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La balcanización del país

por 15 enero 2011

La cuenta ambiental de la ministra Benítez, pese a incluir una larga lista de temas, no permite visualizar con claridad la orientación y las avances que pretende el Ministerio que encabeza, ni tampoco presenta un plan de trabajo para 2011.

El gobierno de Piñera está consiguiendo producir conflictos que si se profundizan podrían ponernos en una alternativa interesante: o se regionaliza el país y se reconoce su multiculturalidad o nos sumimos en una suerte de “balcanización” a la chilena.

Con su discurso de candidato presidencial Piñera agitó en la zona mapuche la unidad de la nación, la majestad de la ley chilena que debía ser respetada y tuvo palabras de comprensión por la demanda de ese pueblo. Sin embargo, vino la huelga de hambre y su prolongación por indolencia y luego por la intransigencia gubernamental, lo que consiguió fue ampliar la sensibilidad ciudadana a favor de la causa mapuche y también radicalizar las posiciones de quienes promueven la constitución de una nación mapuche. Su bandera se agotó en los mercados de Temuco y ferias artesanales de Santiago.

Luego vino la demanda del pueblo rapa-nui, que tomándose unos terrenos ancestrales, tuvo como respuesta la desidia pues se dijo que era un conflicto entre privados, para posteriormente reconocer el conflicto y tratarlo con una rudeza policial desproporcionada al número de involucrados y a la legitimidad de sus peticiones. El resultado es similar: una comunidad rapa-nui más identificada en la diferencia con los chilenos, más unida para luchar por sus demandas y haciendo flamear banderas territoriales.

La cuenta ambiental de la ministra Benítez, pese a incluir una larga lista de temas, no permite visualizar con claridad la orientación y las avances que pretende el Ministerio que encabeza, ni tampoco presenta un plan de trabajo para 2011.

Hoy asistimos a otro conflicto, esta vez provocado desde el gobierno. La Región de Magallanes prácticamente se ha paralizado desde que se conoció el anuncio del alza de precios al gas, que es como el agua para un santiaguino. El argumento fue meramente económico, incluso solamente técnico. En vez de sensibilizarse por la diferencia regional que existe en el país y el cansancio de los gremios, sindicatos, instituciones varias y de la población que vive fuera de la Metropolitana, el gobierno escogió el camino de la confrontación, con el argumento técnico en mano y el libro de la ley en la otra, intentando dar una lección de que no se puede “vivir en una fiesta” con el precio del gas. El resultado está en pleno desarrollo: movilización ciudadana extensa, descontento con el centralismo y banderas magallánicas flameando en el Estrecho de Magallanes.

Están quedando al desnudo problemas de gobierno y problemas de Estado. El gobierno se enfrenta al inicio de las primeras deserciones parlamentarias y de apoyo electoral regional que pueden marcar su futuro con un parlamento que no controle y haciéndole fuerza para conquistar posiciones de influencia. La ciudadanía empoderada sobre el eje de demandas transversales, abandonando la recomposición clasista de los movimientos sociales, se puede articular por demandas como la reconstrucción, el detener los abusos de grandes comerciantes especuladores o por los temas medioambientales. En este sentido el gobierno no tiene ni un buen centro de detección de conflictos, ni una política de desarrollo del país, más allá de dejar que el mercado funcione como principio de “eficiencia”.

Piñera, como agiotista es un Portales, pero en cuanto a estadista es su antítesis y por ello habría que aliviarse.

Los conflictos descritos ponen en la actualidad la necesidad imperiosa de pasar definitivamente a un rediseño institucional que regionalice efectivamente al país, dotándolo de regiones con capacidad de elegir sus autoridades y que éstas pueden decidir sobre sus ingresos e inversiones, bajo mecanismos de control ciudadano y transparencia. Esto implica pasar a otra etapa de la democratización del país que permita mediante el “consenso constitucional” construir un “nosotros los chilenos” en que todos se sientan integrados desde sus regionales y culturales formas de ser.

El otro camino es un autoritarismo trasnochado que puede poner en riesgo la democracia.

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