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Abusos de Carabineros: ¿hechos aislados?

por 21 diciembre 2010

Abusos de Carabineros: ¿hechos aislados?
La policía uniformada no fue reformada después de terminada la dictadura. La policía sigue cumpliendo un rol de control social y aquello es problemático por cuanto debiese centrarse en un rol preventivo.

Destacados analistas nacionales han insistido en que la denuncia hecha en contra de Carabineros la semana pasada por maltrato fue un hecho aislado. Al intentar explicar aquello se ha apelado a dos argumentos: la formación de “policías express”, sin experiencia, y que rápidamente se ven enfrentados a difíciles situaciones en la calle. Segundo, el nivel de conflictividad social que enfrentan día a día los uniformados.

El problema es que el maltrato que vimos en televisión no es un hecho aislado. Y no lo ha sido desde el retorno a la democracia. Se trata de un comportamiento reiterado a través del tiempo. Quizás no haya llamado la atención de los medios de comunicación. Pero el problema es mucho más profundo y requiere una revisión sustantiva de procedimientos e instituciones.

Entre 1990 y 2004 se produjo una escalada de denuncias por “violencia policial”. En dicho periodo se presentaron solo en la región central de Chile, más de 6.400 denuncias por “violencia innecesaria” en los tribunales militares de Chile. Un promedio superior a 400 casos fueron presentados a los tribunales militares.  Si consideramos que llegan allí casos donde los abogados estiman que tienen pruebas claras del maltrato policial (radiografías, certificados médicos, etc.), entonces, es muy plausible que la cifra real sea tres o cuatro veces superior a las denuncias presentadas ante los tribunales.

El abuso policial no ocurre en los sectores medios y altos de la sociedad. El abuso ocurre en los sectores populares. Allí donde la violencia es más cruda pero, a la vez, menos visible a nuestros ojos y a la mirada de la prensa cotidiana.

Tuve la oportunidad de analizar más de dos centenas de denuncias presentadas en la Región Metropolitana y el patrón común de ellas era que ocurrían en sectores populares, los afectados eran en su mayoría hombres, jóvenes, de entre 18 y 29 años. La violencia ocurría por lo general en la calle o en el furgón policial.  No dudo que la curva ascendente de denuncias que se produjo entre 1990 y 2004 haya continuado en los últimos cinco años. No existe razón que una tendencia tan marcada y de 15 años hubiese sufrido un giro dramático en el último tiempo. Es más, uno podría perfectamente imaginar un incremento producto de mayores niveles de conflictividad social.

¿Cuál es el problema? Primero, la policía uniformada no fue reformada después de terminada la dictadura. La policía sigue cumpliendo un rol de control social y aquello es problemático por cuanto debiese centrarse en un rol preventivo. Segundo, no existe una instancia independiente dentro del aparato estatal que controle a quienes son nuestros guardianes. Hoy, el control de abusos (físicos o corrupción) depende de la voluntad del alto mando de Carabineros y aquello es ciertamente un problema en un sistema democrático.

Hoy, si se produce una denuncia existen dos mecanismos para procesarla: una investigación interna que pocas veces da resultados positivos para la víctima civil, o bien, denunciar el maltrato ante la justicia militar (controlada también por uniformados).  No existe la figura de un Ombudsman o una oficina independiente que -libre de intereses corporativos- realice una investigación autónoma. Así, es muy plausible que si no se realizan reformas importantes, el patrón de abuso policial continúe.

Tercero, la demanda política se centra en utilizar una “mano firme”, decidida, en contra de los delincuentes. Aquello incentiva actitudes que están en los márgenes de la ley. ¿Se imagina ud. a un Carabinero leyendo sus derechos a un detenido en La Legua? Si a ello le agregamos policías con bajos niveles de preparación, la integración muy parcial en los currículos de los uniformados de estándares de derechos humanos, la situación se torna delicada.

El problema es el siguiente: el abuso policial no ocurre en los sectores medios y altos de la sociedad. El abuso ocurre en los sectores populares. Allí donde la violencia es más cruda pero, a la vez, menos visible a nuestros ojos y a la mirada de la prensa cotidiana.

Así, podemos tratar de buscar los factores que podrían explicar estos abusos, pero lo que a ciencia cierta no podemos decir es que se trata de un hecho aislado.  Porque simplemente la cifras demuestran que no lo es.

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