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¿Feto inviable o feto indigno?

por 30 diciembre 2010

¿Feto inviable o feto indigno?
Lo que está en el fondo de la discusión de la iniciativa de los senadores Matthei y Rossi no es, como ellos señalan, si el feto es inviable o no, sino la idea tremendamente peligrosa (como lo demuestra la historia reciente) de si ese feto tendrá una “vida digna de ser vivida” o no.

Para los que gustan de la historia, es bueno recordar que durante los años de la Alemania hitleriana, los jerarcas nazis utilizaban para la justificación del aborto la expresión “Lebensunwertes Leben”, cuya traducción es algo así como “Una vida indigna de ser vivida”.

El nazismo argumentaba que el aborto, en caso de ciertas enfermedades del feto, se justificaba porque esas personas serían una carga y un dolor innecesario para la familia, para la mujer y, en definitiva, para el Estado y que ellos mismos serían infelices (como buenos nazis, consideraban saber mejor que nadie lo que era ser feliz….) y, además, porque era necesario resguardar otro bien “superior” que proteger, lo que llamaban “Volksgemeinschaft”, algo así como “el beneficio de la comunidad”.

Recientemente, los senadores Evelyn Matthei y Fulvio Rossi presentaron un nuevo proyecto de ley para establecer en Chile lo que ellos (equivocadamente) llaman “aborto terapéutico” (boletín 7.373-07), el que bien analizado permite descubrir que se trata simple y llanamente del famoso “Aborto Eugenésico” cuyo fundamento no es otro que el ya mencionado “Lebensunwertes Leben”.

El nazismo argumentaba que el aborto, en caso de ciertas enfermedades del feto, se justificaba porque esas personas serían una carga y un dolor innecesario para la familia, para la mujer y, en definitiva, para el Estado y que ellos mismos serían infelices.

¿Por qué el proyecto no establece el llamado “aborto terapéutico? Porque la primera situación que describe el proyecto de ley se refiere a que: “No se considerará aborto cuando se produzca la muerte del feto como consecuencia de una intervención, tratamiento o administración de algún fármaco que sea indispensable para salvar la vida de la madre”.

Esta primera situación es lo que se conoce como “aborto indirecto”, esto es, el aborto producido como una consecuencia no querida ni buscada, aunque previsible, de una acción terapéutica inevitable en el organismo de la madre y, por tanto, no busca directamente la muerte del feto. Esta muerte no querida ni buscada del feto no es sancionada ni penal ni moralmente.

La hipótesis de aborto terapéutico (asumiendo que pueda existir un aborto de tipo “terapéutico”, lo cual es un tema discutible) se configura cuando, para salvar la vida de la madre, la supuesta acción terapéutica produce en forma directa la muerte del feto y con ello consigue supuestamente salvar la vida de la madre.

Por lo tanto, la primera situación en la que se coloca el proyecto de ley es falsa.

Como ya hemos señalado, lo que sí establece el proyecto en la segunda situación que establece es el llamado “Aborto Eugenésico”.

¿Qué es el aborto eugenésico propuesto por los senadores Matthei y Rossi? Es el aborto provocado, realizado en el caso de sospecha o certeza de una enfermedad seria o incurable del niño que está por nacer, es decir, una justificación de aborto con el fin de evitar nacidos “genéticamente defectuosos”. Y eso es precisamente lo que se entiende de los considerandos del proyecto de ley de los senadores Matthei y Rossi, quienes argumentan la necesidad del aborto ante “una gran cantidad de patologías y anomalías genéticas que provocan la inviabilidad fetal, como por ejemplo algunas trisomías, la anencefalia, la pentalogía de Cantrell, etc”.

Al respecto, hay que señalar que los fetos con Pentalogía de Cantrell pueden nacer vivos y, por tanto, su viabilidad o no, puede ser posterior al parto, por lo que caemos derechamente en la pregunta que los partidarios del aborto eugenésico suelen realizar:  ¿Es una vida digna de ser vivida?

A lo anterior, hay que sumar el increíble “ETC” de las enfermedades del feto que merecerían un aborto de acuerdo al planteamiento de los senadores Matthei y Rossi, por lo que es necesario preguntarse si también pensaron en otras “vidas no dignas de ser vividas”, como los niños con enfermedad de Tay-Sachs, autistas, síndrome de Down y tantos otros etcéteras que pueden surgir cuando alguien se siente con la autoridad de decidir cuáles son aquellas “vidas dignas de ser vividas”.

Por lo tanto, lo que está en el fondo de la discusión de la iniciativa de los senadores Matthei y Rossi no es, como ellos señalan, si el feto es inviable o no, sino la idea tremendamente peligrosa (como lo demuestra la historia reciente) de si ese feto tendrá una “vida digna de ser vivida” o no.

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