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El retorno de Baby Doc

por 26 enero 2011

Como señaló Graham Greene en el prefacio de su clásica novela Los comediantes, “El pobre Haití y la naturaleza del gobierno del Doctor Duvalier no son inventados. Esta última ni siquiera es oscurecida para efectos dramáticos. Sería imposible oscurecer esa noche”.

¿Qué habría dicho Greene de este último giro en la enredada trama de la tragedia haitiana? ¿Qué quedaba por añadir a cuatro huracanes, un terremoto masivo, una epidemia de cólera y una elección presidencial cuestionada?

Supongo que ni siquiera el más imaginativo de los novelistas se habría aventurado a predecir el retorno del hijo del dictador, Jean-Claude, él mismo a cargo del país por 15 años, después de un cuarto de siglo de exilio en Francia.  Aunque bordea ya los sesenta, conserva aún ese aire juvenil y distraído, dando la impresión de no saber muy bien lo que pasa a su alrededor—tal vez parte de la razón por la cual perdió el poder primero, a su preciosa esposa, Michele Bennett, despues, y finalmente su malhabida fortuna.

La  principal preocupación del presidente Préval ha sido estabilizar Haití, y esto hace todo lo contrario. Duvalier ha sido detenido e interrogado por las violaciones a los derechos humanos ocurridos durante su gobierno, así como por lo ocurrido con dineros mal habidos.

¿Qué otra sorpresa nos dará Haití?

¿El retorno de Jean-Bertrand Aristide de su propio exilio en Sudáfrica (desde donde ya ha anunciado que está listo para hacerlo)? ¿El retorno del propio Papa Doc desde el Mas Allá, tal vez usando la magia negra a la cual era tan aficionado y con la cual aterrorizaba a sus compatriotas? ¿El resurgimiento de los los legendarios Tonton Macoutes, los matones del duvalierismo?

Ha corrido el rumor que el retorno de Jean-Claude Duvalier fue orquestado por el presidente René Préval. Esto parece improbable. La  principal preocupación del presidente Préval ha sido estabilizar Haití, y esto hace todo lo contrario. Duvalier ha sido detenido e interrogado por las violaciones a los derechos humanos ocurridos durante su gobierno, así como por lo ocurrido con dineros mal habidos.

¿Cómo va a manejar Preval la cuestión de su sucesión? Es posible que su candidato en las elecciones presidenciales del 28 de noviembre pasado, Jude Celestin, sea desplazado de la papeleta de la segunda vuelta de esas elecciones (ahora dejadas para marzo) debido a irregularidades en el conteo de hasta 50,000 votos. ¿Que haría Préval entonces?

En principio, la favorita para esa segunda vuelta debería ser Mirlande Manigat, una antigua Primera Dama, que se considera la “Madre de la Nacion”, y que ganó la primera vuelta con una mayoría relativa de un 31 por ciento de los votos emitidos. En las elecciones del 2006 fue electa por amplia mayoría como senadora por Puerto Príncipe, y tiene considerable arrastre electoral. Celestin, en cambio, es un ilustre desconocido. Con todo, poca duda cabe que el retorno de Baby Doc ha venido a “revolver el gallinero”.

El auge y caída de los dictadores caribeños y latinoamericanos sigue un cierto libreto. Pocos mueren en el cargo. La mayoría de ellos son derrocados y forzados a dejar el país (como Fulgencia Batista en Cuba o Alfredo Stroessner en Paraguay) o asesinados en su tierra o en el extranjero (como Leonidas Trujillo en la República Dominicana o Anastasio Somoza de Nicaragua).

Últimamente, el problema para los dictadores en ejercicio o ya retirados, ha sido la imposibilidad de viajar a Londres y hacer sus compras en Harrods. Esto pasó a ser tabú después de lo ocurrido con el General Pinochet, quien lo hizo, con los resultados de todos conocidos. La jurisdicción universal en materia de violaciones de derechos humanos y el establecimiento del Tribunal Penal Internacional (TPI) han venido a ser una gran limitante para el turismo de los tiranos (no es casualidad que la derecha chilena se haya opuesto tenazmente a la ratificación  del TPI y Chile tenga el dudoso honor de haberse demorado una década en hacerlo, después de más de un centenar de países).

Sin embargo, el retorno de Baby Doc viene a sentar un nuevo precedente. ¿Qué hacer si, muchas décadas después de sus andadas, el ex-dictador vuelve al lugar del crimen? ¿No es en alguna medida un gesto enternecedor, tal vez un esfuerzo por cerrar un capítulo, estirar la mano a sus conciudadanos y expresar contrición? “Estoy aquí para la reconstrucción de Haití”, dijo Duvalier al bajarse del vuelo de Air France que lo trajo de París, algo que reiteró en una posterior conferencia de prensa.

La fortuna mal habida (más de 500 millones de dólares según algunos estimados) está perdida (en parte en un costoso divorcio de Michele en 1993), la mayoría de los haitianos ni siquiera habían nacido cuando Jean-Claude tuvo que dejar el poder y el nivel de vida en Haití hoy es tal vez inferior al que era en los ochenta.

La respuesta es no. De acuerdo a algunos cálculos, entre 20,000 y 30,000 haitianos perdieron sus vidas en manos de agentes del estado haitiano durante las tres décadas del duvalierismo (1957-1986). En los noventa, el informe de una Comisión de Verdad sobre esas violaciones a los derechos humanos fue archivado sin más. La preocupación principal del presidente Préval debe ser que se haga justicia y que se lleve a cabo la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de manera tal que sean consideradas legítimas y justas.

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