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Julian Assange: el verdadero hombre del año

por 17 diciembre 2010

Julian Assange es sin duda el personaje del año. Por muchas razones, pero principalmente porque en el australiano fundador de Wikileaks están representados los principales cambios de una era: la web como generador de opinión pública, la transparencia, la colaboración, el triunfo de los nuevos medios como desafíos para los viejos medios, el fin de los diques informativos y, por supuesto, la ciberguerra. Fue en 2010 cuando el nombre de Assange  se llenó de significados y su sitio (que creó en 2006) se convirtió en el lugar más influyente de la web.

Assange  –a quien Christopher Hitchens calificó como un megalómano sin escrúpulos- y Wikileaks probablemente no son relevantes por ser una gran fuente de novedades; su rol clave está en que le han puesto hechos a las sospechas. Todos podíamos suponer que EE.UU. violaba los derechos humanos en Irak y Afganistán, pero no es lo mismo eso que ver un helicóptero Apache  -la primera gran revelación de Wikileaks este año- asesinando a 18 civiles, entre ellos dos reporteros de Reuters y escuchar al piloto decir “nice” por su “gran trabajo”.  En el mundo interpretado por Wikileaks, los supuestos son hechos distribuidos hacia un mundo hiperconectado. Y eso es casi como colocar al poder en el escenario de la vergüenza permanente.

Julian Assange no está cambiado al mundo, pero es la representación de un mundo que cambia. Si consideramos, como dice Manuel Castells, que el poder reside en la comunicación, los golpes dados por Assange y sus decenas de colaboradores repartidos por todo el mundo, se han sustentado en la demostración empírica que nunca el control sobre los canales de comunicación  estuvo tan lejos de la autoridad (el poder) como en esta era. Wikileaks es finalmente una explicación, la respuesta a un contexto que era difícil de entender en un solo hecho.

Según la frontera desde la que uno lo mire, el fundador de Wikileaks puede ser un héroe o un terrorista.  Pero más que eso, su trabajo quedará registrado como la recuperación de la transparencia –guste o no-  como un elemento clave en el trabajo de los políticos, los medios y las empresas. Assange es sólo el primer paso y el 2010 el comienzo del cambio.

(*) Texto publicado en Qué Pasa

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