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Jugando ajedrez con guantes de box

por 16 diciembre 2010

Nuestro Presidente no tiene paciencia para caminar paso a paso. Quiere recorrer de una zancada todo el camino, porque está acostumbrado a vivir peligrosamente y ve en esto una oportunidad para apostar. El inconveniente es que juega ajedrez con guantes de box.

El 2012 aparece repetidamente como una fecha apocalíptica. Para algunos sectores en Chile, la conjunción de un fallo desfavorable en La Haya, la reunión de la OEA en La Paz y la revisión de instrumentos jurídicos contrarios a la aspiración marítima boliviana, a la que supuestamente obligaría su Constitución, conformarían un fin de mundo aunque ya no desde tierras mayas, sino desde nuestra frontera norte. (*)

Pero todo esto no pasa de ser un espejismo, generado por la falta de visión estratégica de nuestra diplomacia, que nos hace caer continuamente en errores no forzados, y en trampas falsas construidas por sectores interesados. Nadie asegura que la Corte Internacional de Justicia se pronuncie en esa fecha, ni que acepte la tesis peruana sobre los límites marítimos. Tampoco es cierto que Bolivia vaya a denunciar el Tratado de 1904 o que esté preparando una conjura contra Chile en la Asamblea de la Organización de Estados Americanos.

Nuestro Presidente no tiene paciencia para caminar paso a paso. Quiere recorrer de una zancada todo el camino, porque está acostumbrado a vivir peligrosamente y ve en esto una oportunidad para apostar. El inconveniente es que juega ajedrez con guantes de box.

Por eso, la posibilidad de sentir tambores de guerra o siquiera prevenir probables crisis, no son más que exageraciones impulsadas por pequeños halcones, grupúsculos nacionalistas e intereses corporativos, alentados por una opinión pública que reacciona sin estar informada. En realidad, Chile posee una posición sólida, una vasta red de vinculación internacional y una ventaja estratégico-militar capaz de disuadir cualquier agresión o aventura bélica. Lo único que falta, es la voluntad decidida de resolver los problemas en forma integral y asociativa.

Los demonios que algunos creen a punto de ser desatados provienen de una tarea histórica inconclusa y un presente en deuda con los grandes desafíos que enfrenta nuestro país en el ámbito internacional. En efecto, cuando lograr el desarrollo se ve cercano, aparece como nunca la necesidad de contar con herramientas útiles para proyectarse eficazmente en el mundo. Y nunca como hoy la Cancillería había sido tan débil, frente a un poder presidencial sin contrapeso ni complemento.

Definir las fronteras de Chile ha sido una labor ardua, sobre todo con los vecinos del norte, ya que aún se sienten los efectos de la Guerra del Pacífico, 127 años después de su termino. Ya es tiempo de dar vuelta la página y todos sabemos como, aunque no sea fácil. La clave es considerar que la solución es un proceso, con componentes bilaterales y trilaterales, en una perspectiva que involucre beneficios comunes, conocidos y aceptados por todas las partes.

Las relaciones entre Chile y Bolivia están plagadas de avances y retrocesos bruscos. Pareciera que cuando estamos a punto de resolver el tema de la mediterraneidad, algo pasa y volvemos al punto de partida. En los últimos años ambos gobiernos han hecho un esfuerzo de diálogo serio y han construido las confianzas necesarias para discutir el tema de fondo.

Aunque esta no es la primera vez en que se alinean los planetas para que logremos resolver las dificultades con el vecino altiplánico, es una nueva oportunidad para hacer las cosas bien. Una conducción política consistente en el Palacio Quemado, una voluntad manifiesta en las dos partes y una cantidad enorme de intereses concordantes a un lado y otro de la frontera, constituyen pilares sólidos para sostener un proceso que a mediano o largo plazo nos permita superar las diferencias que nos separan.

La condición esencial es reconocer que las soluciones rápidas no existen. Al mismo tiempo, muchos tienen que convencerse que el fracaso siempre es temporal, porque Bolivia sigue allí y cualquier pretensión de impulsar un desarrollo vigoroso y equilibrado, o integrarse más eficazmente con el entorno, o ser un actor internacional de cierta importancia, pasa por eliminar diferencias de esta magnitud con el vecindario.

Albert Einstein decía que cuando los problemas no tienen solución es porque están mal planteados. Más allá de La Haya se requiere avanzar en fórmulas concretas que incluyan una salida al mar con soberanía, aunque nuestro Presidente no tiene paciencia para caminar paso a paso. Quiere recorrer de una zancada todo el camino, porque está acostumbrado a vivir peligrosamente y ve en esto una oportunidad para apostar.

El inconveniente es que juega ajedrez con guantes de box, sin motricidad fina, como elefante en una cristalería.

(*) El autor original de esta columna es Cristian Fuentes, Director del Proyecto de Relaciones Internacionales, Fundación Chile 21.

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