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La economía contra el sentido común

por 23 diciembre 2010

Si tenemos tantas necesidades insatisfechas y tantos desafíos para alcanzar el desarrollo, sobrándonos divisas, ¿por qué no invertirlas en desarrollo social y productivo?

Un crecimiento económico alto y precios del cobre elevados llevan a pedir una política fiscal más justa. Los pingüinos de mayo del 2006 dijeron “El cobre por los cielos y la educación por los suelos”. Esta fue mucho más que una ingeniosa consigna. Expresaba una paradójica y, a ratos, insultante realidad. La Concertación de Partidos por la Democracia no resolvió bien esta cuestión.  Me temo que la actual coalición de gobierno tendrá aún más dificultades.

En efecto, lo que pedía la Anef era completamente razonable. Pero el gobierno terminó forzando una votación que dejó a todos con un sabor amargo. Hacienda sabe que si quiere financiar reajustes más justos, que a su juicio no permite la actual productividad, si no aumenta impuestos, deberá recurrir a la fuente de ingresos extraordinaria que son las reservas del cobre. Pero meter más divisas en la economía traerá una crisis mayor en el sector exportador. Los exportadores agrícolas se están quejando de su “mal holandés” y piden “terapia chilensis”. Exigen al Banco Central intervenir. Este dice que aún no es el momento. En el intertanto, el gobierno sabe que si vende esos dólares para financiar el gasto público, la situación empeorará para los exportadores.

Si tenemos tantas necesidades insatisfechas y tantos desafíos para alcanzar el desarrollo, sobrándonos divisas, ¿por qué no invertirlas en  desarrollo social y productivo?

Hacienda se niega no sólo a usar reservas fiscales para el reajuste, sino que para dar mayores presupuestos públicos en salud, educación, infraestructura productiva, ciencia y tecnología, etc. Para los legos esto es contrario al sentido común. Si tenemos tantas necesidades insatisfechas y tantos desafíos para alcanzar el desarrollo, sobrándonos divisas, ¿por qué no invertirlas en  desarrollo social y productivo? El Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, propone distintas soluciones para reconciliar economía con sentido común: invertir en importaciones necesarias  y  crear fondos de estabilización. Los chilenos, alumnos aplicados, creamos el Fondo de Reservas de Pensiones y el de Estabilización Económica y Social. El valor de mercado de estos fondos, al 29 de octubre del 2010, son respectivamente de 3.917  y 12.987 millones de dólares. La del 2006 fue una sabia decisión que nos permitió inyectar miles de millones de dólares para enfrentar la crisis del 2008 (Pero creo que tal esfuerzo fiscal fue tardío para el crecimiento económico que no tuvimos como podíamos en los años anteriores; para la unidad de la coalición de  gobierno del 2008 y para los resultados electorales del 2009. Pero esto nos remite a otra lúgubre ciencia: la política)

Lo que nos propone Stiglitz es sabio, pero tiene evidentes problemas. El principal es que Chile sigue siendo un país en desarrollo y extremadamente desigual. Democracia de calidad y desigualdad persistente no se llevan bien.  Lo supo la Concertación. Ahora le está tocando a la Coalición por el Cambio. Pero esta última tiene varios problemas adicionales. Anoto tres: a) El paso del tiempo. Los ciudadanos sabios pueden esperar y mucho, pero no para siempre. Así nos lo hicieron saber las nuevas clases medias. Ellas reclaman derechos sociales y de calidad a servicios públicos que no tienen los recursos para darlos; b) Las expectativas creadas por el cambio de gobierno. Recordemos las promesas de campaña y del 21 de mayo. En política, particularmente, las palabras no se las lleva el viento; y c) La existencia de una oposición social más fuerte. A la Concertación le corresponde canalizar las demandas sociales y ya no está constreñida por la disciplina del Ministerio de  Hacienda y la Dirección de Presupuesto.

Por ello Stiglitz acaba de reiterar en su visita a Chile que en los países subdesarrollado deben “financiar sus gastos locales –por ejemplo, en maestros o trabajadores para la construcción de carreteras- con ingresos obtenidos localmente, por ejemplo, a través de impuestos, guardando los dólares ganados en la venta de los recursos naturales para adquirir bienes de importación necesarios o para el futuro”. Hemos subrayado la mención a los impuestos, pues esta es una forma concreta de evitar desequilibrios fiscales, sacar dinero de la economía y redestinar los recursos del país con un sentido social y productivo. Concluyo constatando que el último consejo de Stiglitz muy difícilmente será escuchado por este gobierno. Él es un economista que no es neoliberal. Ojalá me equivoque. Mientras tanto,  seguiremos escuchando a ciudadanos de a pie que no entienden que altos precios del cobre son un mal y que una economía como la chilena, que crece de nuevo, no puede ser más justa con quienes generan esa riqueza.

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