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Wikileaks: una narrativa de la sociedad del conocimiento

por 8 diciembre 2010

Después de lo que hizo este año WikiLeaks, la relación entre los ciudadanos y el acceso a la información pública nunca volverá a ser la misma.

El torbellino desatado por la puesta para el acceso on line de 251.287 documentos del gobierno norteamericano, así como por las anteriores filtraciones ocurridas durante este año, es fascinante en cualquier caso. Pero no sólo por el contenido parcialmente revelado de dichos documentos, mucho de lo cual es en realidad insignificante y sólo sirve para alimentar nuestras pasiones por el escándalo o el chisme. Lo fantástico de este asunto es que a partir de algunos acontecimientos concretos vemos dibujarse nítidamente los rasgos de la sociedad mundial del conocimiento que verdaderamente tenemos, es decir, de una sociedad cruzada por múltiples confrontaciones entre narrativas del acceso libre, por un lado, y de la clausura del conocimiento, por el otro.

Wikileaks realiza operaciones de apertura del conocimiento. Hurga en datos, pero sobre todo recibe colaboraciones y denuncias anónimas. Funciona como una plaza pública en la cual se puede llevar información para que quede a disposición de todos. Los usuarios de Wikileaks pueden alojar anónimamente, mediante conexión cifrada, textos, imágenes, audios o videos. Wikileaks verifica de manera independiente la autenticidad de ese material, enviando periodistas a terreno en algunos casos , y luego lo publica. Además, se preocupan de identificar y retirar las trazas electrónicas en los documentos para proteger la identidad de sus fuentes. En la última entrega, Wikileaks ha colaborado con grandes periódicos como The Guardian y El País, permitiéndoles investigar antes la información.

Después de lo que hizo este año WikiLeaks, la relación entre los ciudadanos y el acceso a la información pública nunca volverá a ser la misma.

Dichas actividades son las de una plataforma abierta de comunicación, y no son realizadas con fines comerciales o de publicidad, sino por personas que colaboran voluntariamente para promover fines colectivos en el espacio público. El mismo Assange ha manifestado: "El primer ingrediente de la sociedad civil es el derecho de la gente a saber, porque sin tal comprensión ningún ser humano puede elegir significativamente algo. El conocimiento es el motor de todo proceso político, de cada constitución, cada ley y cada regulación. La comunicación del conocimiento no tiene equivalente. Ella está viva y es única, demandando su legítimo lugar en la cumbre de la sociedad“.

La valoración del conocimiento común construido mediante colaboraciones voluntarias en Wikileaks es similar a una serie de prácticas que desde hace tiempo están cambiando nuestras concepciones de las formas de pensar y conocer.  Julian Assange es  especialista en seguridad y un hacker conocido, ha colaborado con proyectos importantes de software libre y es el creador de Strobe, que luego inspiró la creación de nmap, una de las herramientas más importantes de penetración usada por hackers.

El software libre, el movimiento peer-2-peer, Wikipedia, los blogs, las redes sociales hace mucho tiempo que realizan prácticas de apertura y acceso al conocimiento en diversos niveles mediante el uso de las infrastructuras globales de comunicación, de manera análoga a lo que ha hecho Wikileaks con la información de los gobiernos, la cual fue puesta sin cortes a libre disposición de los ciudadanos a través de Internet.

Por otra parte, la reacción revanchista del gobierno norteamericano, así como la de otros gobiernos, la información acrítica y reverencial que difunde una mayoría de los medios de comunicación, y, finalmente, la sintonización de las empresas tecnológicas que cortan las alas a Wikileaks, bajándolos de sus webservers, retirandoles el DNS, etc., muestran las narrativas de clausura del conocimiento que se afincan en nuestros gobiernos, los sistemas de medios y en la economía. En dichas narrativas, el valor político de la información yace en su secreto, el valor mediático en su contenido escandaloso y el valor económico en obtener beneficios y evitar los perjuicios de corto plazo. Todos estos poderes y estos valores se conciertan ahora para desactivar a Wikileaks y para conjurar que algo semejante pueda volver a ocurrir. Sin embargo, las actividades de Wikileaks, especialmente por la difusión y profundidad que tuvieron este año, ya se están inscribiendo en el imaginario del acceso libre al conocimiento, como antes ocurrió con Linux, Napster, Wikipedia y Youtube.

Las iniciativas actuales de refuerzo del control de los datos de los gobiernos y  denostación pública de Assange como un hacker peligroso, pueden, haciendo uso de la conocida narrativa de la amenaza a la seguridad y la gobernabilidad, llegar a afectar a Wikileaks, sin duda. Pueden incluso terminar con dicha organización. Pero tal y como le sucedió a las discográficas en su lucha por imponer la propiedad intelectual -que pudieron desactivar a Napster, pero luego debieron seguir con AudioGalaxy y luego las descargas directas -  el negocio nunca volvió a ser el mismo. De la misma manera, después de lo que hizo este año WikiLeaks, la relación entre los ciudadanos y el acceso a la información pública nunca volverá a ser la misma.

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