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Editorial

Cambio de folio 2011: libertades públicas y derechos ciudadanos

por 28 diciembre 2010

Cambio de folio 2011: libertades públicas y derechos ciudadanos
El escenario que acaba de instalarse fluye necesariamente hacia un debate sobre las libertades civiles y sociales. Tanto por el carácter empresarial de los nuevos gobernantes, y la forma como ven el ejercicio del poder, como por los vacíos de nuestra institucionalidad política, que deja amplios espacios a la discrecionalidad y la interpretación libre o instrumental de las cosas.

La agitación por las fiestas de fin de año y la distensión que trae el período estival seguramente pondrán una cortina a un año lleno de emociones y hechos significativos para la vida social y política del país.

El cambio de mando presidencial fue también de signo político. Luego de  20 años  ininterrumpidos de gobiernos de la Concertación, volvió la derecha al gobierno de la mano de un empresario liberal que no fue partidario de la dictadura militar. La última victoria de un candidato presidencial de derecha había ocurrido en 1958, en la persona de Jorge Alessandri Rodríguez.

Aunque la derecha política ha reciclado parte importante de las prédicas del gobierno militar, sus rezagos doctrinarios han introducido variadas  tensiones de origen transversal en el ejercicio del gobierno. Ello, unido a la independencia del nuevo mandatario respecto de los partidos políticos, ha hecho surgir la idea de que estamos ante una nueva derecha como expresión política.

Con todo, los vínculos empresariales del Presidente de la República y su ambigüedad  para resolver la incompatibilidad de intereses pese a sus promesas de campaña, han instalado un clima de desconfianza, que incluye hasta a dirigentes de su coalición, especialmente de la UDI.

Tal clima ha golpeado de manera significativa su popularidad en otros ámbitos, evidenciando que los temas de probidad y transparencia son riesgos que debieran ser evaluados con mayor atención por el Presidente.

Ello, unido a la independencia del nuevo mandatario respecto de los partidos políticos, ha hecho surgir la idea de que estamos ante una nueva derecha como expresión política.

Por otro lado, el  país se vio remecido por un sismo que devastó gran parte de la zona centro sur del país. Entre las secuelas importantes quedó la evidencia de que los sistemas destinados a las comunicaciones estratégicas del país habían sido entregados a mecanismos de mercado, los que colapsaron. La consecuencia inmediata fue una gestión gubernamental errática ante la catástrofe, que retardó decisiones de emergencia y toda la operación de primera ayuda. Tal situación en absoluto se justifica considerando el enorme gasto militar y de seguridad que tiene el país.

También la instalación del gobierno fue lenta y dispersa, ya sea por falta de experiencia en la gestión pública como por el hecho de que a corto andar, se concentró en un estilo episódico, marcado por la popularidad y las encuestas, iniciando una larga y agotadora agenda comunicacional sin prioridades sectoriales.

Hechos como el rescate de los mineros atrapados en una mina en Atacama, la huelga de hambre de los comuneros mapuche o el incendio en la cárcel de San Miguel, fueron episodios importantes que le permitieron al gobierno tener la iniciativa, estar en la televisión y cerrar con números azules el año, pese a tropiezos como la reconstrucción  post terremoto o la elección de Presidente de la ANFP.

La oposición carece de trascendencia. Luego de su derrota electoral sigue más concentrada en problemas de identidad, coherencia y confianza internas, y no en los cambios del escenario nacional.

Con todo, se percibe un nuevo tiempo político, surgido tanto del agotamiento del ciclo de la Concertación como del tipo de voluntad y preocupaciones políticas de la nueva administración, con un notorio sesgo de pragmatismo económico y tono empresarial.

Tal escenario en pleno desarrollo, es un buen momento para recapitular en torno a libertades públicas y derechos ciudadanos. Porque 2011 será el primer año regular de un nuevo ciclo, que comenzó con la elección presidencial, pero se ha insinuado como el reino del pragmatismo, la espontaneidad y la eficiencia.

Un estilo episódico y mediático exige resultados de popularidad  y supone el riesgo de una tendencia a la manipulación o el control instrumental de los medios de comunicación.

Por ello resulta esencial subrayar la plena vigencia de valores como la independencia, pluralismo informativo, fiscalización de los poderes establecidos, valoración positiva de la diversidad y promoción de los derechos humanos, entre otros, y que en el caso de El Mostrador orientan su actuar y han sido publicados como sus Principios Editoriales.

En una democracia la coerción o la manipulación económica de los medios va en contra de los derechos más básicos de la ciudadanía. Si bien la razón económica es un componente esencial de la vida en sociedad, ella no es absoluta. Ni los avisadores pueden subordinar el trabajo periodístico a sus intereses privados, ni los periodistas actuar a favor de  ellos. Los medios se deben a sus lectores y al público en general, y no a los intereses privados de sus dueños o de grupo privado alguno.

Es propio del periodismo independiente generar tensiones con los poderes, sean institucionales, empresariales o sociales, y en especial con los gobiernos. El deber de los medios es transparentar de manera equilibrada el relato del poder.  Ello es una parte constitutiva esencial al funcionamiento de un sistema democrático.

El escenario que acaba de instalarse fluye necesariamente hacia un debate sobre las libertades civiles y sociales. Tanto por el carácter empresarial de los nuevos gobernantes, y la forma como ven el ejercicio del poder, como por los vacíos de nuestra institucionalidad política, que deja amplios espacios a la discrecionalidad y la interpretación libre o instrumental de las cosas.

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