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Assange: la venganza del establishment

por 13 diciembre 2010

Assange: la venganza del establishment
Assange ha transparentado la sala de máquinas del sistema político, económico y militar del planeta. Así es que ahora lo transparentan a él: sus condones, sus mujeres, sus noches, sus cuentas, sus orígenes. Existe eso, lo estamos viendo, que se llama la venganza del sistema.

Dos mujeres suecas que accedieron (separadamente) a irse a la cama con Julian Assange han presentado denuncias en su contra por haber prescindido él de preservativo en medio de aquellas acciones. Por esa razón, se nos ha explicado, está hoy preso e incomunicado en una cárcel británica. Al mismo tiempo (y esto nada tiene que ver con lo anterior) su sitio wikileaks ha sido privado de servidor, sus cuentas intervenidas, en tanto algunas autoridades de alto nivel lo consideran un terrorista.

Assange ha dado a conocer datos reales que nadie ha desmentido, documentos donde aparece de qué modo actúan los funcionarios en cuyas manos está hoy la humanidad. Su sitio wikileaks ha hecho realidad, finalmente, las necesidades de transparencia que reclaman tantos. ¿Querían la verdad? Ahí la tienen. Pero hoy no sabemos si ir al sitio wikileaks es un delito o un derecho, si al abrirlo nos va a caer en la cabeza un misil del Vaticano o de quién sabe qué.

Las filtraciones nos están permitiendo ver a las ratas que operan con datos privados, con burlas, con desprecio, a los que trafican armas, a los que doblan el espinazo ante los bancos y corporaciones, a los que dan la cara y a los que no la dan, quedando en evidencia la lógica interior de un sistema o establishment cuyas acciones pagamos después todos con sudor y sangre: guerras, fraudes, debacles económicas, injusticias, secretos raros, interferencias. No se trata tanto de hechos atroces, como de malas prácticas.

La justicia divina le está cayendo encima al audaz australiano: si cae fulminado, sus acusadores se convertirán ante nuestros ojos en dioses. Y él, con sus revelaciones, se hundirá en el fango mediático.

Assange ha transparentado la sala de máquinas del sistema político, económico y militar del planeta. Así es que ahora lo transparentan a él: sus condones, sus mujeres, sus noches, sus cuentas, sus orígenes. Existe eso, lo estamos viendo, que se llama la venganza del sistema.

Lo que está en marcha, finalmente, no es tanto una serie de procesos judiciales sino una operación mediática que evoca a la justicia divina: aplastar al insolente, para que ello sirva de escarmiento a los que quieran seguir por esa vía. Más que el deseo de dar reparación y justicia a las mujeres que lo han denunciado, lo que salta a la vista es la intención de barrer con el periodista, y eso ya lo han confirmado las autoridades norteamericanas que tienen a un amplio equipo de abogados escudriñando textos legales con la finalidad de acusarlo, en general, de lo que sea.

Hay una justicia humana, que es la que es, a veces cobarde, algo burocrática, pero finalmente la que está a la mano, la que vemos si nos pasan un parte o alguien nos denuncia. Y una justicia divina, el rayo del Olimpo que parte en dos a los atrevidos, y esta justicia, la divina, le está cayendo encima al audaz australiano: si cae fulminado, sus acusadores se convertirán ante nuestros ojos en dioses. Y él, con sus revelaciones, se hundirá en el fango mediático.

Quizá ocurra eso, la destrucción y disolución final de Julian Assange. O puede pasar también que se reconozca, después de Assange, que el escrutinio de la gente de a pie sobre los actos abusivos de las autoridades se ha reforzado, y que la era digital será más descentralizada, más transparente, un espacio donde también los poderosos deben responder de sus acciones.

Lula ha expresa su sorpresa por el silencio que rodea a la detención de Assange. En vez de culpar a quien ha divulgado esos documentos, deberían ser culpados los que los escribieron, agrega Lula.

Estamos hoy ante uno de esos raros vacíos donde se quedan mudos muchos que, en lugar de actuar movidos por convicciones, lo hacen repitiendo lo ya hecho o lo ya visto. ¿Dónde están nuestros líderes? ¿Qué hacen en estos días tormentosos los defensores de la libertad de expresión y de los derechos ciudadanos?

Los usos políticos globales, la diplomacia, el espionaje, el decir y hacer de las altas esferas seguramente no serán ya nunca más como eran después de las acciones de Assange. La verdad siempre termina por imponerse, por sacudirse de encima los disfraces y ocultaciones. Sin embargo entretanto es posible, cómo no, destruir al mensajero. Total, se trata apenas de una persona, de un sujeto solo, humano e imperfecto, frente a las redes globales del poder político y corporativo.

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