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La primera renovación en serio de la política chilena en décadas

por 23 enero 2011

La Democracia Cristiana apostó por dar una oportunidad a figuras emergentes, más cercanas al Chile común y corriente, y destinarlos a la primera fila partidista. Esto es volver a nuestras raíces.

El fin de semana pasado, en el contexto de la primera “Junta Nacional” del 2011 de la Democracia Cristiana, se realizó la elección de los Consejeros Nacionales de la colectividad; instancia fundamental para la toma de decisiones, consulta y fijación de criterios políticos, tanto por estatuto como por prácticas democráticas que se dan al interior del partido.

A muchos medios de comunicación llamó la atención la amplia renovación de los militantes que fueron electos, ya que el organismo quedó compuesto por un 70% de líderes “nuevos”, o  “debutantes”, quienes a pesar de no haber detentando cargos en gobiernos pasados o integrar el Congreso, tienen una larga trayectoria política y social, ya sea en sus comunas, regiones, o instancias juveniles o gremiales.

La real importancia de este proceso eleccionario, que casi había pasado desapercibido en la contingencia nacional, radica en que constituye la primera renovación en serio de la política chilena en décadas. Pues sin ninguna duda, la Democracia Cristiana apostó por dar una oportunidad a figuras emergentes, más cercanas al Chile común y corriente, y destinarlos a la primera fila partidista.

La Democracia Cristiana apostó por dar una oportunidad a figuras emergentes, más cercanas al Chile común y corriente, y destinarlos a la primera fila partidista. Esto es volver a nuestras raíces.

Esto es volver a nuestras raíces, donde la DC era lugar de encuentro entre intelectuales, empresarios, trabajadores, jóvenes, campesinos y pobladores que soñaban con una sociedad más justa y donde todos tenían las mismas oportunidades de ocupar los cargos más relevantes del partido.

La renovación de liderazgos no puede entenderse en un sentido de exclusión de dirigentes con más trayectoria política, sino como una adición de nuevos rostros e ideas. Por eso estoy convencido que muchos de nuestros camaradas que perdieron en la elección de Consejeros Nacionales seguirán aportando al PDC desde el Parlamento, municipios o centros de estudios, porque el desafío que enfrentamos los necesita a todos, ya que debemos reinventarnos, recuperar la mística, volver a escuchar e interpretar fielmente el sentir de nuestros compatriotas y darle respuestas que nos permitan volver a ser una fuerza de transformación social y política que cierre las brechas de injusticia y desigualdad que aún nos duelen como humanistas cristianos.

El mensaje de la Junta Nacional está dado, la Democracia Cristiana ha sabido escuchar la voz que reclama renovación y nos pide recuperar nuestra propia identidad. Ahora los nuevos Consejeros deben demostrar en la cancha su capacidad política y sintonía con las necesidades de Chile. No somos un gran discurso pronunciado ante un auditórium vacío, sino la fuerza de la gente que comienza a sentirse en todo el País.

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