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Tragedias que podrían evitarse

por 9 diciembre 2010

El sistema carcelario chileno es un "juego de suma negativa", porque en él todos pierden.

Primero, se dice que los presos "pagan su deuda con la sociedad". No es verdad. No pagan nada. Son castigados, es verdad, pero lo único positivo que resulta de ello para la sociedad es un discutible efecto ejemplarizador de la sanción, muy difícil de cuantificar.

¿Cómo podrían pagar mejor los presos su deuda con la sociedad? Como se pagan todas las obligaciones: con dinero. Si pudieran trabajar y generar ingresos, podrían pagar, partiendo por aliviar a la sociedad de correr con el propio sustento de ellos, pues ahora es el erario el que lo financia.

Segundo, si se reemplazaran los penales de mero encierro por centros donde los presos trabajaran bajo una organización empresarial, en lugar de cárceles hacinadas habría unidades de producción, en los que aquellos estarían privados de libertad, pero no hacinados. Esto sería posible porque el trabajo genera recursos y los recursos permiten financiar establecimientos en que se evite el hacinamiento.

Hoy los presos viven generalmente ociosos, además de hacinados. En el penal de San Miguel había mil 800, siendo que su capacidad era de 700. Esa ha sido la norma en las cárceles chilenas. En ellas no se remedia el delito, se agrava. Por eso se dice que allí "el bueno se hace malo y el malo se hace peor". Proliferan todos los vicios y degeneraciones. Impera la ley del más fuerte, que siempre es uno de los presos. ¿De dónde nace todo eso? Del encierro, la ociosidad y la sobrepoblación.

Si hubiera campos de trabajos productivos forzados, con vigilancia policial pero regidos con mentalidad empresarial, se evitarían todos esos problemas. Las colonias penales tenían sus virtudes, pero se han terminado y las hemos reemplazados por estos centros de hacinamiento, ocio y vicio. ¿Cómo no iba a ser mejor el penal de la isla Santa María que la Penitenciaría de Santiago?

El Estado chileno es dueño de 17 mil predios o inmuebles. ¿Cuántos de ellos, como campos o islas, no podrían ser apropiados para licitarlos como centros de trabajo de los presos, a cargo de empresas productivas, donde produjeran bienes, en lugar de males, como hoy?

Claro, todo eso significaría hacer una verdadera reforma penitenciaria profunda, señera probablemente en el mundo. Pero las ganancias sociales y privadas serían muy grandes, pues, primero, se terminaría con el hacinamiento; segundo, los presos financiarían su propia manutención; tercero, podrían generar un excedente que les permitiría, realmente, "pagar" su deuda con la sociedad, es decir, abonar el valor de lo que produjeran a los días de encierro a que hayan sido condenados; y, cuarto, permitiría la dignificación del trabajo y el respectivo aprendizaje, que los haría mejores, no peores, como hoy.

Todas estas ideas, como otras que se originaron en Chile en los años '70 y '80, tienen pocos precedentes y van contra la corriente en muchos aspectos teóricos del derecho penal, al cual habría que introducirle cambios grandes si ellas se impusieran. Pero así como las ideas puestas en práctica en Chile en los años '70 y '80 fueron señeras para el resto de la Humanidad, ésta también podría serlo.

Desde luego, una reforma carcelaria como la señalada evitaría tragedias como la que se ha registrado en San Miguel, porque la propia naturaleza de los establecimientos penales la haría imposible.

El problema carcelario ha sido una constante negativa de nuestra sociedad a través de muchos años y los paliativos que se le han aplicado han sido siempre insuficientes. Lo que correspondería ahora sería un cambio revolucionario como el señalado más arriba, que permitiría transformar la penalidad de los delitos en un "juego de suma positiva", donde ganarían los presos, que emplearían útilmente su tiempo y posiblemente mejorarían sus habilidades laborales, pudiendo acortar sus penas gracias a su productividad económica, aparte de que se evitaría su degradación moral; ganaría el Estado, que podría resarcirse de los gastos de mantención de los presos con el trabajo de éstos; y ganaría la sociedad, porque una cuantiosa fuerza de trabajo ociosa pasaría a producir bienes que aumentarían el bienestar social.

Tal vez una tragedia como la vivida hoy pueda dar origen a un cambio que permita obtener para todos, pero especialmente para los reos, frutos positivos, porque por algo el vocable "crisis" se escribe en chino con dos caracteres: el de "peligro" y el de "oportunidad".

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