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La debilidad política del Gobierno: el talento no basta

por 16 diciembre 2010

La debilidad política del Gobierno: el talento no basta
La relación con el Congreso es más que invitar a los parlamentarios a Cerro Castillo a un desayuno o comida, mostrarles un power point con lo bien que está el gobierno, para luego terminar con un par de chistes del anfitrión y un palmoteo en la espalda y esperar que con eso no “molestarán” por un buen tiempo.

La última tramitación del reajuste del sector público ha demostrado una vez más la seria debilidad política del actual Gobierno, la que tiene causas más profundas que la simple mayoría de la oposición en el Congreso, y que dice relación con la forma de entender la política por parte de algunos personeros del Ejecutivo.

La política está hecha principalmente de relaciones humanas, de contactos, de temores, de envidias, de traiciones, pero también de hechos generosos, de confianzas mutuas, es decir, la política no es más que el reflejo pleno de la humanidad al desnudo, con todas sus pequeñeces y grandezas. Y el Congreso Nacional es quizás el mejor ejemplo de aquello.

Como decía el ex presidente norteamericano Richard Nixon, “la política es un arte, no una ciencia. Es el arte de llevarse bien con la gente y se aprende más en el mesón de una tienda que siguiendo un curso de Ciencia Política”.

Esta es precisamente la gran debilidad política del actual Gobierno. Gran parte de sus protagonistas, si bien son personas muy talentosas en el mundo privado, les falta la influencia y la capacidad política necesaria para impulsar sus propuestas.    Cuando hablamos de política el talento no basta

Esto tiene relación con un pecado fundacional del actual Gobierno. Ante su desconfianza de los partidos políticos de la Alianza, el Ejecutivo optó por nombrar ministros e intendentes sin escuchar a nadie y con el sólo criterio de ser exitosos en el mundo privado, sin mayor conexión ni peso político real en los partidos de la Alianza.

No entender este dato básico de la realidad en una democracia como la nuestra, genera necesariamente una guerra de guerrillas en el Parlamento. Así ha quedado demostrado en la tramitación del proyecto de ley de reajuste del sector público, que lo único que consigue es paralizar la acción del Gobierno.

Esta no es la forma de abordar en forma inteligente las relaciones entre el Gobierno y el Congreso Nacional. Creer que el Ejecutivo es el que manda y, por tanto, no acepta que le doblen la mano, es tratar de jugar un “gallito” de poder innecesario, en el que un Gobierno debe intentar no caer jamás. Los gobiernos deben tener siempre, como primera arma, la persuasión y la convocatoria.

Cada vez que el Gobierno culpa al Congreso de una medida que no se puede implementar por la votación en contra, o no escucha sugerencias de los parlamentarios en los proyectos de ley, o estos se enteran por la prensa de las medidas adoptadas en materias legislativas, lo único que se logra es profundizar esa brecha entre Gobierno y Congreso, y, lo que es más grave, entre los propios parlamentarios de Gobierno y el Ejecutivo.

Los gobiernos exitosos e inteligentes no tratan de aplastar, sino de convencer. Para eso, se requiere no sólo talento para presentar proyectos técnicamente muy bien hechos, sino que, sobre todo, capacidad política para convocar voluntades y lograr el respaldo primero, y la aprobación después, de los proyectos de ley.

Esto tiene relación con un pecado fundacional del actual Gobierno. Ante su desconfianza de los partidos políticos de la Alianza, el Ejecutivo optó por nombrar ministros e intendentes (los principales gestores políticos del Presidente de la República) sin escuchar a nadie y con el sólo criterio de ser exitosos en el mundo privado, sin mayor conexión ni peso político real en los partidos de la Alianza, y, peor aún, sin experiencia política que los lleve a valorar no sólo los resultados, sino el proceso para obtener dichos resultados (que es un elemento esencial cuando hablamos de política).

La relación con el Congreso es más que invitar a los parlamentarios a Cerro Castillo a un desayuno o comida, mostrarles un power point con lo bien que está el gobierno, para luego terminar con un par de chistes del anfitrión y un palmoteo en la espalda y esperar que con eso no “molestarán” por un buen tiempo.

Una gestión política inteligente debe llevar a crear confianzas profundas y en política eso se produce igual que en los partidos de fútbol: trabajando en equipo, permitiendo que todos puedan tocar el balón y dando espacios para que cada uno de los jugadores pueda entregar su aporte.

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