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Análisis

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El presidente Hu en Estados Unidos: ¿Globalización 2.0 o guerra fría?

por 25 enero 2011

El presidente Hu en Estados Unidos: ¿Globalización 2.0 o guerra fría?
Después de dos décadas de un mundo unipolar, neoliberal y globalizado bajo la égida norteamericana, EE.UU. desciende y China asciende. Según una encuesta reciente, a la pregunta ¿cuál es la primera potencia económica del mundo? el 47% de los norteamericanos contestó China y el 31% su propio país. Y se calcula que la economía china alcanzará a la estadounidense el 2019.

Después de dos décadas de un mundo unipolar, neoliberal y globalizado bajo la égida norteamericana, EE.UU. desciende y China asciende. Según una encuesta  reciente, a la pregunta ¿cuál es la primera potencia económica del mundo? el 47% de los norteamericanos contestó China y el 31% su propio país. Y se calcula que la economía china alcanzará a la estadounidense el 2019.

La relación entre China y EE.UU. se densificó con la política de Deng Xiaoping, hace algo más de 30 años, las cuatro modernizaciones, la coexistencia pacífica, la no intervención y la búsqueda de una alianza estratégica entre iguales. Hu le agregó el confucianismo, el pensamiento fundacional de China y cuyo principio central es la armonía. La primera visita de Hu a Washington el 2006 fue desastrosa por el trato descortés de Bush. Recién se celebró la segunda y, como no hubo bajas, más bien se confirmó la globalización 2.0, multipolar, aunque todavía no se puede descartar una segunda guerra fría.

1. La administración Obama entra en el ruedo

Días antes de la llegada del presidente Hu a Washington, cuatro miembros del gabinete de Obama, los secretarios de economía, comercio, defensa y de estado criticaron las políticas de Beijing. A la acusación de manipulación del cambio, se sumaron la de una apropación indebida de propiedad intelectual y el establecimiento de regulaciones, como la exigencia de contenidos de innovación nativa, que discriminarían a las empresas extranjeras que invierten en China para abastecer el mercado local, incluido el gobierno.

El de defensa, Gates, al visitar China, se sorprendió cuando sus anfitriones le informaron que probaban un caza bombardero no detectable por radares, EE.UU. los tiene desde hace años; que construían su primer portaviones, EE.UU. tiene 13, y que instalaban en la costa misiles de mediana distancia, cuyo blanco obvio es la flota norteamericana en el Pacífico asiático. Su reacción fue anunciar inversiones en armas. Hay que tener presente que EE.UU. tiene más de 250 bases militares en el extranjero y su presupuesto militar es la mitad del total mundial, mientras que el de China, si bien se ha multiplicado en el siglo XXI, es 14% del norteamericano, y está construyendo su primera base naval en el exterior, en Pakistán, al igual que la India, en Irán.

China es, por su propio peso, una potencia mundial y miembro central y responsable del sistema internacional, situación no condicionada por la aprobación de EE.UU. Es el banquero de Washington, el salvador del euro, le presta a los países en desarrollo más que el Banco Mundial y encabeza la recuperación económica del mundo.

Un discurso de Clinton encuadró la política de la administración en los dogmas de la escuela liberal internacionalista. EE.UU. y China son distintos. La sociedad internacional está  formada por instituciones multilaterales. China no es miembro pleno de ellas. Para serlo, debe cambiar sus políticas de seguridad, económicas y de derechos humanos, y asumir sus responsabilidades internacionales. Avances en estas materias es el camino para establecer la confianza mutua. Y ese orden por supuesto es occidental y EE.UU. es su adalid.

Además, en Washington comenzó a circular la idea de sustituir el G 20, debido a su supuesta ineficiencia, por un G 5 o G 7, que reduce la presencia de los emergentes a China y, tal vez, a la India, si fuera G 7 y según sea la medida.

En contraste, Kissinger publicó un artículo: "Evitemos una guerra fría entre Estados Unidos y China". La naturaleza de la globalización y el alcance de la tecnología moderna, dice, obligan a EE.UU. y a China a interactuar y consultarse institucionalmente en una comunidad del Pacífico. No puede dividirse el mundo cuando problemas como el cambio climático, la proliferación nuclear, la energía y el medio ambiente requieren de una solución mundial y con todos.

Kissinger reconoce las dificultades. Los norteamericanos tienden a la solución inmediata de los problemas, para lo cual los separan y aislan. Para los chinos, en cambio, son complejos, requieren de procesos largos, y, a veces, insolubles, razón por la cual hay que administrarlos apropiadamente para que no se descontrolen y agraven.

El segundo problema sería que ambas potencias creen ser excepcionales, que relativizaría. En la historia de EE.UU. influye su relativo aislamiento hasta fines del siglo XIX. Siguió su transformación en potencia mudial a partir de la guerra con España (1898). Y se acostumbró a mandar.

La milenaria China, en cambio, recuerda más bien una obra de Kafka. Si bien fue aislada hasta la primera guerra del opio, 1838, por la inmensidad del país, nunca pudo terminar la Gran Muralla y los enviados del Emperador a veces llegaban a su destino después de la muerte del monarca. Las guerras del opio la introdujeron al mundo en el siglo XIX, pero sometida a occidente, hasta que Mao la liberó. De ahí viene la insistencia en la "no intervención".

2. La respuesta china

Antes de partir a EE.UU., Hu, en respuesta a un cuestionario de periodistas nortamericanos fijó posiciones cercanas a las de Kissinger. Resaltó cuatro puntos: incrementar el diálogo y los contactos; abandonar la mentalidad de suma cero de la guerra fría; respetar la soberanía, y expandir los intereses convergentes.

En cuanto al trato a las compañías extranjeras en su país, dijo que se atiene a las normas de la Organización Mundial del Comercio. Se felicitó de las acciones de la comunidad internacional y del G 20 para enfrentar la crisis reciente. Aspira a que la meta sea un sistema mundial más equilibrado entre el Norte y el Sur. El PIB nominal chino per cápita llegó a US$ 4.500, y se estableció un salario mínimo mensual, US$ 174, para los trabajadores de las zonas más pobres. La tarea futura de China será el desarrollo hacia adentro y el tecno/científico.

Sostuvo que el rol del dólar como moneda de reserva es un producto del pasado. En cuanto al RMB, que si bien comienza a participar en la economía mundial, su internacionalización será un largo proceso. Y que la cotización del RMB es flotante en relación a una canasta de monedas.

Insistió en el compromiso de China con un desarrollo pacífico. Crecer por un trabajo duro y creativo; el perfeccionamiento de las instituciones nacionales, y la mantención de la amistad y cooperación con otros países. Las bases son la igualdad y el respeto mutuo a la integridad territorial y las respectivas vías de desarrollo, como a la vez, administrar las diferencias en las relaciones entre estados según el principio de la acomodación, el diálogo y las consultas.

En relación a la península coreana, dijo que hacen esfuezos para disminuir la tensión. Como amigo y vecino de las dos Coreas, espera que  logren la reconciliación, la cooperación y eventualmente una reunificación pacífica. Agregó que China está por la desnuclearización de la península y, con ese fin, aboga por la renovación de las "conversaciones entre las seis partes".

Las respuestas de Hu demuestran una gran confianza en que China es, por su propio peso, una potencia mundial y miembro central y responsable del sistema internacional, situación no condicionada por la aprobación de EE.UU. Es el banquero de Washington, el salvador del euro, le presta a los países en desarrollo más que el Banco Mundial y encabeza la recuperación económica del mundo.

3. Cumbre sin bajas: en camino a la globalización 2.0

Según The New York Times, después de meses de resentimiento, China en la cumbre comenzó a hablar de cooperación en Corea del Norte, la economía y otros problemas difíciles. La razón sería que comprendió el costo de alienarse de  los EE.UU. y los beneficios de llevarse bien.

No creo, sin embargo, que uno de esos beneficios sea, aunque lo dijo el presidente Obama, el despliegue de fuerzas norteamericanas en el Pacífico asiático, que aseguraría la libertad de navegación y, por tanto, el crecimiento de China. Ni tampoco que Beijing coercionará a Pyonyang debido a que, como dijo Kissinger, también le preocupa la desintegración de Corea del Norte. A lo que se suma que la función de policía mundial, y andar mostrando la bandera, carece de sentido en un mundo con armas nucleares y guerras asimétricas, con el agravante de que es un imán para movilizar en su contra, y con violencia, a todos los descontentos del mundo.

En esta vivita de Hu a EE.UU. China reivindicó su estatus de superpotencia y demostró que el reto es más económico que ideológico, como lo dijo El País. El principio de no intervención de su política exterior es en esencia apolítico.

El Financial Times, por su parte, tuvo razón al afirmar que no hubo bajas en la cumbre; ni sorpresas, acuerdos, también para estar en desacuerdo. Y no estalló la segunda guerra fría como algunos temieron, aunque por la crispación de la política norteamericana y los rumores de que la transición china sería disputada no es totalmente descartable.

Sería una desgracia. Es en el interés de todos que el proceso de cambio que vivimos, en que China asciende, aunque  EE.UU. todavía no entienda que es una potencia menos dominante que en el pasado reciente, sea suave. El hecho que Sacha Obama, de nueve años de edad, parte del público en los jardines de la Casa Blanca en la recepción al presidente Hu le hablara en chino mandarín es altamente simbólico del nacimiento de la globalización 2.0.

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