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Magallanes, Magallanes y la sombra de los pingüinos

por 13 enero 2011

Con los dirigentes regionales y locales de los distintos movimientos ciudadanos y con el apoyo de los regionalistas de todo Chile, el gobierno centralista tendrá que retroceder ante la fuerza de los magallánicos y dejar sin efecto su medida. La sombra del movimiento de los pingüinos ronda en palacio. El Presidente Piñera es rápido y audaz. Que no se demore.

Las protestas que se han generado con la anunciada alza del gas en la  Región de Magallanes van mucho más allá que el aumento del precio de ese combustible tan propio y vital en  el extremo austral. Se ha desencadenado el primer gran conflicto ciudadano de la era Piñera, que abrirá las  puertas de un fuerte debate sobre un tema que hasta ahora no se ha visualizado: la defensa de los intereses de las regiones. Durante los últimos años en prácticamente todas las regiones se han estado gestando movimientos reivindicatorios que buscan el traspaso de poder político y económico para lograr algún grado de autonomía. Es un debate que no resulta conveniente para quienes detentan el poder del aparato del Estado,  que administran bienes públicos y reparten entres sus partidarios intendencias, gobernaciones y seremías. Tampoco para un Parlamento dominado por partidos centralistas donde  los jefes de facciones  distribuyen el poder en la capital y designan hasta el candidato a concejal de la comuna más pequeña, sin participación real de las regiones.

Está en juego la defensa de los intereses locales, regionales. En pleno siglo XXI, quienes vivimos en regiones queremos decidir si se instala o no una generadora contaminante (Coquimbo: Barrancones; Atacama: Castilla); o una gran hidroeléctrica (Hidroaysén ; Achibueno en el Maule Sur), o cómo deben explotarse los recursos no renovables como los minerales (Tarapacá, Atacama, Antofagasta); o qué hacer con lo que se recaude por impuestos en actividades con clara identificación local (Salmones- Los Lagos).

Con los dirigentes regionales y locales de los distintos movimientos ciudadanos y con el apoyo de los regionalistas de todo Chile, el gobierno centralista  tendrá que retroceder  ante la fuerza de los magallánicos y dejar sin efecto su medida.  La sombra del movimiento de los pingüinos ronda en palacio. El Presidente Piñera es rápido y audaz. Que no se demore.

Lo que se busca es participar, ser protagonistas de las decisiones que nos afectan la vida diaria y de las que nos afectarán en el futuro. Esto tiene que ver como vivimos la democracia o más bien como avanzamos desde una pseudodemocracia a  una democracia con mayores grados de participación.

No confundirse. Esto no es una lucha de las regiones contra Santiago, ya que incluso los habitantes de la Región Metropolitana sufren las consecuencias de esta forma de tomar decisiones, tan autoritaria, las más de las veces inconsulta y generalmente contra los intereses de los supuestos beneficiarios, como lo fue el cambio del sistema de transporte público.

El Presidente Piñera ofreció más regionalización y a decir verdad todos los candidatos presidenciales lo hicieron durante la última campaña. Pero cuando llegan al poder, parecen olvidarlo. El gobierno ha anunciado una serie de planes regionales presentados como estructurales: el Plan Tarapacá, el Plan Atacama, el Plan Valparaíso, todos ellos  sin participación de los incumbentes.

La contención de los legítimos planteamientos regionalistas, que han hecho los partidos dominantes al repartir cargos públicos a los líderes locales, está deteriorada, al igual que su imagen.  Aún más en un gobierno en donde militar en un partido es más bien señal de demerito.

Es por ello que en este conflicto  no solo está en juego el valor mismo del hidrocarburo en la región austral, hay mucho más. Mi impresión es que se sigue  subestimando el impacto de la movilización, incurriendo en el mismo error de algunos ministros (en especial el de Hacienda), durante el gobierno de M. Bachelet, al   no dimensionar las primeras protestas de los pingüinos. No solo los hoy activados  magallánicos tienen un fuerte sentimiento regionalista, sino que también los ayseninos, los atacameños, los antofagastinos, los ariqueños, los iquiqueños, los penquistas, etc. Este sentimiento es más fuerte de lo que burócratas de la capital estiman.

