Domingo, 4 de diciembre de 2016Actualizado a las 16:50

Opinión

Autor Imagen

“Los 33 estamos mal y ya no subsidiamos a Piñera”

por 7 enero 2011

“Los 33 estamos mal y ya no subsidiamos a Piñera”
El altísimo nivel de evaluación positiva de la ex Presidenta Michelle Bachelet y el nulo rechazo, como también la positiva evaluación que experimenta el ministro Golborne, se produce fuera de los ejes de los partidos y de los bloques y expresa una poderosa señal de rechazo de la población a las formas mas tradicionales de la política.

Las encuestas CEP y Adimark han sido un balde agua fría para el Presidente Piñera. Se subsumió definitivamente el subsidio de popularidad y adhesión que  entregaron los 33 mineros pese a la enorme instrumentalización que el mandatario hizo del exitoso rescate. Incluso, en estas horas, los mineros acusan públicamente al Presidente de incumplir su compromiso de garantizar salud física y mental por seis meses. La Mina San José sólo sigue rindiendo popularidad al ministro Golborne que aún descendiendo en la encuesta ADIMARK, como la mayoría de sus colegas de gabinete, está en una sólida posición solo cercana a la de la ex Presidenta Michelle Bachelet.

El resultado de los sondeos es definitivamente malo para Piñera. Baja en la CEP de 45 a 44% en adhesión, 6 menos de lo que tenía Bachelet al fin de su primer año de gobierno, y aumenta 5 puntos el grado de rechazo. Según ADIMARK se estrecha la adhesión a un 47% y aumenta el rechazo a un 43%. Cuando se mide la evaluación de liderazgos Piñera debe sufrir una quemante derrota: está a 31 puntos de Bachelet, a 27 de Golborne y bajo Lavín. Y se confirma algo que todos los analistas han subrayado: su escasa capacidad para crear confianzas, su falta de credibilidad. La ciudadanía, que aprecia de manera relevante otros atributos del Presidente, sin embargo no le cree.

Liderazgos como el de Carolina Tohá y Lagos Weber, que tienen gran proyección y muchas ideas novedosas que colocar, deben, para proyectarse mas allá de la “tribu”, asociarse a “causas” ligadas a las que hoy movilizan o preocupan a una ciudadanía que quiere cambios, más libertad, más debate, más participación.

¿Qué provoca esta deficiente performance del Presidente? Un primer factor es la distancia entre lo que promete y la grandilocuencia con la que proclama los anuncios y la reducida capacidad de gestión –que se suponía era la fuerza del Presidente y de su gabinete empresarial– en el cumplimiento de ellas. La CEP es lapidaria: solo un 22% apoya lo realizado por el mandatario en materia de reconstrucción  y una cifra semejante valora lo que su gobierno ha hecho en el tema de la pobreza. Lentitud en la reconstrucción, manejo autoritario del conflicto mapuche, reforma educacional que no va al fondo de la necesidad de equidad y calidad en la educación pública, retraso en el envío de los proyectos más emblemáticos que no han entrado al Parlamento y a casi un año de gestión lo que puede mostrar del cumplimiento de las promesas hechas al país como candidato son más bien pobres.

Sin embargo, no hay duda que el retraso y la resistencia de Piñera en resolver los conflictos de interés generado por el vínculo entre sus negocios y su cargo presidencial que requiere de extrema transparencia y sobriedad, las denuncias de su directa intervención, junto a la del subsecretario de Deportes, Gabriel Ruiz Tagle, para desbancar a Harold Mayne-Nicholls, y en el fondo sacar a Bielsa; el excesivo personalismo y la falta de mesura en el ejercicio del cargo, son vistas críticamente por una población que mayoritariamente tiende a independizarse de los vínculos políticos y a emitir una opinión caso a caso.

Lo ocurrido en los últimos días con la salida de la directora de la Junji y sus desafortunadas declaraciones y, sobretodo, con las irregularidades administrativas en la adquisición de las mediaguas para la reconstrucción pagadas al doble del valor establecido, sin licitación y privilegiando a algunas empresas por sobre otras, todo decidido, además, por un equipo de asesores presidenciales al margen de la institucionalidad y que no tenían facultades para adoptar resoluciones de esta naturaleza, complica aún más el panorama al gobierno. De comprobarse que de irregularidad se pasa a una acción dolosa, a un negociado, las consecuencias para Piñera y su gobierno pueden ser desastrosas desde el punto de vista de la opinión pública y por ello sorprende la liviandad con que el Ejecutivo ha abordado el tema, sin anunciar ninguna investigación interna y con una línea de defensa feble, poco convincente y contradictoria.

El nivel temprano de deterioro de apoyo al Presidente y a sus ministros, pese al buen momento económico que vive el país y al creciente nivel de recursos que el erario nacional dispondrá por efecto del altísimo precio del cobre, situado en su máximo histórico, hace que en sectores del gobierno se maneje la hipótesis de llevar a la vocería al Ministro estrella del gabinete, Lawrence Golborne, para dar una nueva imagen de eficiencia y de empatía con la ciudadanía. Ello implica capitalizar la popularidad de Golborne en arropar al Presidente y al gabinete, pero significa también sacar del limbo al Ministro, colocarlo en una vitrina conflictiva, que lo obligará a la disputa política áspera, y con ello a arriesgar el capital ciudadano de quien algunos en la Alianza ya  presentan como futuro candidato presidencial.

