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¿Dónde estaba la "Gente Como Uno" (GCU)?

por 16 diciembre 2010

El ejecutivo condenado por atentar contra sus hijos, el que estafó, robó o cometió otros graves ilícitos y ha recibido condenas con penas de cárcel efectiva, el delincuente “de cuello y corbata”, el que asesinó a sangre fría y sin compasión cometiendo delitos de lesa humanidad o hizo desaparecer a otros sin más motivo que pensar diferente, ¿por qué ninguno estaba en San Miguel?

Impresiona lo sucedido en la Cárcel de San Miguel. Incendio; 800 grados de calor; metales derretidos; “pacos” que no prestaron auxilio manteniendo los candados cerrados; pequeñas ventanas por las que salían llamas, humo negro y gritos desgarradores que escuchamos “en vivo y en directo”; hombres encerrados clamando por su vida; 81 cadáveres calcinados, más de la mitad imposibles de reconocer; algunos con amplio prontuario; otros, “primerizos” encerrados por hechos que no revestían peligro para la sociedad; todos juntos, en condiciones infrahumanas.

Las víctimas provenían mayoritariamente del sector sur-poniente de Santiago. Diez eran “sanbernardinos”, muchos de “la San Gregorio”, de Puente Alto, La Cisterna o de otras comunas cercanas. El miércoles era día de visita, lo que explica el gran número de sus parientes y amigos que se encontraban desde temprano esperando obtener “número” para visitarlos.

Un chico de 20 años, apodado “el Gordo”, debía cumplir 61 días por no haber concurrido a firmar una vez al mes a la Fiscalía, lo que motivó que se le revocara el beneficio de la remisión condicional de la pena que en su oportunidad se le impuso por vender discos piratas en el “Persa”. Otros, se encontraban cerca del cumplimiento de sus condenas y habían manifestado su intención de enmendarse, trabajar y no volver a delinquir, propósito que algunos cumplen, pero que otros no, ya que su paso por la cárcel no los educa, enmienda ni reinserta en la sociedad.

El ejecutivo condenado por atentar contra sus hijos, el que estafó, robó o cometió otros graves ilícitos y ha recibido condenas con penas de cárcel efectiva, el delincuente “de cuello y corbata”, el que asesinó a sangre fría y sin compasión cometiendo delitos de lesa humanidad o hizo desaparecer a otros sin más motivo que pensar diferente, ¿por qué ninguno estaba en San Miguel?

Quince internos resultaron gravemente heridos, temiéndose por sus vidas. Cuatro están en el Hospital y once en la Posta Central, donde se proporciona ayuda y movilización a los familiares para que los puedan visitar, hecho que, sumado al dolor de los afectados visto en la televisión, que mostró únicamente a gente de apariencia más bien modesta, sin ropas elegantes, sin peinados “de peluquería” ni apoyo particular de abogados ni de parlamentarios, políticos ni autoridades especialmente preocupados por casos determinados, nos ha llevado a formularnos la pregunta del epígrafe y otras relacionadas.

¿Es que entre la “GCU” no hay delincuentes? ¿Nadie infringe la ley en los grupos socialmente más acomodados? ¿Los delitos que se cometen en el oriente de la capital sólo responden a la autoría de los sectores marginales de la población? ¿Es que en el “barrio alto” ningún condenado por conducir en estado de ebriedad, por microtráfico o por cuasidelito de homicidio que recibe el beneficio de la remisión condicional de la pena sujeto a firma mensual, quebranta esta obligación como lo hizo “el Gordo”? Si éste hubiera dispuesto de abogado, no cabe duda que no se habría revocado el beneficio, aplicándose otra medida alternativa, como reclusión nocturna o domiciliaria, y no lo contaríamos en la fatídica Torre 4.

Pero en el caso de delitos mayores, el ejecutivo condenado por atentar contra sus hijos, el que estafó, robó o cometió otros graves ilícitos y ha recibido condenas con penas de cárcel efectiva, el delincuente “de cuello y corbata”, el que asesinó a sangre fría y sin compasión cometiendo delitos de lesa humanidad o hizo desaparecer a otros sin más motivo que pensar diferente, ¿por qué ninguno estaba en San Miguel? ¿Por qué ninguna persona socialmente acomodada ha debido llorar la muerte de un pariente en el incendio?

¿Será una muestra más de la desigualdad social imperante o es que la justicia es una tela de araña que sólo atrapa bichos chicos?

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