Jueves, 8 de diciembre de 2016Actualizado a las 20:10

Opinión

Autor Imagen

Cambio de clarinete

por 3 diciembre 2010

Cambio de clarinete
A estas alturas todos sabemos quién realmente dirige la orquesta en Chile. No es RN ni la UDI. No es Teatinos 120 ni tampoco gobierna toda La Moneda. En Chile dirige el trío conformado por el Presidente –súper e hiper ministro de varias carteras-, su Segundo Piso y Rodrigo Hinzpeter. Por lo mismo, es hora de remover los violines gastados. Es hora de que el mariachi mayor –Piñera—se deshaga de los guitarrones desafinados.

El gobierno ha despilfarrado uno de los mayores capitales políticos que autoridad alguna pudo haber imaginado, como fue el episodio de los mineros. Lo que pudo haber sido la catapulta de la nueva derecha; lo que pudo haber sido la épica de la nueva forma de gobernar, terminará desvaneciéndose como episodio político. Por lo mismo, Piñera debe dar un golpe audaz, si es que desea retomar el timón en serio. A estas alturas todos sabemos quién realmente dirige la orquesta en Chile. No es RN ni la UDI. No es Teatinos 120 ni tampoco gobierna toda La Moneda. En Chile dirige el trío conformado por el Presidente –súper e hiper ministro de varias carteras-, su Segundo Piso y Rodrigo Hinzpeter. Por lo mismo, es hora de remover los violines gastados. Es hora de que el mariachi mayor –Piñera—se deshaga de los guitarrones desafinados. Es hora de un cambio de clarinete.

Cuando existe un centro decisional claro, los demás ministros y ministerios son fusibles y deben estarse al diseño estratégico definido. Y en ese diseño, Piñera tiene falencias a estas alturas insalvables, por lo que un cambio de clarinete se hace indispensable. Si el centro decisional no comunica bien, es evidente que debe haber un cambio de vocería. Ena Von Baer sería excelente ministra en cualquier otro gobierno de la derecha, menos en el de Piñera. Cuando hace una declaración, a los propios periodistas les sale natural preguntarle “¿y qué piensa el Presidente?”, como si ella no fuera la encargada precisamente de eso, de entregar la voz del mandatario. No tiene una relación histórica con la UDI, no tiene peso político específico. Candidata número uno para cambio en La Moneda.

Cuando existe un centro decisional claro, los demás ministros y ministerios son fusibles y deben estarse al diseño estratégico definido. Y en ese diseño, Piñera tiene falencias a estas alturas insalvables, por lo que un cambio de clarinete se hace indispensable.

Su sucesor puede venir de dos lados. Uno es un clarinete de bronce esmaltado, tonos agudos y encariñado con la opinión pública: Lawrence Golborne. Pero eso sería instalar una bomba de tiempo presidencial en La Moneda y el humor de Hinzpeter sencillamente no lo soportaría. El otro es el niñito bueno del baile, el Ministro de Justicia Felipe Bulnes, buen tipo, buen abogado, que demostró su inteligencia al declarar que estaba tostado con las parkas rojas.

Cristián Larroulet es como Manuel Pellegrini. Brillante, serio, informado, todo un gentleman de la política. Lideró la discusión parlamentaria cuando estaban en la oposición desde el Instituto Libertad y Desarrollo. Los ministros de la Concertación a veces negociaban directamente con él. Pero le ha faltado fuerza al llegar al Real Madrid de la política, como es la SEGPRES. Como a Pellegrini, se la critica la falta de pasión. Mucha estadística, poca política. Mucho delivery unit, pocas nueces. Pero Piñera debiera dejarlo. Porque los Mourinhos de este mundo terminan siendo más charlatanes que otra cosa, Larroulet merece un remezón y convertirse en el articulador que toda la derecha espera.

El equipo económico aparentemente lo hace bien, porque estamos creciendo, pero nadie sabe a ciencia cierta si es por ellos o por el vuelito del gobierno pasado. Larraín es –de lejos—el ministro de Hacienda con menos peso desde la época de Escobar en los años 80. El rechazo al reajuste ha sido la última evidencia, pero la impericia política para transformar otras leyes importantes –como el royalty o la maquillada alza de impuestos- en grandes acuerdos y no cortos disensos, también delatan lo que todos sospechan: el verdadero Ministro de Hacienda es el economista Sebastián Piñera. Del Ministro Fontaine, o el de Transportes, o Energía, muy bien, gracias.

En lo sectorial hay varios candidatos al cambio. La batuta la lleva la Ministra del Trabajo, quien sencillamente no ha logrado hallarse en ese Ministerio. ¿Cuál es la agenda laboral del gobierno?

En Vivienda y MOP se ha desaprovechado una oportunidad única, como era la reconstrucción después del terremoto. Se pudieron haber anunciados obras sin parangón; se pudo haber convocado a la comunidad para re-diseñar ciudades enteras; se pudo haber implementado sistemas de entrega especial de viviendas. Pero se terminó con miles de personas en la calle de manera indigna, mendigando un subsidio. Claramente, allí debe haber cambio de clarinete.

Salud es un caso crítico. El Presidente ha intentado todo tipo de inyecciones a la vena, pero ni el ministro prende, ni sus políticas son comprendidas. El bono AUGE –anunciado ya cinco veces sin que nadie lo entienda- parecía ser el último salvataje. Mañalich se transformó en el paramédico de cabecera de todo Chile; estuvo inexplicablemente, estetoscopio al cuello, al lado de cada minero; lo mandaron a supervisar el accidente del bus en Talagante; hasta un pitbull andaba buscando para ver si atendía a alguien, pero no hay caso, el Ministro no prende. Se requiere otro clarinete en esa línea.

Del resto del gabinete, poco y nada. Hay algunos potenciales comunicacionales sub-explotados, como el Ministro Kast de MIDEPLAN o la Ministra Schmidt, del SERNAM. Esos clarinetes hay que traerlos a primera fila, al lado de los violines y cerca del director de orquesta.

Por último, hay que deshacerse ahora mismo del timbal del fondo de la orquesta, el de Chiledeportes, el que tocó desafinado desde un comienzo y que terminó embarcando al Presidente en un desaguisado colosal, como fue la salida de Mayne-Nicholls y Bielsa. Si no sale Ruiz-Tagle en esta vuelta, sencillamente no se entiende en La Moneda que lo de los conflictos de interés y el temor ante la tremenda concentración del poder es algo que si preocupa a la gente.

El gobierno tiene un problema de popularidad, lo que no sería problema si es que se tratara de eventos transitorios. El sube y baja en las encuestas es algo normal en todo período. Pero aquí parece haber algo mayor. La falta de credibilidad en el mundo popular parece ser respondido con hiperactivismo comunicacional. Ser popular no es ponerse populachero. Y el público que asiste a este concierto parece haberse dado cuenta.

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes