Jueves, 8 de diciembre de 2016Actualizado a las 22:18

La nueva forma de gobernar la Junji

por María Estela Ortiz Rojas, ex Vicepresidenta Ejecutiva Junta Nacional de Jardines Infantiles 9 diciembre 2010

Esta semana  quedará  marcado para muchas personas que creyeron que el país había cambiado, que algo importante se había  logrado en estos años  de democracia, aunque quedaban muchos sueños y proyectos inconclusos. Creyeron en los discursos de campaña que aplaudían la honestidad,  pensar diferente, siempre que se trabajara y mantuviera el compromiso en un proyecto que todos aplaudían y apoyaban. Un programa que se anunció sería potenciado, ya que era uno de los mejores proyectos del gobierno de la Presidenta Bachelet.

Los alcaldes, diputados y senadores de la Alianza fueron testigos, muchas veces en terreno durante sus respectivas campañas, de como se construyeron las salas cunas y jardines sin discriminar por militancia del alcalde. Existía coherencia con el objetivo central:  llegar donde más se necesitaba. Fueron y participaron entusiastas en  las inauguraciones, pidieron que se avanzara más. Mostraron el mismo interés que los dirigentes de la Concertación por profundizar los programas en calidad educativa.

Muchos plantearon un aumento de presupuesto para permitir que los programas de crecimiento  en personal, que significara contar con más profesionales capacitados en los jardines y en las direcciones regionales pudiera concretarse. También  aplaudieron la política de Buen Trato, el acceso de los niños con necesidades educativas especiales, los jardines interculturales, el trabajo en el hospital de Concepción con los prematuros. Aplaudieron la llegada a los rincones más alejados de nuestra geografía donde se construyeron  espacios educativos de calidad, donde además de entregar calidad educativa se  entregó  dignidad.

Nunca más educación pobre para los pobres.

Como testigo privilegiada de estas declaraciones de los ahora dirigentes del bloque de gobierno, les creí y pensé que era posible ponernos de acuerdo. Pensar juntos en Chile, en los niños, en disminuir la gran inequidad que tenemos y que nos  avergüenza. Que era verdad que la derecha, esta vez sí pensaba que invertir en infancia, como piensa actualmente la corriente mundial  basada en  evidencias científicas, es invertir en desarrollo, en forma eficiente y sin temor a equivocarse.

Me equivoqué. Fui ingenua  y hoy siento mucho dolor cada vez que leo  las cartas, notas o correos de profesionales y técnicos de la JUNJI,  a quienes jamás pregunte su militancia. Solo les  pedí lealtad y compromiso con el desafío que emprendíamos. Jamás  segregué , despedí o no contraté por razones políticas. Las personas de derecha a algunas de las cuales contraté en cargos de responsabilidad pueden dar fe de mis palabras. Hoy, ellos me agradecen haberles dado la posibilidad de participar en un hermoso proyecto y sienten vergüenza de ser testigos de cómo se desarrolla en JUNJI “la nueva forma de gobernar”.

Me duelen los despidos, me duele el miedo que han generado en  quienes se quedan y no dicen nada por  temor a engrosar una nueva lista, me duelen las desconfianzas que se han creado entre los equipos de trabajo. En esto tienen experiencia, de esta manera el silencio opera eficiente y eficazmente, como la peor arma y el éxito de la desmovilización cumple sus efectos. Les pido disculpas a cada uno y cada una de quienes están siendo despedidos por haber simplemente trabajado conmigo, por ser leales, por creer que era posible aportar a construir un país diferente. Son excelentes profesionales, pero seguramente les costara encontrar trabajo.

Es duro e injusto lo que viven y  el camino que comienzan a caminar, es triste lo que están viviendo y es terriblemente injusto. Solo decirles que no pierdan las ganas, como se los dije tantas veces, que vale la pena creer en el hombre a pesar de todo, que vale la pena y tiene sentido vivir para aportar en la construcción  de un país donde no se discrimine por pensar diferente. Es duro  darse cuenta que la derecha chilena no aprendió la lección, que el cambio anunciado es solo cosmético y que la nueva forma de gobernar fue un buen slogan de campaña.

El mundo gira en otra dirección, Chile no es el mismo y los ciudadanos toman cada vez más conciencia para luchar por sus derechos. Y el trabajo es uno de ellos.  Todos ustedes formaron parte de un valioso equipo que se comprometió con un sueño y que cambió el rostro de esos niños y madres que tuvieron la oportunidad de recibir una formación de calidad para competir de igual a igual con quienes la vida les dio mayores oportunidades. Sin el aporte de cada uno de ustedes, eso no habría ocurrido.

(*) María Estela Ortiz Rojas,

ex Vicepresidenta Ejecutiva

Junta Nacional de Jardines Infantiles

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