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La matanza de San Miguel

por 9 diciembre 2010

El problema no es un guardia de turno, una cañería desperfecta, la riña supuesta de los reos. El drama ha sido el espejismo del atajo de la mano dura y la penalización carcelaria exagerada.

Lo de la Cárcel de San Miguel es una matanza; la omisión lesiva  no tendrá justificación. Chile se volvió un país muy duro, con el mayor porcentaje de reos de Sudamérica per cápita, sin medidas alternativas operando, con un gasto ínfimo en rehabilitación, con  la política de “mano dura” -el espejismo ultra conservador- que se coló en casi toda la política.

Se despreció a la propia Iglesia en sus peticiones de indulto y misericordia. No faltarán los que están contentos: “la limpieza social se ahorró un centenar de problemas”.

Con el Padre Luis Escobar de la nueva cárcel de Rancagua, “la modelo”,  denunciamos la docena de suicidios cuando se les encerraba a las 6 PM. No había ningún arbusto o planta (“pueden hacer licores”), ni la cancha de fútbol prometida (sólo una multi cancha para dos mil), los talleres laborales alcanzaban para 300,  etc, etc.

El problema no es un guardia de turno, una cañería desperfecta, la riña supuesta de los reos. El drama ha sido el espejismo del atajo de la mano dura y la penalización carcelaria exagerada.

Los países de alto desarrollo  buscan la fraternidad, como dicen los focolares, el principio olvidado de la Revolución Fraternidad, en un mundo muchas veces polarizado por la demanda de la libertad económica de la derecha y por la reivindicación igualitarista de las izquierdas. La fraternidad pone el acento en el humanismo y la posibilidad infinita de convivencia,  regeneración, lazos,  vida a escala humana, apertura sin miedo “al otro”. Esto no tiene nada de retórica banal. Los grandes números no mienten sobre nuestro engaño. En los países menos violentos se construyen barrios integrados, el “sistema punitivo” no se reduce a lo “carcelario” y pone su acento en las condiciones de las familias, la rehabilitación, el cumplimiento alternativo de penas. Aunque duela decirlo una  y otra vez en Chile, en los derechos de los infractores de ley, hay muchas veces “víctimas”.

Cuerpos retorcidos, calcinados, gritos, miradas de jóvenes perdiéndose en el ahogo final. En Argentina salió el Alcalde de Buenos Aires ante la masacre en una discoteque sin salidas de escape. En Chile no rodarán cabezas y en verdad lo que importa es un viraje, un cambio sustancial. Pienso en los familiares de Pablo Morales, un ex lautarista que lleva preso meses sin cargos. En la crisis de los sistemas para jóvenes que ameritan de una vez una misión internacional  de la política integral que se desarrolla en países como Noruega, Francia o España (o escuchar a Pablo Egenau y los jesuitas que “nunca pierden la esperanza en el otro”.) En mediación de la conflictividad hay que aprender de la propia Argentina, en Costa Rica o Nueva Zelandia. El “premio” a las concesionarias debe ser un “rehabilitado” y no más reos, como lo denunció hasta el cansancio el abogado Mauricio Salinas.

Salinas, Egenau y Baranda, debieran estar en una comisión “nacional” para repensar. Paula Vial y su equipo de la Defensoría Penal editaron historias de reos, que muestran las vidas, las familias, los contextos, las debilidades, el espiral de violencia que es la no-opción de muchos. El problema no es un guardia de turno, una cañería desperfecta, la riña supuesta de los reos. El drama ha sido el espejismo del atajo de la mano dura y la penalización carcelaria exagerada.  La razón es la dureza ambiental que se convirtió en estado de ánimo nacional. Monseñor Goic quiso gestos de perdón en el Bicentenario. No hubo estadistas disponibles. Nos quedamos con la matanza y la dureza. Ojalá aprendamos y viremos a sistemas fraternos, que creen en el “otro”.

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