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El Juego de las Estadísticas

por 7 diciembre 2010

El "caballo de batalla" de la Concertación de Partidos por la Democracia, oposición al Gobierno Militar, en el plebiscito de 1988 fue la cifra de "cinco millones de pobres", que se basó en una medición muy citada y a la cual muchos atribuyeron una importancia fundamental en el resultado que favoreció al "no".

En esa época los economistas de gobierno demostraron que la cifra de pobres podía reducirse sustancialmente si se excluía a los limones de la canasta de consumo popular, pues esa fruta tenía una ponderación muy alta y, debido a las heladas registradas el año anterior, había subido a precios astronómicos.

Ahora el ex Presidente Lagos se queja de que la encuesta CASEN ha hecho subir la pobreza de 13,7 por ciento en 2006 a más de 15 por ciento en 2009 porque los tomates han tenido un alza astronómica, y ha argumentado que la CEPAL, mediante el expediente de excluir alimentos que subieron mucho de precio, ha dicho que la pobreza en Chile cayó de 13,7 por ciento a poco más de 11 por ciento, en 2009. El ministro Felipe Kast ha refutado a Lagos, señalando que la encuesta CASEN ha mantenido la misma metodología empleada anteriormente y según ella la pobreza aumentó en 2009.

A todo esto, cuando se dio a conocer la cifra de la encuesta CASEN de 2006, de 13,7 por ciento de pobres, el distinguido economista Felipe Larraín, que hoy es ministro de Hacienda, señaló que esa cifra de pobreza se había logrado considerando una canasta de consumos de 1988, que era sustancialmente distinta de la que consumían los chilenos en 2006. Y procedió a recalcular, entonces, la pobreza con la canasta actualizada, lo cual arrojó que, en realidad, el nivel de ella en 2006 era de más de 29 por ciento.

Nadie ha recordado ahora este punto, pese a que hay gran debate acerca de cuál es el nivel de pobreza y acerca de si ella ha disminuido, como dice la CEPAL, o ha aumentado, como señaló la encuesta CASEN.

El hecho es que el punto no queda resuelto. Y nadie sabe, porque nadie lo ha estudiado, qué habría pasado si se aplicaran los mismos criterios que el economista, hoy ministro de Hacienda, Felipe Larraín, aplicó en 2006 y que lo llevaron a afirmar que en ese año la pobreza era superior al 29 por ciento y no 13,7 por ciento, como afirmaba el Gobierno. Ni menos a nadie se le ha ocurrido decir que si el precio de los limones infló artificialmente la pobreza en 1988 y permitió el triunfo del "no" en el plebiscito de ese año, también debería recalcularse la pobreza de 1988 (pero no recalcular los resultados del plebiscito, por supuesto, porque eso sería polìticamente incorrecto).

Si nos hubiera estado presidiendo Michelle Bachelet, ella habría designado una comisión transversal para determinar si los pobres eran cinco millones o menos en 1988, si entre 2006 y 2009 aumentó la pobreza (CASEN) o disminuyó (CEPAL) o si es hoy de más del 29 por ciento que según Larraín era en 2006 o menos que eso, estudio que podría servir para dilucidar quién tiene más razón, si el ministro Kast o el ex Presidente Lagos. Y, tal como en los casos de las otras comisiones formadas por Michelle Bachelet, al final nadie sabría cuáles fueron sus conclusiones y, en caso de saberse algunas, nadie les haría el menor caso.

Todo lo cual no viene sino a ratificar lo que un primer ministro inglés, que, creo, era Benjamín Disraeli, decía sobre estos cálculos: las mentiras se dividen, de menor a mayor, en mentiras corrientes, mentiras atroces y estadísticas.

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