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Piñera sin excusas

por 31 diciembre 2010

Piñera sin excusas
La segunda culpa propia terminó siendo la personalidad del Presidente. Su ansiedad comunicacional le jugó, no una, ni dos, sino que varias malas pasadas, desde el Chupete Suazo hasta “über alles”, pasando por el famoso papelito y el reto de su señora, o el lío de la ANFP. Así terminó farreándose eventos que para otros políticos habrían sido un festín, como el Mundial de Fútbol o el rescate de los 33.

Es un hecho que el gobierno en el 2010 no logró instalar su relato y que termina el año como un gobierno reguleque. 44% de aprobación y 36% de desaprobación, a pesar del casi 6% de crecimiento económico, el exitoso rescate de los mineros, y sin haber tomado ninguna decisión drástica ni impopular de por medio. Pero lo central –más que la evaluación en las encuestas- es la falta de un hilo central que logre explicar de qué se trata este gobierno. El desafío es ser algo más que el primer gobierno de la derecha en 50 años. El Presidente es un gran táctico, pero no se aprecia una sólida estrategia.

El mediocre desempeño se debe en parte a culpas propias y en parte a sucesos inesperados. En las culpas propias, hay dos que saltan a primera vista. La primera es la débil instalación y reclutamiento de los cuadros de gobierno. En su afán de no compartir espacios de poder (especialmente con la UDI), el piñerismo se demoró más de la cuenta en nombrar cargos y hacer gestión. El propio Presidente en su cuenta pública reconoció que se trató de un año de instalación. Como todos sabemos que los autos nuevos no necesitan rodaje, esto no sirve como excusa para la Nueva Forma de Gobernar.

La segunda culpa propia terminó siendo la personalidad del Presidente. Su ansiedad comunicacional le jugó, no una, ni dos, sino que varias malas pasadas, desde el Chupete Suazo hasta “über alles”, pasando por el famoso papelito y el reto de su señora, o el lío de la ANFP. Así terminó farreándose eventos que para otros políticos habrían sido un festín, como el Mundial de Fútbol o el rescate de los 33.

Hay que reconocer que el gobierno también hubo de hacer frente a sucesos inesperados altamente traumáticos, como el terremoto y el episodio de la mina San José, los que no sólo coparon la agenda comunicacional, sino que consumieron gran energía y recurso humano en el propio Ejecutivo, dificultando así la instalación de una nítida agenda.

Poco como para ser algo más que el primer gobierno de derecha en medio siglo. Y que más encima entrará este año en la disputa interna por la sucesión, entre el delfín Hinzpeter y el carismático Golborne.

Por todo ello, desde la propia derecha se dice que para el año 2011 el gobierno no tendrá excusas –como reconoció el senador Larraín. Todos intuyen que producto del ciclo electoral que comienza el 2012, y de lo que toman los proyectos en materializarse, el legado de Piñera se juega en el 2011. Lo que no haga en este año que comienza no alcanzará a ser parte de su legado.

De ahí el apuro del Presidente de anunciar sus “siete reformas estructurales” antes de que culminara el 2010. No deja de ser sintomático que un Presidente anuncie siete reformas estructurales al comenzar el segundo año de un gobierno de cuatro. Eso denota que el relato, o no estuvo claro desde un principio, o que no se supo comunicar.

Las reformas anunciadas son: Seguridad Ciudadana, Pobreza, Modernización del Estado, Medio Ambiente, Institucionalidad Democrática, Salud y Educación. Cabe hacer notar que no se anuncian (ni se han hecho) reformas estructurales en crecimiento, es decir, se admite que se crecerá por inercia. Tampoco hay reformas estructurales en mercado del trabajo ni en el tema de seguridad laboral -de lo que tanto se habló después del accidente de los mineros. Esto último es entendible: sería un despropósito encargar una reforma estructural así de compleja a la Ministra más débil del gabinete.

