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Los aciertos del "caverníocola" del Sernam

por Alejandra Zúñiga F. Profesora de derecho constitucional de la Universidad de Valparaíso. 12 enero 2011

(Respuesta a la columna de Gerber y Fernández)

Señor Director:

Las críticas a la función de la ministra del Sernam parecen exageradas. No reconocen que las campañas que ha impulsado han sido valientes y, en mi opinión, exitosas en su objetivo de dar visibilidad a la problemática de la mujer relacionada con la violencia y la incorporación del hombre a las tareas domésticas, cuestión que la anterior ministra del Sernam (aún cuando sea una persona brillante) no logró hacer ni de cerca.

El camino que está siguiendo Schmidt –denominado por las columnistas como “complementariedad de los sexos”- es precisamente el principal mecanismo que -no sólo en Chile, sino que en el resto del mundo- puede alcanzar la tan preciada equidad. Todas las demás herramientas –aún cuando puedan ser útiles- solo serán pobres paliativos de la desigualdad.

Con independencia del tipo de familia de que se trate, lo cierto es que los hijos deben siempre ser responsabilidad compartida –como pretende señalar el spot del cavernícola-, no sólo económicamente, sino que ‘personalmente’, quiero decir, el tiempo que se dedica a su crianza y educación (desde cambiar pañales, dar de comer, hasta asistir a las reuniones de colegio) debiera ser responsabilidad compartida. Los hombres no tienen derecho –y las mujeres debieran dejar de permitir- a defender la idea socialmente arraigada de que basta con que ellos ‘ayuden’ en la crianza de los hijos. Quien solo ayuda, por definición, no es responsable.

¿Flexibilidad laboral? Por supuesto, pero para todos, hombres y mujeres. ¿Post natal extendido? Claro. Pero para ambos y obligatorio. Es fundamental que las políticas sociales reconozcan de una vez que tanto ellos como ellas tienen que usar su tiempo (que es, recordando a Franklin, dinero) asumiendo el costo personal y laboral que implican los hijos.

Todo lo demás, como lo demuestran las fracasadas políticas de igualdad que se han implementado en Europa y EEUU (fracasadas puesto que no considero un éxito que las tasas de natalidad se vayan a pique), no será de ninguna utilidad mientras los hombres no hagan lo mismo que han hecho desde hace algún tiempo ya las mujeres: cambiar.

(*) Alejandra Zúñiga F.

Profesora de derecho constitucional

Universidad de Valparaíso.

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