Viernes, 9 de diciembre de 2016Actualizado a las 12:29

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Gobernar sin condón

Gobernar sin condón
Para evitar una discusión valórica al interior de la Alianza, el gobierno optó por una campaña tibia, excesivamente cuidadosa, que no va a la raíz del problema. Se destinaron 340 millones de pesos y se creó un comité interministerial, con autoridades que más que diseñar comunicacionalmente la campaña, estuvieron ahí para poner los frenos conservadores.

El Presidente Sebastián Piñera prometió una nueva forma de gobernar. El ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, habla de una nueva derecha. Pero nada es tan novedoso como parece, porque la campaña contra el sida 2010, lanzada hace una semana por el Ministerio de Salud, repite errores del pasado y profundiza el conservadurismo para enfrentar uno de los temas más relevantes de la salud pública.

Para evitar una discusión valórica al interior de la Alianza, el gobierno optó por una campaña tibia, excesivamente cuidadosa, que no va a la raíz del problema. Se destinaron 340 millones de pesos y se creó un comité interministerial, con autoridades que más que diseñar comunicacionalmente la campaña, estuvieron ahí para poner los frenos conservadores.

Los resultados están a la vista: mensajes confusos que no entregan información específica ni respuestas concretas. Comerciales que omiten a las poblaciones de alto riesgo y que no logran identificación con la audiencia. Avisos que abusan de un humor burdo, desconociendo el objetivo de sensibilización y educación que una campaña de salud pública debe tener para ser efectiva.

Llama la atención que los mensajes audiovisuales no hagan alusión a la población de mayor riesgo en el país: los hombres que tienen sexo con hombres. Una quinta parte de este grupo son portadores del VIH según datos del propio Ministerio de Salud, y en el último informe de ONUSIDA se establece que sólo el 56% de ellos utiliza el preservativo en sus relaciones sexuales. Internacionalmente los expertos coinciden en que es ahí donde debe estar el foco, no obstante, las autoridades chilenas parecen hacer oídos sordos.

En nuestra cultura morir nunca ha sido algo “divertido”. Asimismo, el mensaje presenta morir de sida como una oposición a morir de viejo, sin embargo, gracias a los medicamentos disponibles actualmente en el sistema de salud, muchos portadores del VIH pueden efectivamente llegar a morir de viejos.

La campaña opta por exaltar los valores más tradicionales. Quizás el mejor ejemplo es el spot en que un anciano fallece mientras toma el té y luego su esposa muere junto a él, ambos de la mano, con la argolla dorada en un plano destacado. La escena es coronada con el eslogan “morir de viejo es mucho más divertido que morir de sida, y si mueres con tu pareja de toda la vida, tanto mejor”.

En nuestra cultura morir nunca ha sido algo “divertido”. Asimismo, el mensaje presenta morir de sida como una oposición a morir de viejo, sin embargo, gracias a los medicamentos disponibles actualmente en el sistema de salud, muchos portadores del VIH pueden efectivamente llegar a morir de viejos. Es uno de los tantos errores conceptuales presentes en la campaña.

Este spot termina con “cuídate del sida, sé fiel”. Si el objetivo de este mensaje es prevenir el contagio dentro del matrimonio, falla en dos puntos. Uno, la fidelidad no es algo que se promueva por televisión, tiene que ver con creencias y valores personales. Dos, no existe en el mensaje un vínculo directo entre fidelidad y prevención del sida, es decir, no se establece un puente claro entre la conducta promovida y la respuesta esperada.

Más bien, este comercial es una defensa a la idea tradicional de familia, donde la infección por VIH constituye una amenaza a esa construcción ideal de matrimonio. Es un aviso publicitario más propio del bono “bodas de oro” propuesto por el gobierno que de una campaña contra el sida.

El discurso conservador se cuela también en la deslegitimación del condón como herramienta de prevención. Al final del comercial donde virus caricaturizados son detenidos por un plástico se lee que “el condón es seguro el 87% de los casos”. Con ese solo dato se echa por tierra cualquier sensibilización hacia su uso, ya que se le dice a la población que la respuesta sugerida no es del todo efectiva. Diversos estudios (Witte y Allen, 2000) indican que la percepción de que la conducta promovida es eficaz en detener la amenaza es un factor crucial para la aceptación del mensaje y, por ende, para la adopción de la conducta preventiva.

Otro de los puntos importantes es la necesidad de motivar la realización del examen del VIH. No obstante, el mensaje dedicado a promover esa conducta también es incompetente. La idea detrás de ese comercial es que cualquiera puede ser portador del virus sin saberlo. El problema es que presentar una amenaza tan global es lo mismo que no presentarla.

Un mensaje llamando a hacerse el examen debe incorporar alusiones directas a la población más vulnerable, con menciones explícitas a las conductas de riesgo. Las investigaciones (De Hog et al. 2005, 2007) muestran que la percepción de vulnerabilidad ante una amenaza es determinante para que la audiencia acepte el llamado a la acción.

En definitiva, más que ayudar a prevenir el sida, esta campaña solo buscó evitar problemas entre las supuestas dos almas de la derecha. Como casi siempre, ganó la más conservadora.

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