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PSU: la hora 25 de la educación

por 14 diciembre 2010

PSU: la hora 25 de la educación
A pesar de los sueños, la PSU, esa especie de “navaja de Ockham” social, año a año, impostergablemente, nos dice que la brecha de puntajes es también una brecha económica en este particularísimo sistema escolar chileno, brecha como lo demuestran los datos, que ni siquiera pretende disminuir, sino todo lo contrario.

Esta semana nuevamente los estudiantes que terminan la educación media rinden la Prueba de Selección Universitaria. Viven su hora 25 al probar ya mucho más en serio de qué se trata el sistema de mercado cuando habla de libertad para elegir, de autonomía o de meritocracia en educación. Ellos aprenderán, hijos de la reforma educacional de la Concertación –tan reforma como la de Piñera- que tampoco la regulación al mercado prometida, cumplió su palabra de igualdad y equidad.

Podemos soñar con confianza” se titulaba un documento a todo color de la Concertación, que circuló en los 90, sobre los mejoramientos que venían en la Educación Media, después del oscurantismo de la dictadura. Pues bien, fue el envión de la dictadura -y no de la Concertación- el que provocó el acceso universal a la Enseñanza Media, así que ese punto no es de ellos. Además, recuérdese que durante el gobierno de Aylwin no se hizo nada por la educación media, sólo “diagnosticar”: 4 años perdidos a la vista de hoy. Por otra parte, ya en 1992 sabían los expertos del MINEDUC (con datos construidos por expertos de derecha) de la mala calidad de la educación y la brecha socioeconómica existente en 1º, 2º, 3º y 4º medio. Y agrego, recibieron en los 90 a un cuerpo de profesores muy valorado, con buena formación y vocación. Cínicamente seguro que debemos seguir soñando con confianza, dado que los cambios en educación llevan años.

Fue Simon Schwartzman, el experto de la OCDE, quien vino en su minuto a decirnos lo que todos ya conocíamos por experiencia. Él, como ya sabía los argumentos de los acérrimos defensores de la PSU, le dijo a cuanto medio chileno que lo entrevistó que obviamente la Prueba no “causa” las desigualdades sociales, sino que opera como un factor más que las “acentúa”.

A pesar de los sueños, la PSU, esa especie de “navaja de Ockham” social, año a año, impostergablemente, nos dice que la brecha de puntajes es también una brecha económica en este particularísimo sistema escolar chileno, brecha como lo demuestran los datos, que ni siquiera pretende disminuir, sino todo lo contrario.

La verdad, que hablar de la PSU es para muchos como hablar de fútbol o de religión. Desata pasiones. Todas las pasiones, por una parte, que puede provocar una injusticia, y por otra, que puede provocar un pingüe negocio.

En efecto, quien primero desató las pasiones en serio fue un informe de la OCDE del año 2009, seguramente conocido por todos, en la que se sentenció a la Prueba, y con una conclusión lapidaria: “la PSU es más inequitativa que la PAA, los datos lo demuestran”.

Fue Simon Schwartzman, el experto de la OCDE, quien vino en su minuto a decirnos lo que todos ya conocíamos por experiencia. Él, como ya sabía los argumentos de los acérrimos defensores de la PSU, le dijo a cuanto medio chileno que lo entrevistó que obviamente la Prueba no “causa” las desigualdades sociales, sino que opera como un factor más que las “acentúa”. El punto es que la PAA discriminaba menos pues apuntaba más a las competencias y menos a los conocimientos. Schwartzman dijo en una entrevista a La Segunda que “un alumno debe ingresar a la universidad más por su capacidad para aprender que por los saberes específicos que obtuvo anteriormente puesto que muchas veces los colegios municipales no alcanzan a completar el curriculum y son los más perjudicados.” Lo que no salva tampoco a la PAA, por supuesto.

Un ex integrante del DEMRE, doctor en Ciencias Biomédicas, Omar Flores, es quien ha ido más lejos con el desvelamiento de situaciones pocos claras, de acuerdo a sus antecedentes, ya desde el proceso mismo que llevó las cosas desde la PAA hasta la PSU. En sus denuncias desde el año 2009 viene nombrando a tantos altos nombres de la  educación chilena que el Consejo de Rectores solicitó una investigación internacional. Todavía se espera por los resultados de ella. No obstante, en octubre de este año 2010 el Comité Técnico Asesor para la PSU dio a conocer sendos estudios para demostrar las bondades de la prueba. El punto es que en ese comité están los mismos a quienes denuncia Flores. ¿A quién creerle?

Otro tema de suyo importante es la validez predictiva de la PSU. Si se la compara con la PAA también sale perdiendo. En todo caso, no hay problema, pues los mismos creadores, del todo involuntarios, de la “enfermedad PSU”, ya tienen otra criatura, “la teoría del valor agregado”, como “remedio”. Se trata de un constructo econométrico “súper poderoso” que aislaría todas las variables distintas de la escuela, para medir precisamente cuánto “valor agrega” efectivamente a cada estudiante su paso por la escuela. Y obviamente con mucha más potencia predictiva. Hay que medir no más, para ver bien cómo sale parado todo… y el precio es…

Mientras tanto la brecha entre ingresos altos y bajos seguirá acrecentándose. Vamos prácticamente en 140 puntos de diferencia. Ni el mejor Pre-U (otro negocio en este entuerto) podría remontarlo.

Todo lo anterior, si ustedes quieren, referido al tema de los contenidos. En todo caso, un amigo bien intencionado, que no quiere dar su nombre, me sugirió que mirara la lógica interna de medición de la PSU, pues tal vez ahí pudiese encontrar algunas bondades. Llamemos a mi amigo Pangloss.

Veamos. Como lo indica un documento oficial del DEMRE -me dice Pangloss- que cualquiera puede ver, la PSU distribuye “forzadamente” el desempeño de los estudiantes en una curva normal, distribución normal o campana de Gauss, como le quiera llamar; el caso es que hay por lo tanto cuotas cerradas de sujetos para puntajes porque se “normalizan” con el criterio de 500 puntos como promedio y 110 de desviación estándar. Dicho de otra manera, la ubicación de un estudiante en la distribución dependerá al mismo tiempo de su puntaje y del puntaje de los demás. Me ubico en la distribución de acuerdo a cuantos logré superar con mi puntaje, así de simple. Mientras más alto es mi puntaje, es que a más logré superar.

Directamente por lo tanto, la prueba no me dice cuán bueno es el colegio de proveniencia, sino simplemente que mi “desempeño” en ese minuto fue mejor que el del resto.

Por lo tanto, el estudiante de mejor “desempeño” en la PSU –sí, digámoslo claro- NECESITA del peor “desempeño” de los otros.

No cuenta en esos minutos de la hora 25, la solidaridad, el compañerismo y esas cosas: pamplinas. Es una competición, y basta.

Seguramente no faltará el que diga que “naturalmente” los estudiantes se distribuyen en esta campana de Gauss chilensis. Ortodoxos neoliberales hay en todas partes.

Tendré que decirle a mi amigo Pangloss que no, que bondades precisamente ahí no habían. De todas maneras, él me dirá que el mercado hoy ofrece múltiples oportunidades para conseguir créditos para la educación superior de nuestros hijos.

Es decir, el mercado, de todas maneras, se las arregla para ofrecernos sus bondades y superar este trance de la hora 25: pare de sufrir.

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