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El Chile que se fue

por 26 diciembre 2010

En la tercera página me di cuenta de qué iba la historia, era la vida del Quila, claro, pero más allá de eso, era un emocionante recorrido por el Chile que se fue. El barrio donde los chiquillos, lejos de cualquier idea de computador, jugaban en la calle, andaban en bicicleta, se enamoraban de las vecinas.

Yo: te propongo que conversemos libremente sobre tu vida.

Carrasco: Me parece entretenido, pero no estoy seguro de que eso pueda interesarle a un círculo más amplio que el de mis parientes y mis amigos más cercanos. No soy un personaje tan famoso, ni tan importante, como para escribir libros sobre mi vida.

Así comienza este asombroso y conmovedor viaje de Eduardo Carrasco  por su vida. La Familia, sus primeros estudios, la filosofía, la música y la aventura de ser un Quilapayún, Dios, los amores y desamores, los amigos, la política en Chile y Francia su país de exilio. Y finalmente la muerte son los temas de diez capítulos en donde se produce esta conversación entre Yo y Carrasco.

Abrí este libro una noche a las nueve de la noche. Afuera hacía frío. Estaba sola en mi departamento de Santiago. Me puse el viejo guatero en los pies y entré en el viaje de Carrasco creyendo que continuaría al día siguiente. Pero no hubo día siguiente para Conversaciones Conmigo Mismo. No pude dejar el libro hasta que lo terminé. En la tercera página me di cuenta de qué iba la historia, era la vida del Quila, claro, pero más allá de eso, era un emocionante recorrido por el Chile que se fue. El barrio donde los chiquillos, lejos de cualquier idea de computador, jugaban en la calle, andaban en bicicleta, se enamoraban de las vecinas. Los teléfonos dos por línea (recuerdo que nosotros tuvimos un dos por línea en la casa de mi madre).

En la tercera página me di cuenta de qué iba la historia, era la vida del Quila, claro, pero más allá de eso, era un emocionante recorrido por el Chile que se fue. El barrio donde los chiquillos, lejos de cualquier idea de computador, jugaban en la calle, andaban en bicicleta, se enamoraban de las vecinas.

Las viejas citrolas que pululaban por las calles como tortugas. Los amigos del alma por los cuales una se dejaría hasta matar. Las relaciones familiares donde era mucho más importante quererse que tener plata. La política donde la izquierda y la derecha eran distintas “la izquierda era marxista y los democratacristianos buscaban la “revolución en libertad”. No había nadie que no buscara el cambio. Estábamos convencidos de que la injusticia vista por todos lados se podía reparar. Creíamos en el cambio y también en la democracia. Esto dio lugar a la elección de Allende”. Y desde una ideología que defendía un país más igualitario se iban ganando espacios individuales y se luchaba por mantenerlos. Un país donde las ideas se debatían y decir en voz alta que la historia de la Virgen y el Espíritu Santo es muy bonita y muy imaginativa pero no son más que supersticiones no era mal visto ni  considerado loco quien pensara así. Un país donde se pensaba que antes de ser ricos debíamos ser educados. Un Chile con libros donde la gente leía, los jóvenes se rebelaban, y detrás de las palabras “honor”, “verdad”, “justicia” “hermandad”, “patria”, como enumera Carrasco, había algo verdadero por lo cual valía la pena luchar”.

Siempre se ha dicho que sólo los viejos añoran el pasado y tienden a creer que cualquiera tiempo pasado fue mejor. Creo eso es una gran mentira. Hay muchos jóvenes, en el Chile de hoy, que gozosos habrían vivido en un país sin Pinochet, sin detenidos desaparecidos, sin torturadores, sin la herida que dejó esa dictadura (creación de todos nosotros porque los países tienen que hacerse cargo de sus propios monstruos), sin esa mancha vergonzosa que lleva a Carrasco a decir que encuentra a ese Chile demasiado espantoso para su gusto. “Pinochet es un fruto del país. Los torturadores también. Lo que no significa que no valore las hermosas playas, los paisajes, la fruta exquisita y no me es antipática cierta tendencia al orden, cosa que también percibo. Aunque mucho de eso tiene algo de regimiento y tampoco es ajeno al autoritarismo. Si tuviera que definir mi sensación de Chile, repetiría lo que dice Nicanor: Chile no es un país sino un paisaje. Esa es una tremenda verdad que hay que asumir”.

Conversaciones Conmigo Mismo es un viaje por la memoria de Chile cuando era un país.

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