Tampoco se ve nada en materia indígena, por lo que el anunciado Plan Araucanía (“el más grande de la historia” según el Presidente, es sólo una suma de inversiones sectoriales). Nada tampoco en Vivienda, Obras Públicas, Energía, Cultura, ni siquiera en Transantiago, por lo que suponemos que todo ello seguirá tal cual.

Sobre la reforma en Seguridad Ciudadana no se ha anunciado nada aún, más que intentar demostrar un “cambio de mano” con un par de fotos del Día del Combatiente, algunos allanamientos y un pobre pakistaní que iba pasando y lo tomaron preso con la venia del Ministro. Ha tomado un año la aprobación del proyecto de ley ya existente acerca del Ministerio de Interior y Seguridad, mientras que en materia de políticas concretas e integrales, poco y nada. Hasta ahora, el crédito del Ejecutivo se afirma en el cambio de tendencia en las cifras de victimización, cambio que había comenzado antes de este gobierno. Suponemos que la reforma carcelaria será incluida en estos cambios, pero ello tendrá una dificultad ideológica: si se quiere abordar en serio el problema carcelario, la ideología del “candado” y la “mano dura” no es suficiente.

En Pobreza, se ha hecho uso mañoso de las cifras, se ha encapsulado el tema en la línea de pobreza y no en vulnerabilidad, y se han puesto todas las fichas en el Ministerio de Desarrollo Social y el ingreso familiar ético. Pero el Ministerio no es más que la creación de una subsecretaría y mejoras marginales en algunos instrumentos. Y el ingreso ético ni siquiera pasó una vara mínima de transparencia cuando se discutió en la Ley de Presupuesto y tuvo que ser retirado. Al final del día, todo indica que, al menos por el 2011, el famoso ingreso ético no será mucho más que una entrega de bonos para las familias del Chile Solidario.

De Modernización del Estado se sabe poco, salvo que el gobierno ha decidido torpedear una de las reformas capitales de los últimos años, como es la Alta Dirección Pública, primero con remociones políticas y luego con nepotismo. De Medioambiente tampoco se sabe mucho más que los eslóganes, una completa nueva institucionalidad aprobada en el gobierno anterior y que al actual sólo le correspondía implementar, junto al telefonazo para cambiar el sitio de Barrancones. De Reformas Políticas, lo único estructural –y bienvenido—es la inscripción automática y el voto voluntario. Pero no hay nada más que altere la estructura de la Constitución de 1980, como son el binominal, las leyes orgánicas constitucionales y el escaso reconocimiento y protección de los derechos sociales.

En Salud la promesa sí es gigante (está el informe de la comisión de expertos) pero la claridad sobre lo que se hará es escasa, según admite el propio gobierno (recién en junio el gobierno dirá qué hará con ese informe, para recién pasar al Congreso). En Educación, efectivamente, algo más se ha avanzado (¿será mérito de Lavín?) y es de esperar que algo de lo propuesto se concrete.

En definitiva, de siete reformas estructurales, sólo se tiene noción concreta de avance en una de ellas (Educación), aunque ésta no aborda el tema estructural que significa el fortalecimiento de la educación pública y una nueva estructura administrativa para la municipalización. En el resto, sólo Salud califica como estructural, aunque el gobierno ha dejado entrever que será menos estructural que lo que el comité de expertos que él mismo formó propuso. De las otras cinco reformas, o se sabe poco, o lo que sabe no da ni para reformita.

Y eso es todo: Un relato programático de 7 reformas que se quedan ampliamente cortas. El relato político –la Nueva Derecha—ya está siendo matizado por el propio Presidente. En definitiva, poco como para ser algo más que el primer gobierno de derecha en medio siglo. Y que más encima entrará este año en la disputa interna por la sucesión, entre el delfín Hinzpeter y el carismático Golborne.

Nada más reguleque que un gobierno sin relato. Y eso que aquí ya pasó todo un año.

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