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Voto voluntario y aborto terapéutico

por 21 diciembre 2010

. De aprobarse la inscripción automática y el voto voluntario, la incertidumbre abrirá la conversación política hacia nuevas agendas, donde nadie tenga superioridad moral sobre otros, y donde esas agendas podrán ser transversalmente promovidas por todos.

Las capas tectónicas de la política chilena se están moviendo, que duda cabe. El gobierno de Sebastián Piñera puede significar un quiebre profundo: desdibujar aún más las fronteras odiosas del Sí y el No que articulaban la política de alianzas dentro del sistema de partidos durante toda la transición. Con Piñera no se ha expresado la derecha conservadora que algunos temían. Por el contrario, al parecer teníamos razón los que confiamos en el pragmatismo liberal del Presidente.

Y si bien nuestra transición se caracterizó por un proceso de estabilidad y respeto a la autoridad, lo que significó no abordar muchas conversaciones de futuro; hoy es necesario comenzar a instalar una “agenda postransición”.  Seguramente nadie tiene claridad sobre cuál será, pero cada actor debe presentar sus cartas. Mi intuición es que las libertades de conciencia, la sustentabilidad y el emprendimiento estarán al centro del debate.

De aprobarse la inscripción automática y el voto voluntario, la incertidumbre abrirá la conversación política hacia nuevas agendas, donde nadie tenga superioridad moral sobre otros, y donde esas agendas podrán ser transversalmente promovidas por todos.

En ChilePrimero estamos comprometidos por que el naipe se vuelva a barajar. Nos incomodan los dogmatismos, sobre todo los que son artificiales y que hablan más de reunión por el poder que auténticas diferencias. En el Chile post-transición la política se volverá aún más entretenida: no será raro observar nuevos proyectos como el presentado por los senadores Matthei y Rossi sobre el aborto terapéutico. De aprobarse la inscripción automática y el voto voluntario, la incertidumbre abrirá la conversación política hacia nuevas agendas, donde nadie tenga superioridad moral sobre otros, y donde esas agendas podrán ser transversalmente promovidas por todos. Si hay gente que actualmente le molesta que a ratos no existen diferencias tan marcadas entre izquierda y derecha, con el voto voluntario el escenario se chasconeará aún más.

Bienvenido sea el voto voluntario. Significará el retroceso de los conservadores de izquierda y de derecha. Surgirá la urgencia y el incentivo de abordar los temas que la ciudadanía considera importantes, más allá de los dogmatismos ideológicos de los partidos tradicionales, que tienen asfixiada la democracia. Estoy convencido de que el voto voluntario significará un efecto dinamizador de la nueva agenda postransición. Eso le hará bien a la ciudadanía, a las nuevas generaciones y abrirá nuevos proyectos como el aborto terapéutico presentado entre dos senadores de corrientes distintas. Con el voto voluntario a los conservadores de aquí y de allá, les caerá la “chaucha” y deberán enfrentar la agenda liberal que exige el electorado –nuevamente- de aquí y de allá.

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