Los argumentos dados por las autoridades de gobierno y por la ENAP, son los mismos de siempre. Yo los escuché siendo parlamentario por mi querida región de Atacama, cuando se privatizó  la empresa de agua potable. Considerábamos que en el desierto más seco del planeta el agua debía permanecer en manos del Estado. No nos escucharon y hoy estamos en serio riesgo de desabastecimiento, con el río Copiapó seco y con el río Huasco en riesgo. Tampoco escucharon la voz de regiones, cuando junto a parlamentarios de todas las bancadas presentamos un proyecto de ley de royalty a la minería, muy sentido por todos los habitantes de las zonas mineras,  en que parte de la recaudación quedaba en la región donde se extraía el mineral.  Teníamos los votos suficientes para aprobarlo. La negativa fue con los argumentos de siempre. Perdimos miles de millones de dólares. Liza y llanamente en Santiago se toma una decisión de acuerdo al  raciocinio económico del Ministro de turno y se aplica. La opinión de las regiones no interesa.

Hoy es lo mismo y frente al alza del gas escuchamos: “Es lo justo, por qué subsidiarlos”;  “Es lo que corresponde, lo  económicamente razonable”; “Se acabó la fiesta, hay que sincerar los precios, no podemos subsidiar  el precio del gas a ricos y pobres”; “Debemos focalizar los subsidios en la gente de más escasos recursos.  Claro que cuando hay que subsidiar desastres provocados por decisiones inconsultas como el Transantiago, los mismos dan razones y argumentos de sobra, para justificarlos.

Recuerdo que hace más de 10 años en mi región,  aquí en Atacama, se “sinceró el precio del agua potable” para las comunas costeras alejadas de las fuentes naturales del vital elemento,  y se crearon dos  tarifas, una de ellas para las ciudades cercanas a las fuentes y otra  más cara para las más alejadas. Significó que las segundas pagaran una tarifa tres veces más cara que las primeras. A quienes nos opusimos se nos dijo que era lo razonable…., y que a los sectores más modestos y vulnerables  les otorgarían subsidios, etc. etc…. Los mismos argumentos de hoy frente al alza del gas. El efecto fue devastador. Aunque hubo subsidios a las familias más vulnerables, que dicho sea de paso los trasformaron en clientes de los municipios y alcaldes de turno, los pequeños empresarios y todo el sector productivo se vio fuertemente impactado, la inversión disminuyó, el turismo -actividad muy importante en algunas comunas- perdió competitividad, etc., etc. El costo fue y aún es altísimo.

En Magallanes el problema es igual o más grave. El alza del precio del gas no sólo afecta el bolsillo de los consumidores domiciliarios, sino que afecta el desarrollo de la región, la actividad empresarial completa encarece el transporte y con ello prácticamente todos los productos. Hace que la región sea menos competitiva.

En la lucha  de los magallánicos estamos los regionalistas de todo Chile, de quienes queremos profundizar la democracia, y que abogamos por una efectiva regionalización: con consejeros regionales e intendentes electos, impuestos regionales a las actividades con clara identificación local, un sistema educacional regional, etc.

Esta situación abusiva debe terminar.

Magallanes hoy cuenta con un gran movimiento ciudadano, con líderes gremiales y sectoriales  que  son respaldados con gran entusiasmo por su gente y  con un grupo de autoridades que tienen grados de autonomía y libertad para enfrentar el poder del centro. Tiene al Alcalde de Punta Arenas y parlamentarios, que  gusten o no,  no responden a las lógicas partidarias de siempre. En buena hora. Bianchi, Marinovich y Mimica tienen plena libertad y un compromiso regionalista incuestionable, lograron romper y ganar pese a una legislación que dificulta al máximo a quienes desafían a los partidos tradicionales. Por su parte y conociéndola, la diputada Goic no obstante pertenecer a un partido centralista, tiene la inteligencia y capacidad para actuar con libertad, sobretodo desde la oposición.

Con este equipo, con los dirigentes regionales y locales de los distintos movimientos ciudadanos y con el apoyo de los regionalistas de todo Chile, el gobierno centralista  tendrá que retroceder  ante la fuerza de los magallánicos y dejar sin efecto su medida.  La sombra del movimiento de los pingüinos ronda en palacio. El Presidente Piñera es rápido y audaz. Que no se demore.

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