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¿Qué tan lejos estamos de los grandes, en investigación y desarrollo?

por 1 enero 2011

Chile posee menos de 800 investigadores por cada millón de habitantes. De acuerdo a datos del Banco Mundial, el promedio OCDE es de aproximadamente 3.400 investigadores; países como Suecia o Dinamarca, superan los 5 mil investigadores, y Finlandia supera los 7 mil. Es evidente el retraso de Chile en este ítem.

Nuestro país ha sido recientemente aceptado en el exclusivo grupo de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Esta distinción se otorga no solamente a países desarrollados sino también a países que se encaminan a dicho “estado”, y supone una serie de obligaciones, entre ellas, acoger las recomendaciones de esta organización e implementar medidas para mejorar en aquellos aspectos donde se presentan deficiencias respecto a los demás países integrantes. Chile, en su calidad de país miembro de esta organización, tiene entonces la obligación de mirar a sus países “colegas” y trabajar en aquellos ámbitos en los que presenta serias deficiencias.

Uno de estos ámbitos es, indudablemente, la investigación científica y tecnológica. La comparación con los países de la OCDE es elocuente, y nos obliga a realizar un enorme trabajo para acortar las enormes distancias existentes: al comparar diversos indicadores científicos entre Chile y los restantes países de la OCDE, se pueden comprobar serias deficiencias. Lamentablemente, la discusión a nivel nacional en torno al estado de la ciencia es más bien escasa, reducida a grupos especializados, y suele centrarse únicamente en la falta de vinculación entre las instituciones que realizan investigación y el sector productivo.

Chile posee menos de 800 investigadores por cada millón de habitantes. De acuerdo a datos del Banco Mundial, el promedio OCDE es de aproximadamente 3.400 investigadores; países como Suecia o Dinamarca, superan los 5 mil investigadores, y Finlandia supera los 7 mil. Es evidente el retraso de Chile en este ítem.

Los indicadores más empleados para comparar el estado de la investigación científica son cuatro: cantidad de publicaciones (en un período dado), calidad de estas publicaciones (evaluada como citaciones por artículo), número de investigadores e inversión nacional (como porcentaje del Producto Interno Bruto). Chile se encuentra ubicado en los últimos lugares entre los países OCDE en todos estos indicadores. A nivel de publicaciones científicas, el reciente estudio “UNESCO Science Report 2010” muestra que Chile publicó 3.646 artículos el año 2008, cifra 8 veces inferior al promedio de los 33 países de la OCDE (28.681 artículos). Aún excluyendo a potencias como Japón o Estados Unidos, sólo cuatro de los 33 países publican menos artículos científicos que Chile (siendo Islandia y Luxemburgo, dos de esos países). Difícilmente se puede culpar a los científicos nacionales de tan mediocre productividad, puesto que las publicaciones nacionales reciben sólo un 20%  menos de citaciones respecto al promedio OCDE (ISI Essential Science Indicators).

Probablemente donde mayor distancia existe respecto a los países OCDE es en número de investigadores (por millón de habitantes) e inversión en I&D. Según datos del propio Gobierno (similares a los presentados en el estudio de la UNESCO), Chile posee menos de 800 investigadores por cada millón de habitantes. De acuerdo a datos del Banco Mundial, el promedio OCDE es de aproximadamente 3.400 investigadores; países como Suecia o Dinamarca, superan los 5 mil investigadores, y Finlandia supera los 7 mil. Es evidente el retraso de Chile en este ítem; sólo tres países poseen menos de mil investigadores por millón de habitantes, por lo que nuestro país se ubica también en los últimos lugares. El alto número de investigadores en los países desarrollados demuestra la clara vocación de dichos países por la investigación científica y tecnológica, de la mano de su estabilidad y prosperidad económica.

En cuanto a la inversión en I&D, Chile invierte sólo un 0,4% del PIB (de acuerdo al estudio “Resultados de las Encuestas de Innovación e I&D, 2007-2008”, Ministerio de Economía), muy por debajo del 2,3% que invierten en promedio los países de la OCDE. Los países europeos buscan aumentar dicha cifra a un 3% de base, mientras que en Chile, el presupuesto para I&D se mantiene prácticamente inamovible, y con expectativas de ser duplicado en los próximos ocho años. Hay que destacar que, según estos datos, Chile se encuentra en el penúltimo lugar entre los países OCDE en términos de inversión de I&D.

La pregunta que surge naturalmente es: ¿puede Chile aspirar a ser un país desarrollado en la próxima década, con tan pobres indicadores de investigación científica o tecnológica, o necesita incorporar en sus metas una mejoría ostensible en esta materia, y cómo? En este sentido, vale la pena una vez más comparar a Chile con los países OCDE: mientras el 70% de los 33 países de la OCDE poseen una institución de rango y carácter ministerial para determinar las políticas nacionales en lo relativo a la investigación científica y la innovación, sólo tres países cuentan con instituciones que pueden ser definidas, en el mejor de los casos, como “agencias”: Chile (CONICYT, organismo que fue creada hace más de 40 años), Turquía y México. Curiosamente, estos tres países son los mismos que poseen los desempeños más bajos en los demás indicadores. Diversos actores nacionales e internacionales han manifestado la urgencia de reformular la actual institucionalidad científica nacional, incluyendo a la misma OCDE. La experiencia de los países miembros de la OCDE sugiere que la mejor estrategia, y la que mejores dividendos otorgará al país, es la creación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología. Cabe señalar que Argentina y Brasil ya dieron este paso, creando sus respectivos ministerios, y en los últimos años han mejorado sus capacidades científicas y tecnológicas, siendo destacados en revistas científicas de prestigio internacional como Nature y Science.

Se hace urgente mejorar en todos estos indicadores. El Gobierno debe adoptar la misión de incrementar las capacidades científicas del país en los próximos ocho años, lo que incluye, como se evidencia en los datos entregados, aumentar el número de investigadores (lo que se denomina usualmente como “capital humano avanzado”). Dicho aumento debe significar, necesariamente, aumentar el número de beneficiarios de Becas Chiles y becas de postgrado nacionales. Además, un último aspecto en el que el país debe mejorar es en la difusión científica. Un reciente estudio a nivel iberoamericano nos sitúa como el país con la peor valoración de la ciencia, con resultados tan sorprendentes (como, por ejemplo, que ninguna persona haya contestado en Chile que la ciencia es importante para el país, versus un 30% promedio en países vecinos) que fueron destacados por los mismos autores del estudio.

En resumen, es difícil que nuestro país alcance la meta del desarrollo si no mejoramos nuestros indicadores en I&D. La comparación con los demás países de la OCDE es elocuente, y sólo resta abrir el debate para encontrar la manera de incrementar nuestras capacidades científicas. Chile presenta muchas potenciales áreas donde la ciencia puede realizar aportes significativos a la productividad nacional, pero no depende solamente de un “mejor diálogo” entre la academia y el sector productivo. Se requiere de una base de I&D sólida que, hasta ahora, se ve lejana.

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