Jueves, 8 de diciembre de 2016Actualizado a las 22:18

Opinión

Autor Imagen

Lecciones políticas de la República de Nauru

por 23 diciembre 2010

Lecciones políticas de la República de Nauru
Las inmensas ganancias del fosfato hacen que el país se convierta en los años 70 y 80 en uno de los más ricos del mundo (todo gracias a la empresa estatal de fosfato). Todos sus habitantes viven del Estado y éste, además, les ahorra la necesidad de trabajar, pues los ingresos son tales que para el duro trabajo de extracción del fosfato se contratan extranjeros.

Nauru es el país más pequeño del mundo. Es una isla ubicada en el Océano Pacífico, con 21 kilómetros cuadrados y un poco más de 10 mil habitantes. En las décadas de los 70 y 80 llegó a ser uno de los países con el ingreso per cápita más alto del mundo. Sin embargo, al 2010 es un país que vive en la pobreza y en donde la gran mayoría de sus habitantes deben salir a pescar para conseguir su alimento diario.

¿Qué pasó con Nauru? La República de Nauru contaba con enormes reservas de fosfato en su subsuelo explotadas desde comienzos de 1900 por empresas extranjeras. En 1968, el fundador de la nueva República, “Hammer” Deroburt, logró la independencia de la isla y cumplir su promesa de nacionalización del fosfato. ¡Por fin el fosfato sería para todos los nauruanos!

Los primeros esfuerzos del nuevo presidente Deroburt fueron orientados a crear una verdadera “Naurutopia”, una especie de socialismo perfecto. Sus habitantes ya no necesitarían trabajar y no les faltaría nada. Las inmensas ganancias del fosfato hacen que el país se convierta en los años 70 y 80 en uno de los más ricos del mundo (todo gracias a la empresa estatal de fosfato). Todos sus habitantes viven del Estado y éste, además, les ahorra la necesidad de trabajar, pues los ingresos son tales que para el duro trabajo de extracción del fosfato se contratan extranjeros.

Hoy día el país vive en la pobreza absoluta. Como cuenta el periodista Luc Folliet en su libro “Nauru, La isla devastada”, cuando visitó la isla, un ministro de Estado lo hace esperar para una reunión porque tuvo que salir a pescar para poder llevar la cena a su casa ese día.

Todos los nauruanos son rentistas, pues son “dueños” de la gran empresa estatal y por tanto reciben una parte de sus ganancias sin mayor esfuerzo. El Estado se ocupa de todas las necesidades de la población, a nadie le falta nada. En Nauru ni siquiera existen los impuestos porque el Estado tiene todos los recursos que necesita. Todos los servicios son gratuitos en la isla de Nauru. La principal actividad de los nauruanos es comprar y viajar por el mundo.

En 1982 el país es visitado por la Reina Isabel II y en su discurso destaca a la pequeña Nauru como ejemplo para el desarrollo de los restantes países del Pacífico.

Ante tantos recursos que inundaban las arcas fiscales, los gobiernos de Nauru sienten la necesidad de que el mundo sepa la importancia de esta pequeña isla, y así comienzan a realizar inversiones en el extranjero en grandes proyectos, los que muchas veces tenían más la intención de mostrar la influencia y riqueza del país que reportar dividendos. Es así como, por ejemplo, construye el edificio de oficinas más grande de Australia -la “Nauru House Building”- y otras inversiones alrededor del mundo a través del fondo estatal “Nauru Phosphate Royalties Trust”.

El país vive en la opulencia. Los presidentes y  ministros viajan por el mundo en vuelos especiales a las principales capitales del mundo y todos se enriquecen. Nadie fiscaliza los recursos públicos, pues el dinero nunca ha sido problema en la isla.

Sin embargo, “Naurutopia” no es gratis. Las platas del trust en el extranjero se despilfarran en inversiones sin sentido y en asesores que se roban gran parte de esos recursos. En los años 90 surgen las primeras protestas de la población y el gobierno, para calmar los ánimos, distribuye 23 millones de dólares del trust, correspondiendo 20 mil dólares por familia entregados de una sola vez. ¡Se acabaron las protestas por un tiempo! Y “Naurutopia” sigue su rumbo.

Pero a fines de los años 90  llega la gran tragedia, lo que nadie imaginó, lo que nadie esperaba, para lo que nunca se habían preparado…  ¡se acabó el fosfato!

Hoy día el país vive en la pobreza absoluta. Como cuenta el periodista Luc Folliet en su libro “Nauru, La isla devastada”, cuando visitó la isla, un ministro de Estado lo hace esperar para una reunión porque tuvo que salir a pescar para poder llevar la cena a su casa ese día.

Después de 30 años de despilfarro, los habitantes de Nauru no tienen competencias laborales mínimas, o dicho de otra forma, no saben trabajar en nada, a los que contrata el gobierno (que son casi todos) les resulta muy difícil cumplir con horarios de trabajo, por la sencilla razón de que nunca habían tenido una jornada laboral en su vida. Así también, la principal causa de muerte de la isla es la diabetes (30 años de inactividad no sólo afectaron los hábitos de trabajo de sus habitantes, sino también su salud).

¿Qué lecciones podemos sacar de la República de Nauru?…… espero sus comentarios.

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes