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Periodismo despótico

por 8 diciembre 2010

El cuarto poder no puede llegar a transformarse en un fiscal que no se deja fiscalizar. Por eso, ellos mismos debieran ser los primeros en defender el derecho de los tribunales, de los diputados y senadores, de los empresarios, del gobierno y de las organizaciones ciudadanas, de ofrecer resistencia en caso de que se sientan vulnerados en sus derechos.

Robin Hood es un héroe para la mayoría de las personas, un paladín de la justicia, pero a mí me resulta algo antipático. Eso de hacer caridad a costa de otros no me convence. Algunos procedieron así cuando me casé, y me mandaron en vez de un regalo, el certificado de una donación que habían hecho en mi nombre al Hogar del Cristo. Loable, si no fuera porque se trataba de mi regalo.

De todas formas, Robin Hood tiene una buena causa y eso hay que rescatarlo porque roba para otros. En el fondo, es un justiciero, un amante de los equilibrios sociales, un socialista no renovado.

Algunos periodistas tienen algo de esto, no de ladrones sino de justicieros y parecen estar como al acecho para enfrentar al primer poderoso que se les ponga por delante (políticos y empresarios son sus favoritos). Su misión consiste en nivelar, en defender a los vulnerables de los abusos de los súper poderosos.

El cuarto poder no puede llegar a transformarse en un fiscal que no se deja fiscalizar. Por eso, ellos mismos debieran ser los primeros en defender el derecho de los tribunales, de los diputados y senadores, de los empresarios, del gobierno y de las organizaciones ciudadanas, de ofrecer resistencia en caso de que se sientan vulnerados en sus derechos.

La pregunta es si a veces no exageran. El caso más extremo que se me viene a la cabeza es el de Wikileaks, aunque en el medio local también ofrece ejemplos. Enfrentar al poder tiene su mérito y su gracia cuando el desafío tiene alguna razón de ser, pero cuando se hace porque uno se ha vuelto adicto al riesgo, lo que se necesita con urgencia es una terapia. Además, si de adrenalina se trata, es mucho más sano practicar deportes extremos. Entre otras cosas, para que el oficio no pierda dignidad y credibilidad a costa de ejercerlo para ventilar chismorreos de viejas.

Peor todavía cuando los medios se olvidan del equilibrio que supuestamente buscaban, y pretenden inclinar por completo la balanza a su favor. Si su idea era librarnos de un despotismo no es muy consecuente someternos a otro… el suyo propio.

El cuarto poder no puede llegar a transformarse en un fiscal que no se deja fiscalizar. Por eso, ellos mismos debieran ser los primeros en defender el derecho de los tribunales, de los diputados y senadores, de los empresarios, del gobierno y de las organizaciones ciudadanas, de ofrecer resistencia en caso de que se sientan vulnerados en sus derechos. Sería, por decirlo de alguna manera, la prueba de blancura de sus verdaderas intenciones.

Negar este derecho, escondiéndose debajo de las faldas de la libertad de expresión, es mostrarse mal dispuesto frente al juego democrático.

Como me decía un amigo periodista cuando le habían dado a él: “Esto es sin llorar”.

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