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Politización política exterior chilena

por 20 diciembre 2010

La “política exterior chilena podría estar alimentandosu política interna”

En su momento  el ex mandatario, Ricardo Lagos, y luego la senadora de la Democracia Cristiana y ex ministra de Relaciones Exteriores, Soledad Alvear habían señalado al unísono que “para Bolivia, la única posible salida al mar es a través de la Línea de la Concordia”.  Se dejaba entrever, desde esta perspectiva, que la idea de un “enclave” boliviano en territorio chileno  -idea avanzada en su momento por el senador Longueira-  no era aceptable por cuanto “cortaba a Chile en dos”, lo que era considerado como prohibitivo e inaceptable para la seguridad estratégica del país.

No obstante ello, en este mismo medio se transparentaron las ideas inspiradoras, ciertos “planes” y estrategias del Gobierno de la ex mandataria Michelle Bachelet en cuanto a que efectivamente estaba en la mesa de negociación la posibilidad de entregar un “enclave territorial” a Bolivia. Hoy, el senador Longueira vuelve a la carga con una idea mucho más provocadora: ceder un espacio territorial con soberanía a Bolivia. Hoy también el diputado del PPD y miembro de la comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara, Jorge Tarud, criticó hoy la propuesta del senador de la UDI: “Las autoridades no deben andar regalando territorios a través de los medios de comunicación”.

¿Que lecciones podemos extraer de estos intercambios entre miembros del poder legislativo?

En primer lugar: Se aprecia una preocupante “politización” de la Política Exterior chilena, en especial la vecinal. Lo que en un principio parecía un proceso de incorporación real, efectivo y serio del Poder Legislativo a la estructuración de “políticas” y “estrategias” exteriores, hoy el escenario regional  surge y se cristaliza como un espacio de competencia política interna. Claramente en la Concertación existe un conflicto interno en cuanto a generar un consenso, mientras la ex mandataria estaba negociando un enclave que “cortaría al país en dos”, hoy sus principales figuras surgen como los paladines de la integridad territorial del país. Un sin sentido, desde una visión de observador, pero desde el palco político una utilización e instrumentalización clara a fines de reposicionamiento político interno. Por otro lado aparece una cisión al interior mismo de los partidos de la Alianza, mientras un senador señala que el país debe ceder soberanía, otros líderes del mismo sector censuran dicha postura. Simultáneamente el Gobierno adopta la línea más realista y conservadora: Las concesiones chilenas hacia Bolivia terminan allí donde empieza nuestra soberanía. Punto final.

En segundo lugar: Se constata una tendencia dominante en cuanto al manejo de las “pretensiones” territoriales de los países vecinales. Se da por sentado y como un hecho, por parte de algunos sectores políticos chilenos,  que Chile debe ceder bajo la forma de un enclave o de un corredor, territorio nacional. Desde la perspectiva del senador Longueira resulta de un alto valor la idea de un referéndum toda vez que el “territorio” no le pertenece a los políticos sino que es la cristalización de la “soberanía popular”.  Nadie puede negociar la cesión  de territorios sino es con el aval directo y efectivo del conjunto de la población.

Tercero: Si bien la discusión sobre temas de Política Exterior puede ser percibida y considerada por algunos sectores como sano o como la transparentación positiva de los debates de las cúpulas que manejan, influencian  o determinan las conductas y acciones externas del Estado de Chile, no es menos cierto que utilizar temáticas de importancia vital para el país como son su soberanía y su integridad territorial, afecta negativamente la imagen país en el entorno vecinal y regional, sobre todo si esto se realiza en el marco de un posicionamiento mediático de sectores políticos.

Hace un tiempo atrás, prestábamos atención de nuestro entorno regional y vecinal,  y nos escandalizábamos con la utilización que  algunos países de este espacio hacían del “factor Chile”, en especial como un medio de cohesionamiento interno. Hoy, un preocupante proceso de “politización” está tomando forma, es tiempo de detenerlo, alinearse detrás del Presidente y asesorarlo, pero sin las luces de las cámaras encendidas.

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