Sin embargo, especialmente la encuesta CEP entrega otros valiosos antecedentes para el análisis político. Uno de ellos, que habla de la profunda crisis de los partidos políticos y de la política en general, es que solo un 30% de los entrevistados se define dentro de los ejes tradicionales de derecha, centro, izquierda y cerca del 60% se manifiesta completamente al margen de ellos, en una postura lejana a las políticas partidarias y muy crítico con las instituciones. Es cierto que este es un fenómeno que se reproduce, también, fuertemente en las democracias europeas y, por tanto, es una tendencia internacional. Ocurre en Francia con un gobierno de derecha como el de Sarkozy así como en la Europa nórdica que fue bastión de la socialdemocracia. Es decir, hay un electorado crecientemente autónomo, no condicionado ideológicamente, que puede moverse horizontalmente en todo el espectro y que, por ende, confiere al sistema una alta volatilidad electoral. Esto se ampliará en Chile con el ingreso al padrón electoral de cuatro millones de chilenos que mayoritariamente son expresión de esta tendencia.

Incluso el altísimo nivel de evaluación positiva de la ex Presidenta Michelle Bachelet y el nulo rechazo, como también la positiva evaluación que experimenta el Ministro Golborne, se produce fuera de los ejes de los partidos y de los bloques y expresa una poderosa señal de rechazo de la población a las formas mas tradicionales de la política. Hay nostalgia de Bachelet, de su empatía, cercanía y capacidad protectora, no de la Concertación. El apoyo a Golborne se produce en tanto se le percibe como una figura independiente de los partidos de derecha y casi sin perfil político. Sutil pero relevante es también el hecho de que los dos políticos de la Concertación mejor evaluados, con bajo nivel de rechazo, en la encuesta CEP, sean Soledad Alvear y Andrés Velasco, la primera con bajísimo perfil partidario en el último año y el segundo con ningún tipo de vínculo con los partidos.

Expresión de esta tendencia es también la baja de Bachelet en 20 puntos en el liderazgo de la Concertación. La ciudadanía sabiamente asume lo obvio, que ella está fuera de Chile, que no está en la contingencia y que no encabeza la Concertación y, por tanto, este dato, que probablemente se confirmará a la baja en encuestas posteriores, no puede ser leído como negativo para Bachelet toda vez que da cuenta de una realidad evidente. Sin embargo, hay mensajes detrás de él: se le disocia de la Concertación al transformarla en un líder país que sobrepasa cualquier frontera. Pero, a la vez, se expresa la sensación, la espera, de que otros asuman dicho liderazgo. Distinto sería el resultado si a la ciudadanía se le preguntara por Bachelet como candidata presidencial de la oposición ya que distinta es la pregunta y en ese caso no hay duda alguna, que hoy por hoy, ella tendría la primera opción en la nominación de las encuestas aún circunscrita, esta vez, al ámbito solo de un sector de la política chilena.

Sin embargo, el resultado de la encuesta CEP es francamente malo para la Concertación que no logra canalizar la pérdida del gobierno y que disminuye aún más el nivel de aprobación de la ciudadanía a su rol opositor: sólo un 21%, y aumenta su nivel de rechazo. Es cierto que después del primer año de Bachelet, la Alianza de la derecha no tenía como oposición un resultado mejor y que en virtud del fuerte presidencialismo la opinión pública tiende a favorecer al bloque que está en el gobierno. Así sucedía también con la Concertación. Ello no puede, sin embargo, conformar a una alianza que pretender volver a gobernar el país.

Es evidente también que los nuevos liderazgos de la Concertación, que bajan en porcentaje de evaluación positiva en la encuesta CEP, son afectados por el descrédito de los partidos que conducen y por las continuas polémicas a que se han visto enfrentados y que sólo muestran imágenes negativas a la gran mayoría de los chilenos. Una conclusión que se puede sacar es que los nuevos liderazgos de la Concertación, asociados a la conducción de los partidos, no despegarán de los porcentajes actuales mientras el bloque no muestre una capacidad real de renovación, mientras no sea una oposición con política alternativa, un verdadero “gobierno en la sombra”, mientras no se conecte con una sociedad civil mas compleja y exigente y mientras no tenga un proyecto de futuro que ofrecerle al país que confiera una nueva identidad. Nada de eso ha ocurrido durante el año 2010 y, por ende, nadie podía esperar una mejor evaluación de una Concertación paralizada, en deuda profunda de autocrítica, y de liderazgos  presos de innumerables e insufribles conflictos internos.

Cojo una feliz frase de Cristóbal Aninat, “los líderes nacen cuando tienen algo que decir”, porque creo que difícilmente los nuevos liderazgos de la oposición emergerán definitivamente de la conducción de los partidos. Liderazgos como el de Carolina Tohá y Lagos Weber, que tienen gran proyección y muchas ideas novedosas que colocar, deben, para proyectarse mas allá de la “tribu”, asociarse a “causas” ligadas a las que hoy movilizan o preocupan a una ciudadanía que quiere cambios, más libertad, más debate, más participación, más horizontalidad pero también mayor protección.

El desafío de la Concertación es enorme. Debe renovar estilos de hacer política y la calidad de ella, debe imponer reformas políticas democratizadoras que sintonicen con una población que expresa desinterés por la actual política, abrirse para configurar con partidos y sociedad civil una gran fuerza opositora y de cambios, probablemente debe cambiar incluso su denominación porque la actual “marca” es el reflejo de una obra enorme pero ya lograda, ya sobrepasada, con un desgaste “espistemológico” que no convoca porque en esa forma la alianza de centroizquierda, esencial pero insuficiente por si sola para los desafíos del futuro, ya cumplió su rol en la sociedad chilena y ha dejado de decir algo nuevo, motivante, épico.

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes