Martes, 6 de diciembre de 2016Actualizado a las 11:12

Autor Imagen

Reconstrucción

por 20 diciembre 2010

Mientras el punto sea cuánto subsidio, y las interpelaciones políticas tengan el fin de reorganización de la oposición, nada de eso podrá siquiera ser pensado, debatido o implementado, y la reconstrucción del futuro de los afectados no podrá comenzar realmente.

Debió ser el año de la reconstrucción, pero las cosas transcurrieron de otro modo. Hoy el tema adquiere fuerza por la decisión de la oposición de interpelar a la Ministra de Vivienda ante el atraso en la entrega de subsidios. Sin duda el rol fiscalizador es lo que siempre se espera de una oposición democrática, pero en este caso más que por una evaluación general del proceso de reconstrucción, que no puede hacerse simplemente porque está en sus inicios, esta acción parece cumplir dos funciones relevantes para la oposición, una de mediano, otra de corto plazo.

En el mediano plazo, el agrupamiento de la oposición en torno a la crítica del proceso tiene varios rendimientos: alinea con la gente afectada, permite oponerse a la semántica de la gestión eficiente con la que el gobierno se autodefinió desde el inicio, y reúne a una Concertación que a estas alturas solo la mantiene la nostalgia. En el corto plazo, se trata para la oposición de una oportunidad para pasar una cuenta política al gobierno por haber dirigido su atención a los mineros y haber tenido éxito con eso. Pero de una crítica profunda al proceso de reconstrucción, no parece haber mucho.

Mientras el punto sea cuánto subsidio, y las interpelaciones políticas tengan el fin de reorganización de la oposición, nada de eso podrá siquiera ser pensado, debatido o implementado, y la reconstrucción del futuro de los afectados no podrá comenzar realmente.

Lo cierto es que con el terremoto no solo se destruyeron viviendas, sino también la infraestructura y organización que sostiene distintas funciones sociales que permiten a las personas pensar que hay al menos alguna esperanza para que sus aspiraciones y planes de vida se cumplan. La reacción inicial del nuevo gobierno ante la catástrofe fue con sentido de urgencia, como las autoridades se encargaron de anunciarlo. Se tenía claro que había condiciones mínimas que debían ser abordadas con rapidez: un techo provisorio para el invierno, la restitución de servicios básicos. Incluso se fue un poco más allá y se buscó mantener la función educativa a través de escuelas modulares. Se trató, sin embargo, de esfuerzos transitorios para problemas urgentes, pero en realidad de tareas menores ante la magnitud del problema. No obstante, si aún hay que atender pacientes en el retén de carabineros, si las clases se deben seguir haciendo en containers, si hay que cruzar en balsa porque se cayó el puente, si las calles están clausuradas por riesgo de demolición, si el comercio debe funcionar bajo carpas en la calle, entonces hay que pasar desde lo urgente a lo importante.

Lo que se debe reconstruir no es solo la vivienda. Sentirse satisfechos por discutir acerca de eso, como se muestra la oposición, o tener que emprender la defensa de una tarea que recién comienza, como se ve forzado a hacer el gobierno, es volver más de un siglo atrás en cuestiones de calidad de vida, pues concentra el tema en esa condición mínima que ya debiera ser obvia para todos. La ciudad es un espacio social heterogéneo pero integrado y con muchas articulaciones espontáneas creativas que solo pueden emerger cuando las funciones públicas o privadas como la salud, la educación, el transporte, el trabajo, la seguridad, están de tal modo consolidadas, que cada individuo puede sentir que las posibilidades de resolver sus problemas cotidianos de vida y cumplir sus aspiraciones, más bien crecen y no disminuyen.

¿Cuánto ha avanzado el gobierno en esa tarea?, ¿qué evaluación ha hecho la oposición de esto?, ¿cuánto de ello se discutirá en la interpelación? Poco probablemente. Para hacerlo hay que tener más bien un sentido de integralidad y no tanto de urgencia en la reconstrucción, pues solo así se podrá saber dónde poner los incentivos para que emerjan los ciclos virtuosos y la capacidad individual de aprovecharlos. Mientras el punto sea cuánto subsidio, y las interpelaciones políticas tengan el fin de reorganización de la oposición, nada de eso podrá siquiera ser pensado, debatido o implementado, y la reconstrucción del futuro de los afectados no podrá comenzar realmente.

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes