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El medio ambiente del 2010 y las cuentas de la ministra

por 15 enero 2011

La cuenta ambiental de la ministra Benítez, pese a incluir una larga lista de temas, no permite visualizar con claridad la orientación y las avances que pretende el Ministerio que encabeza, ni tampoco presenta un plan de trabajo para 2011.

El Presidente Sebastian Piñera impuso un nuevo desafío a sus ministros: elaborar cuentas públicas del año que termina. En este contexto, la ministra de Medio Ambiente, María Ignacia Benítez, dio a conocer la cuenta de su cartera para el 2010. Como era de esperar, los logros a mostrar son escasos, pues buena parte del año la cartera debió dedicarlos al proceso de instalación como nueva autoridad, a lo que se agrega además el inicio de la implementación de la nueva institucionalidad sectorial, además de ciertas tareas asumidas como parte de la reconstrucción tras el terremoto.

Sin embargo, aún tomando en cuenta estas circunstancias, lo cierto es que la cuenta pública del sector exhibe cierta debilidad e importantes carencias. Lo primero que llama la atención es que se inicia promoviendo el desarrollo sustentable, cuestión que puede resultar muy loabale como principio de la administración del Estado, pero lo cierto es que el Ministerio de Medio Ambiente debiera ser  el  encargado de resguardar el patrimonio ambiental y generar políticas públicas acordes y no de promover el desarrollo sustentable del país. Lamentablemente, desde el punto de vista organizacional, el Consejo de Ministros para la Sustentabilidad, conformado por 11 ministros, está asociado a la labor del Ministerio, y de hecho duplica funciones con éste, y por tanto le resta fuerza en materia  de resguardo del medio ambiente y protección de los recursos naturales. El desarrollo sustentable obliga al Ministerio a conciliar lo ambiental, social y económico, en lugar de constituirse en el Ministerio encargado de proteger el patrimonio natural de Chile.

La cuenta ambiental de la ministra Benítez, pese a incluir una larga lista de temas, no permite visualizar con claridad la orientación y las avances que pretende el Ministerio que encabeza, ni tampoco presenta un plan de trabajo para 2011.

Con esta estructura institucionalidad, el Ministerio de Medio Ambiente necesariamente es débil. Además, tanto en su organigrama institucional como en la cuenta de la ministra, no se  considera la participación ciudadana como un tema relevante, cuestión que ya habíamos puesto de manifiesto al conocerse la estructura de esta Secretaría de Estado. En efecto, cuenta con una oficina de asuntos indígenas y otra de  información ambiental, pero evidentemente entregar información no equivale a participación ciudadana. Ya hemos visto como la actual administración ha dado múltiples pruebas que precisamente éste es uno de los temas más ausentes de su gestión, y cada vez con más claridad se percibe que no es una cuestión que interesa al gobierno del presidente Piñera ni a sus ministros.

Entre los temas que no fueron abordados apropiadamente en la cuenta pública de la Ministra, se cuenta el proceso de implementación y puesta en marcha de la nueva institucionalidad, más allá de llenar las plantas  de los funcionarios y traspasar de un servicio a otro funcionarios públicos, cuestión que puede encerrar ciertas complejidades, pero que no constituye el desafío de fondo. Las organizaciones ciudadanas queremos  saber, por ejemplo, cuántos reglamentos deberán ser elaborados para la total implementación de las tres instituciones públicas que se crearon  con la aprobación de la Ley N° 20.417, y cuál es la calendarización para la elaboración de estos reglamentos; pero nada se dijo al respecto.

Tampoco se entregó una evaluación real y tangible en varios de los temas que le competen a este Ministerio: calidad del aire, biodiversidad, gestión de residuos, priorización de normas de emisión y de calidad. Si bien la presentación de la Ministra hace un barrido por algunos de estos temas, esto dista mucho de ser una cuenta pública sólida.

En materia de biodiversidad, no se dijo nada  respecto de lo realizado en 2010 y los desafíos para el 2011. Tampoco quedó claro hacia dónde se propone que se transite con la creación del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas, ni se sabe cuál es o será el plan propuesto para la protección de la biodiversidad de nuestro país. Además, no se dio cuenta de la participación de Chile en la Convención de Biodiversidad celebrada a fines del 2010 en  Nagoya, ni cuál fue la posición de Chile, los acuerdos alcanzados ni los compromisos internacionales que debe asumir nuestro país y que deberían ser parte de la planificación del año 2011.

En relación al cambio climático, se mencionó el compromiso del Presidente de reducir en un 20% las emisiones  de gases efecto invernadero al año 2020, pero se desconoce el plan para lograrlo, mientras Chile sigue aumentando sus emisiones, principalmente originadas en el transporte y termoeléctricas.

En cuanto al análisis por área, lo más destacable mencionado por Benítez, es el avance en la dictación de la norma sobre PM 2,5 y en la norma sobre emisiones para termoeléctricas. Esta última está pendiente desde hace 12 años y había quedado lista en el gobierno de Bachelet, pero que aún no ha podido ver la luz debido a las intensas presiones de los empresarios por flexibilizar la norma. Así, pese a que ya fue aprobada por el Consejo de Ministros para la Sustentabilidad, el Presidente Piñera la ha sometido a nuevos análisis, y según ha trascendido la ha encontrado demasiado flexible.

La Ministra dio cuenta también del presupuesto aprobado y de los planes de recambio de estufas a leñas, cuestión poco trascendente en términos de impacto. El problema es que con esta medida puntual, Benítez elude el problema de fondo, al que no hizo ninguna referencia: el debate en torno a declarar la leña como combustible para poder normarla y fiscalizar su utilización en las mejores condiciones.

Otras medidas destacadas por el nuevo Ministerio, como la firma de convenios con empresas o asociaciones privadas, sellos informativos para vehículos o ciertas medidas orientadas a mejorar la educación ambiental, no tienen la suficiente trascendencia como para considerarlos hitos destacables del año.

En definitiva, la cuenta ambiental de la ministra Benítez, pese a incluir una larga lista de temas, no permite visualizar con claridad la orientación y las avances que pretende el Ministerio que encabeza, ni tampoco presenta un plan de trabajo para 2011. Por el contrario, lo que queda en evidencia son las numerosas carencias, y queda la incertidumbre sobre los desafíos y los temas pendientes para esta Secretaría. Tal vez lo único claro es que se va a implementar la nueva institucionalidad, pero se desconoce una calendarización para ello. No queda más que confiar en que este Ministerio esté trabajando en mejorar sus capacidades para enfrentar de mejor manera los desafíos que se avecinan.

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