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¿A quién le importan las encuestas?

por 31 diciembre 2010

A mí, porque (cuando están bien hechas) revelan lo que piensa la gente. Algunos viven esclavos de las encuestas. Yo he dicho, en ese sentido, que este gobierno es "encuestocrático", de tanto obedecerlas. Otros se fijan como meta cambiarlas, tesis que tenía Jaime Guzmán. Él predicaba que esto se podía hacer en el sentido en que uno creyera adecuado. Y, en cierto modo, él lo hizo. Fue elegido senador contra todo lo que pronosticaban los sondeos, que daban por seguro a Ricardo Lagos.

Pues las encuestas cambian. Hubo un tiempo, hace unos diez años, en que Joaquín Lavín "barría" y en la Concertación algunos decían que estaban bailando "el vals del adiós". Pero hubo un montaje político-delictual cuidadosamente urdido, a la vez que un incansable Sebastián Piñera recorría el país en su quehacer favorito (promoverse a sí mismo). Y Lavín comenzó a desinflarse, tanto que en 2005 terminó por detrás de Michelle Bachelet y del propio Piñera.

Hoy día las encuestas dicen que la próxima elección presidencial será entre Bachelet y Golborne. Son los preferidos de la mayoría y mientras eso sea así, no hay nada que hacer. Pero pueden pasarle a la una o al otro algunas o todas las cosas que "desinflaron" a Lavín. Al mismo tiempo, no se ve por ninguna parte otro liderazgo ambicioso y entregado a gestar una candidatura alternativa. La Concertación está absolutamente desorientada. Yo me abismo de la debilidad que exhibe ante el Gobierno. Sobre todo debilidad argumental. Algunos critican al Gobierno por no tener "relato", pero, por lo menos, Piñera maneja los medios y está todo el tiempo en el centro de la noticia, que es el primer requisito para sumar en las encuestas. Como sabe del tema, les ha exigido a sus ministros alcanzar el 50 por ciento de conocimiento popular. "

"Elemental, querido Watson". Es lo primero que se debe procurar, si uno quiere tener popularidad. Al mismo Piñera la gente nunca lo ha "querido" espontáneamente. Desde hace veinte años ha estado procurando ser Presidente, pero nunca lograba descollar en las encuestas. Con todo, trabajó incansablemente, recorrió el país, fue a todos los programas de farándula, bailó en el trasnoche de todas las teletones, donde hizo de todo (menos dar plata, al menos en público), y ocupó titulares constantemente diciendo cosas que (según las encuestas) le gustaban a la mayoría, hasta quedar "posicionado" en 2005-06, contando posteriormente, en 2009 con la fortuna de no tener competencia desde la derecha y enfrentar, por el otro lado, a un candidato muy débil y muy traicionado, como Frei, que sufría deserciones y soportaba la labor de zapa de "quintacolumnistas", como denunciaba Camilo Escalona, al cual podrán decirle cualquier cosa, pero no desleal (tal vez por eso le va mal en las encuestas).

El ente más damnificado por la última del CEP es la Concertación. La verdad es que este gobierno la está, literalmente, destruyendo. En buena parte porque, a muchos en ella, este gobierno les gusta. Para comprobarlo, lean la columna de John Biehl (DC) en "La Segunda" de hoy. Lo dice todo. Termina calificando de "enfermo o enferma" a quien haya podido pensar que el intento sin precedentes de Sebastián Piñera de dar una "cuenta" de fin de año fue "política electoral". No, dice Biehl, lo que él hizo fue "democracia". Aplausos...

Por esas cosas la Concertación ha caído a un 24 por ciento de apoyo, mientras la Coalición por el Cambio tiene el 41 por ciento.

Pero a Piñera, que entonces está prácticamente "corriendo solo", porque no tiene real oposición, tampoco le va bien. Baja un punto en el apoyo que tenía y aumenta su rechazo en cinco. Bachelet y Golborne están muy por encima de él. Incluso lo está el propio Lavín, que resulta ser "flor para más de un día".

En resumen, la encuesta CEP revela que la Concertación lo ha perdido todo, menos la candidatura presidencial más popular; que el Presidente acapara cámaras y despliega una actividad incansable ante ellas (hoy lo vi trasladando un pesado estante a una vivienda recién entregada), pero las simpatías populares le son esquivas, pues la omnifiguración no suple el carisma, que en su sector monopoliza Golborne.

Y otra encuesta de hoy, la CERC, pone de manifiesto el rechazo popular a lo que un grupo de clubes de fútbol, obviamente identificados con el Gobierno, está logrando hacer en la ANFP. Esos clubes dicen que defienden el derecho ganado en una elección "democrática" de 32 dirigentes, pero es una "democracia" tan particular que la rechazan dos tercios de las personas encuestadas.

Los sondeos no pueden pronosticar con absoluta certeza el futuro, pero, sin duda, ponen de manifiesto lo que opina la gente hoy. Y no hacerle caso a esto último puede costar muy caro en el futuro.

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