es la primera OOPP con una mayoría de tropas latinoamericanos. Ello le da un significado especial. Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Guatemala, Paraguay, y Perú son parte de ella. Ejerciendo liderazgo, Chile fue el primer pais de la región en enviar tropas en el 2004. Un chileno, Juan Gabriel Valdés, fue el primer Representante Especial del Secretario General de la ONU, y jefe de la misión. Otro chileno, el general Eduardo Aldunate, fue vice-comandante (y por un tiempo, comandante interino) de los cascos azules. Ambos jugaron un papel clave en facilitar las elecciones de febrero de 2006, que le dieron al país un gobierno democrático.

Chile se ufana de su larga participación en misiones de observación y de paz de la ONU. La verdad es que hasta MINUSTAH se trataba de una participacion muy reducida, rara vez con más de 50 efectivos. En los 90, era frecuente que países con FF.AA. mucho mas pequeñas y presupuestos de defensa muy inferiores, como Bolivia o Paraguay, tuviesen más tropas que Chile en OOPP. Esto era insostenible. En Haití esto cambió. Con 600 efectivos, Chile tiene una participación de peso, que corresponde al tamaño y a la política exterior de nuestro país. Participar en las OOPP es un deber cívico internacional. La noción de que Chile, citado como ejemplo de un país del Sur que ha logrado prosperar en la globalización, pueda decidir beneficiarse de este nuevo orden sin cumplir con sus deberes para el mismo no corresponde. La política exterior chilena desde los albores del siglo XX hasta el presente ha estado comprometida con el derecho internacional y con los organismos multilaterales. En el pasado más reciente, lo ha estado, como en UNASUR, con la cooperación política sudamericana y latinoamericana.

Además de ser un instrumento de política exterior (para Brasil, que tiene la mayor presencia de efectivos en MINUSTAH, que pronto llegarán a los 2.600, y la comandancia de los cascos azules, es una alta prioridad), las OOPP constituyen una oportunidad para el desarrollo profesional de nuestras FF.AA. Desde su fundación, la FACH jamás ha participado en una guerra. El hacerlo en lucida forma con su unidad de helicópteros en las operaciones post-primera guerra del Golfo en 1992-1993, fue una experiencia profesional valiosa para nuestros pilotos de guerra. Ello no es replicable en ningún entrenamiento en casa. Algo similar puede decirse de la presencia de integrantes de todas nuestras FF.AA. y de Orden en Haití.

El que, después de haber liderado la participación latinoamericana en Haití en el 2004 y haber jugado un papel tan destacado y honorable, Chile ahora fuese el primer país de la región en “arrugar” y abandonar Haití antes de poder decir “misión cumplida”, daría una señal confusa a la región y al mundo.

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